LOS TANQUES DEL TIEMPO (II)

tanques personales

En la vida disponemos de varios tanques imaginarios que, siendo de diferentes tamaños, debemos de mantener razonablemente llenos a la par.

Tenemos el tanque de la vida personal y sentimental, ese que mantiene vivas nuestras relaciones más cercanas y nos da estabilidad emocional. Nos permite seguir luchando en el día a día teniendo las espaldas cubiertas allá en casa, en nuestro entorno. Pareja, familia y círculo más íntimo de amigos.

También tenemos el tanque del trabajo, el cual nos mantiene ocupados y nos ayuda a desarrollarnos a nivel profesional, pero también personal. Quien mantiene un buen nivel de llenado del mismo es bien afortunado. Significa que tu trabajo te gusta y te apasiona. La pasión mueve montañas.

autoestima
Autoestima alta y fuerte

Ahí está el tanque de la autoestima y de nuestro egocentrismo. Nos refuerza a ser nosotros mismos y a crecer de forma continua. Es nuestro combustible interno que nos da fuerza en el día a día y el impulso necesario para levantarnos una y otra vez ante las contrariedades.

Luego está el tanque de nuestras creencias y paradigmas. Todo aquello que forma parte de nuestra persona y que nos permite comunicarnos y conectar con los demás. Mantener un alto sentido de pertenencia al grupo es fundamental para nuestra integración social y estimulación personal. Se trata de la segunda necesidad más importante, tras las fisiológicas, según la famosa Pirámide de Maslow.

Y finalmente está el tanque del dinero, el cual nos posibilita vivir físicamente y nos proporciona bienes materiales para nuestra comodidad, que todo es preciso y ayuda.

Y el encargado de llenar todos estos tanques no es otro que EL TIEMPO.

Mantener y cuidar nuestra relaciones sentimentales, requiere dedicación si no queremos que se deterioren y se echen a perder sin darnos cuenta, poco a poco. No invertir aquí lo necesario nos llevará de forma directa al fracaso personal y a la inseguridad.

Formarnos para crecer de manera permanente en nuestro trabajo, dando el 100%, precisa de una gran parte de nuestro tiempo. Un entorno laboral cada vez más competitivo e influido por la tecnología, necesita grandes recursos de tiempo y esfuerzo por nuestra parte para ser siempre un profesional en constante evolución.

Mantener alta nuestra autoestima, precisa de esos ratos imprescindibles para afilar bien nuestro hacha personal, para estar siempre ahí, listos y preparados con las pilas cargadas. Descansar, disfrutar del ocio, tener nuestro propio espacio personal, hacer deporte… es necesario para seguir adelante.

Estar con nuestros amigos, familiares y vecinos precisa nuestra disponibilidad y disposición para compartir, discutir y aceptar a los demás. Porque somos seres sociables por naturaleza y necesitamos mantener un mínimo de contacto con los otros, compartiendo nuestros mejores momentos, pensamientos y creencias.

Y por último, precisamos crear recursos propios de forma continua para mantener nuestras necesidades básicas y otras, que no siéndolo, nos ayudan a transitar por el mundo material con la tranquilidad suficiente.

Un buen nivel de llenado de todos estos tanques proporciona tener a punto otro mayor que es el tanque de la felicidad, aquel que nos permite ser lo más felices posible que se puede ser en cada momento de nuestra vida.

felicidad
Un estado emocional feliz se transmite y se recibe. Es contagioso.

La atención que dispensamos a cada uno de todos estos recipientes virtuales va variando según la edad y nuestra propia energía vital, pero el equilibrio es la base.

Cuando sé es más joven, nuestro tanque de autoestima necesita ponerse a cien para llegar a la madurez. Luego, cuando se empieza la singladura profesional, hacerse un hueco en el trabajo para lograr otras metas, requiere un mayor esfuerzo ahí. Más tarde y con la familia sacada adelante y con una mayor estabilidad económica, recuperar la vida en pareja y personal es fundamental. Pero en todo caso, lo importante es no descuidar ninguno de esos tanques durante demasiado tiempo en nuestro periplo vital.

Y de todos ellos hay que tener especialmente cuidado con uno: el tanque del dinero.

¿Por qué decimos esto? Porque no en pocos casos cuando se llena, se agranda y vuelve a quedar vacío. Y todo el tiempo que necesitamos para volverlo a cargar y darle nuevo margen de crecimiento, es tiempo que sacamos para los otros tanques.

Dejarnos absorber por llenar una y otra vez este envase sin fondo ni remedio nos lleva a la infelicidad y al famoso dicho: «Es tan pobre tan pobre que solo tiene dinero»

Por lo tanto, no hay que perder nunca el foco en mantener un buen equilibrio de llenado entre todos tus tanques personales.

¿Quién no conoce a esa persona que, triunfando en los negocios, es un total fracaso como padre de familia y como pareja?

¿Qué ha ocurrido para que esa persona famosa se encuentre muy sola, alienada y sin amistades verdaderas que la valoren por lo que es y no por lo que representa?

¿Por qué alguien, teniendo de sobra los medios materiales a su alcance, decide poner fin, de forma lamentable, a su propia existencia?

Ya se sabe que no es precisamente «oro todo lo que reluce» y que en un mundo tan cargado de apariencias como el nuestro, no es de extrañar que nunca nos falten las sorpresas.

equilibrio emocional

La búsqueda de un buen equilibrio para un correcto llenado de todos nuestros tanques personales es la base para una existencia feliz. Tenlo muy en cuenta: reparte todo tu tiempo de forma eficaz, mesurada e inteligente.

UN VIAJE ENTRE DOS TIEMPOS (I)

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UN VIAJE ENTRE DOS TIEMPOS (I)

reloj de arena

Nuestro paso por la vida lo podríamos resumir como un viaje entre dos tiempos.

El TIEMPO siempre ha despertado un interés especial en todas las generaciones precedentes. Pensadores, filósofos, humanistas, científicos… hasta el más común de los mortales ha sentido en algún momento cierta fascinación por el tiempo.

Incluso los antiguos griegos tenían en su enrevesado panteón mitológico su propio dios del tiempo, Cronos, padre del mismo Zeus.

Como seres humanos, nuestra relación con el tiempo tiene tres modos y dimensiones, que se puede resumir a la perfección en el dicho siguiente:

– El pasado es historia. El futuro es incierto. El hoy es un regalo: por eso se le llama presente.

Así, la única certeza que tenemos es vivir en el presente continuo, como una realidad que, fotograma a fotograma, marca nuestro camino mientras estamos aquí.

Vivir excesivamente en el pasado o en el futuro no es nada aconsejable, porque ambos no existen.

El primero echa mano a esos recuerdos que el tiempo va difuminando y deformando. Tanto es así que, edulcorados y sobrevalorados, solemos pensar que cualquier momento pasado siempre fue mejor. ¡Error! Todo lo vivido tiene que ser valorado en su propio momento y no ser interpretado con nuestro hoy.

El segundo, vivir permanentemente en el futuro, es incluso más peligroso. Ser «Juanita la fantástica», nos aleja de la realidad y del aprovechamiento del momento presente. Y lo que es peor, nos distancia de nuestro entorno más cercano, inventado un mundo que no existirá más allá de nuestros pensamientos. Huir hacia adelante de forma continua trae muchos problemas.

LAS DOS DIMENSIONES DEL TIEMPO

La primera tiene una dimensión estrictamente objetiva: hagamos lo que hagamos y deseemos lo que deseemos no hay medio ni forma de dominar el tiempo. Todos los días duran exactamente lo mismo durante toda nuestra existencia individual, estemos durmiendo o despiertos, sea de día o de noche, siendo dichosos o desgraciados… Al tiempo le da totalmente igual la dimensión humana y nuestra relación con él. Cuestión de matemáticas infinitas.

Sin embargo, mantenemos, por alguna razón, una relación subjetiva con el tiempo.

Siendo exactamente el mismo para todos los seres humanos, cuando estamos viendo un partido de fútbol, si nuestro equipo va ganando por un resultado mínimo y el contrario aprieta, nos parece que el tiempo trascurre muy lentamente. Por el contrario, si estamos en el otro lado, con nuestro equipo perdiendo, pero con opciones, el mismo pasa volando. ¡Quién, siendo futbolero, no recuerda los minutos finales del mundial de fútbol de Sudáfrica!

Del mismo modo, cuando hacemos una tarea que nos agrada, los minutos pasan a toda velocidad, mientras que si estamos liados con un trabajo tedioso que nos enoja o nos es indiferente, el tiempo se detiene.

Entre el más glorioso de los domingos al más infame de los lunes, no hay diferencia cuantitativa de tiempo. Se trata de una apreciación personal y de una valoración relativa.

Por otro lado, esta percepción subjetiva nuestra con el mismo, también varía con la edad y con el carácter personal de cada uno de nosotros.

Cuando somos niños y jóvenes, nos parece infinito y eterno. Tenemos la sensación de tener todo el tiempo del mundo. ¡Quién no recuerda, con ya ciertos años, lo lejano que quedaba el año 2000 ahora ya bien entrado el siglo XXI!

chuches
Las últimas chuches siempre son las mejores. ¡Disfrútalas a tiempo!

Más tarde, cuando empezamos a adentrarnos en la mediana edad con una mayor carga de responsabilidades, nos damos cuenta del valor del tiempo y como este es más finito para nuestras vidas. Nos volvemos más racionales y conservadores, mientras que antes éramos más intuitivos, impetuosos e irresponsables.

Luego, con el paso de los años, y según se va acercando la jubilación, tomamos plena conciencia que nos queda menos tiempo de vida que la restante por vivir. Entonces, nos volvemos mucho más eficientes e intentamos aprovechar cada día de forma más intensa, intentando recuperar el tiempo perdido.

La vida es como un jamón: cuando le das la vuelta, ya quedan menos lonchas que saborear, pero su sabor es más intenso. O como cuando esa bolsa de chuches va llegando al fondo: las últimas son las mejores. La diferencia no está ni en calidad del jamón ni en el sabor de las gominolas, sino en nosotros mismos y en la aceptación de esta realidad.

Ya se sabe: «no hay nada peor que tener mucho tiempo para perder mucho tiempo»

Lo relevante es aprovechar el tiempo, no empeñarse en controlarlo. Es un elemento democrático y todos somos, en cierto modo, millonarios de tiempo. Cada uno de nosotros tiene a su disposición 1440 minutos diarios. Lo que hagamos con ese tesoro de cada día es una decisión personal, que, esfuerzo incluido, nos atañe de forma individual.

No hay excusas ni es válido echar la culpa a los demás: tú eres el mejor valedor de ti mismo y tu mejor apuesta. No tienes otra.

afilar el hacha
Estando preparado para vivir TU TIEMPO de forma intensa. El esfuerzo vale la pena.

En tus manos está la decisión final de lo que quieres hacer con tu tiempo y como lo quieres organizar, disfrutar y quemar.  No pierdas la ocasión.

Aprende a tener siempre tu hacha bien afilada.

LOS TANQUES DEL TIEMPO (II)

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CUESTIÓN DE HUEVOS

Cuestión de huevos

Cada vez es más evidente como la preocupación por una alimentación sana forma parte del temario habitual de nuestras conversaciones cotidianas y de nuestras vidas.

Un movimiento social y ascendente promovido por todos aquellos que cada vez se muestran más concienciados por la necesidad de un entorno en general más amigable y sostenible. Y la alimentación es uno de sus pilares básicos en muchos aspectos.

Durante una reciente reunión familiar, salió a relucir el creciente interés por la comida saludable y equilibrada, impulsado, sobre todo, por los más jóvenes del grupo.

Y como ejemplo recurrente apareció un alimento habitual, común y universal: EL HUEVO.

El debate, que no discusión, iba desde el número de huevos máximo a tomar por semana, su clasificación por tamaños, el color de la cáscara… hasta comentar aspectos tan poco relevantes a nivel nutritivo como su presentación.

huevos felices
«Huevos contentos» de «gallinas felices»

La conversación avanzó rápidamente por otros derroteros impensables hace no mucho tiempo. Así, la gente más joven puso especial énfasis sobre la procedencia de la puesta de los mismos, e incluso, habló de aspectos éticos y morales sobre el maltrato animal que sufrían las gallinas ponedoras enjauladas.

Una pequeña puesta en escena en la que estaban conviviendo tres generaciones distintas participando en una misma sobremesa y dando cada cual su opinión sobre un único asunto.  ¡Una autentica gozada por tan extraño fenómeno!

Como a todos los allí presentes no les faltaba la claridad intelectual necesaria para reconocer el verdadero valor de una alimentación sana, el consenso era generalizado. Pero una cosa son la teoría y las buenas intenciones, y otra, muy distinta en ocasiones, la práctica diaria y el cambio de costumbres. Estamos hablando del precio, con esa vara de medir que todos tenemos en mente que es el dinero.

Mientras que una docena de huevos industriales (aquellos procedentes de gallinas enjauladas) cuesta en el súper del barrio 1,75 €, el precio de los camperos (procedentes de gallinas el libertad) ronda los 3 €. De ahí que se suelan vender por medias docenas. Y si vamos más allá, cuando hablamos de huevos orgánicos (de gallinas no alimentadas por piensos procesados, como en los dos primeros casos), el precio alcanza cerca de los 6 € la docena. Es el huevo común trasformado en un producto «gurmé»

marcado de los huevos
Todos los secretos que contiene el marcado de los huevos que consumimos.

Cuando el factor precio es determinante, el ecologismo queda aparcado a un lado. «La comida verde» suele ser un mal negocio para el bolsillo.

Y así lo vemos a diario cuando observamos el comportamiento de compra, donde los llamados por algunos «los alimentos felices» se abren paso muy lentamente. Hay que tener en cuenta que su presencia en los lineales, aparte de una minoritaria demanda, obedece a factores de buena imagen y marketing ecofriendly.

¿Por qué los productos más sanos y naturales son siempre también los más caros con diferencia?

Volviendo al ejemplo de nuestro querido amigo EL HUEVO, las razones son varias para intentar justificar esa diferencia de precio del 350 % entre el más económico al más caro.

Por un lado, los costes de producción son más elevados, por motivos evidentes. Luego, el número de unidades recolectadas es menor, porque las gallinas descansan un tiempo y no están siempre expuestas a la luz. Y finalmente, hay también detrás una decisión de marketing claro: los productos ecológicos tienen un plus de precio por el hecho de serlos.

Para los fabricantes falsear la realidad confundiendo al consumidor les es muy rentable. Términos como «artesano, natural, eco, tradicional…» han perdido parte de su valor y sentido. Su uso en el etiquetado permite cobrar más por un mismo producto cuya mejora no justifica la diferencia de precio. Y en ello están trabajando las marcas pisando a fondo el acelerador. Todo por mejorar la cuenta de explotación.

Teniendo muy en cuenta que la percepción de la calidad es un valor subjetivo y relativo, un coste excesivo no lo puede explicar todo.

En nuestro pequeño debate familiar sobre el dichoso huevo había participantes que afirmaban que probando los industriales y los camperos, no notaban una diferencia de sabor. No olvidemos que la base de alimentación de ambos es el pienso industrial. Quizá sí en los orgánicos, pero nadie los había probado aún allí. Una mera cuestión de presupuesto.

Otra cosa muy distinta es pagar un plus para «comprar» y tranquilizar nuestra ética, moralidad y principios. Eso sí, mientras el taco del bolsillo lo permita y no nos visite de nuevo la crisis.

En plena revolución tecnológica, con un consumidor cada vez mejor formado e informado, se impone un uso racional de todos los datos que recibimos, empezando por pagar lo justo por lo que recibimos a cambio.

Productos de temporada, alimentos de proximidad, ignorar productos procesados, compras directas sin intermediarios… son buenas opciones para comer sano y variado sin necesidad de gastar más dinero. Eso y ponerse manos a la obra, evitando los productos manipulados y precocinados listos para consumir tras un par de minutos en el microondas.

Porque no todo es cuestión de huevos. Hay que pagar por sanos y respetuosos, no por tontos.

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LA LEY DEL EMBUDO Y LA POLÍTICA

la ley del embudo

«Lo estrecho para ti, lo ancho para mí», es el escueto resumen de la conocida ley del embudo.

No hace mucho tiempo, un amigo empresario se quejaba de un trabajador que le había «salido rana». Mostraba su malestar por el desengaño sufrido por ese asalariado desagradecido al que había formado y dado trabajo durante años. Por lo visto, en un momento dado, de repente el sujeto había cambiado, y lo que era entonces parabienes, armonía y saludos a raudales, se había trucado en una vil traición.

No mucho más tarde, su propio hijo como empleado de una empresa importante, se había visto en una situación similar, pero con los papeles cambiados. En este caso, mi buen amigo cambió de discurso. Ya tenía en marcha a su abogado con un montón de papeles y colmado de razones para reclamar hasta el último céntimo a la empresa maliciosa, incluyendo daños y perjuicios, en nombre de su vástago.

Es cuanto al menos muy curioso como una misma situación se defiende de dos formas tan antagónicas, según nos vaya la fiesta a cada uno. Porque no nos engañemos: somos un país de gente cargada de razones.

El fin de esta historia es bastante más simple. Dejando a un lado la pasión del momento de la rebelión a bordo, el punto de vista del empleado era más sencillo y humano: seguir creciendo dejando atrás un proyecto encorsetado que ya no era el suyo.

Y cuando nos metemos en el barrizal de la política, pasa un tanto de lo mismo, porque intentamos que la razón y la verdad sean nuestras, a pesar de los pesares y caiga quien caiga. Somos así de inmaduros y de falsos demócratas.

EL 28A Y «MI RAZÓN ES TAMBIÉN LA TUYA»

Por fin llegó el día. Tras una campaña rara, con la Semana Santa de por medio, su mal tiempo y con nuevos actores políticos que dividen el gran pastel de las 350 porciones entre más pretendientes, por fin veremos quien saca la mejor tajada. O mejor dicho quienes, pudiendo ser pareja o trío, bien activo, pasivo o consentido. Porque como en el buen sexo, en la política el cambio de papeles y de postura es muy agradecido. 

De entrada, la gente sigue de campaña a toque de tuit, intentado amplificar sus razones incontestables. Por lo tanto, fuera la mal llamada jornada de reflexión, otro daño colateral de la revolución tecnológica. Hay que ver como la peña se zurra de lo lindo en la red social con tal de calentar solo su agua.

Uno se pasaría todo el día viendo y leyendo a personas cargadas de su propio argumento, con la verdad bíblica de sus diez mandamientos a medida, con solo una razón: la suya.

Tras los recientes debates televisivos, la imagen de los pretendientes al trono del mando de España y a inquilino de la Moncloa, no es buena, lo cual no deja de ser una novedad. Lo que sí que es curioso observar es el debate del día después, ese que, alentado por los intereses de cada partido, logran trasladar a la calle. Es una forma de demostrar que todos han ganado, aunque sea a los puntos. Incluso para aquellos que no han participado en ellos.

votar razón corazón
Votar con la razón o con el corazón. O con el bolsillo. That is the question.

Unos debates con detectores de mentiras online, lleno de memes, zascas y de diretes. Unos contenidos que viajan a todo trapo por la red de redes y que hacen trabajar a destajo el vibrador de nuestro teléfono móvil. Sesgados, manipulados e idiotizados por el exceso de información y de noticias falsas. Y lo que es peor: la incipiente polarización que empieza a ser preocupante. Porque lo que en un principio, por trasnochado que fuera, te hacía hasta gracia y era motivo de chascarrillos simpáticos, puede terminar por hacer crecer a los enanos. Es como cuando tras una primera y bonita paloma, llega otra y luego otra y al final tienes una plaga y un problema de difícil solución.

Y si no, que se lo digan a San Jorge en el día de su santo.

Si bien hoy parece ser la gran jornada, no lo será.

Hoy es solo el día de las elecciones, de echar la papeleta. Al cierre de los colegios, al poco, vendrán las declaraciones con las primeras estimaciones. Ya de madrugada y según vaya el tajo, incluso algunos tendrán erecciones. Porque hay gente que esto de la política les pone bien cachondos, aunque sea para joder al adversario de otro partido o al enemigo dentro del suyo. Y salvo gran hecatombe, mañana lunes, llegarán primero las valoraciones, donde todos habrán ganado. Unos, porque sencillamente han sido los más votados. Otros, porque habrán perdido menos de lo esperado. Y algunos estarán contentos por ser unos recién llegados, o simplemente, por haber fastidiado. Y finalmente, llegarán las negociones y el reparto de cromos. Y el resto, de vuelta a su trabajo.

Tras la combativa campaña, los insultos, los discursos incendiarios, la crispación y el calentón de las redes sociales, quedará la sensación de ser todo un montaje, cuya fiesta hemos pagado entre todos.

Ya lo dijo mi admirado Groucho Marx, en una de sus más conocidas citas, que viene al pelo para el mundo de la política para el día después:

groucho marx

– Damas y caballeros, estos son mis principios. Si no les gustan, tengo otros.

Y es entonces cuando se baja de nuevo el telón y la vida real sigue.

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JUEGO DE TRONOS vs TELENOVELAS TURCAS

trono sofá

Hace escasos días se ha estrenado la esperada y última temporada de la aclamada serie de ficción (o no tanto, depende por donde se mire) de «JUEGO DE TRONOS», tras una larga espera y gran expectación de muchos meses.

Una franca lucha sin cuartel por el poder, donde todo está permitido, es la base de su éxito. Es decir, todo un clásico. Eso y unos buenos guiones, unas creíbles historias y una soberbia puesta en escena por parte de un gran elenco de directores y de buenos actores. La gran diferencia con nuestro tiempo es que allí el aparentar, el quedar bien y el ser políticamente correcto no es necesario. Simplemente es.

Crueldad, asesinatos, sexo, corrupción, ambición, traición, celos, venganza, envidia, sadismo… todo es válido y habitual allí, y sacude nuestras conciencias timoratas desde la comodidad de nuestro trono en forma de exclusivo y mullido sofá.

Ahora, en nuestros tiempos, nos va más la marcha al estilo más propio de «HOUSE OF CARDS», donde la eliminación física de la otra parte está mal vista, y, además, mancha los suelos. Preferimos más la higiene visual y el buen olor del engaño, del chantaje y la humillación que el filo de la espada, los cuerpos sin cabeza y la sangre a malsava.

No obstante, en uno caso como en el otro, no existe la piedad.

Discutiendo y comentando con buenos amigos el contenido del primer capítulo de la nueva temporada de la serie basada en el best-seller de George R. R. Martin, «CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO», me sorprendió, y mucho, que a uno de ellos no le gustaba nada.

Tras esta inesperada afirmación, el tiempo se detuvo un instante entre el resto de los presentes, yo el primero. No importaba ya ni el día de perros de este Viernes Santo pasado, ni las inminentes elecciones, ni otro asunto, por muy sesudo o interesante que fuera.

Ya se sabe que el factor sorpresa es un golpe de efecto brutal cuando alguien nada a contracorriente y llega sin ser visto.

Y sin poder reaccionar aún de ese profundo trompazo, llegó la puntilla más certera, esa réplica cuya fuerza supera a la del seísmo principal. Es uno de esos momentos donde la afamada Ley de Murphy se pone especialmente chula:  todo lo malo puede ir a peor.

– A mí lo que realmente me gusta y nos te tiene enganchados en casa, son las telenovelas turcas.

Así, tal cual, sin vacilaciones y sin vaselina, hasta el fondo.

No teniendo más opción que aceptar su punto de vista y sus gustos más bien chonis, entre otra cosas porque muchos de allí no teníamos ni pajotera idea de que existían tales telenovelas, la existencia de tal aseveración nos traslada a la realidad de una sociedad realmente multicolor en la que todo es trasladable, y, a la vez, respetable.

Un mundo amante y ferviente seguidor de la telebasura, del mundillo del corazón, muy cotilla y en gran medida morboso. Y también numeroso.

Y todos, pensemos lo que pensemos y vengamos de donde vengamos, a partir de los dieciocho años, tenemos derecho a un voto paritario, lo cual dicho así, suena hasta mal, pero no deja de ser un hecho incuestionable.

Así, de esta forma, los políticos en plena campaña manejan los diferentes nichos de electores dependiendo de su perfil, especialmente los de caladero fácil y numeroso, porque al final tiene el mismo valor el voto de un doctor en ciencias políticas que el de un ama de casa que vota a un candidato por guapo. O viceversa, si nos referimos a una doctora y a un amo de casa. Porque al final «tanto monta como monta tanto»

cafés para todos
Ya pasó la época de «café para todos». Para gustos están los sabores.

La política se ha vuelto como el café: hay para todos los gustos.

Ahora las opciones para tomar son de todo tipo, gama, sabor y color. Tenemos las versiones clásicas: puras y fuertes, pero mejor presentadas. Luego pasamos a otras opciones similares, pero más descafeinadas y más actuales. También está la oferta de esas variedades regionales, con texturas radicales y rompedoras. E incluso podemos ahora disfrutar de ediciones especiales, que siendo una verdadera incógnita, intentan sorprendernos, especialmente a todos aquellos que están hartos de tragar siempre lo mismo y les gusta probar cosas nuevas, porque nada les termina por convencer del todo.

 

Nuestra democracia se basa en la simpleza del voto único, y es ahí, donde van a hincarse las garras de los mercaderes de sueños y de todas esas promesas que, a sabiendas, no se pueden cumplir.

Nos intentan vender su mercancía como la fruta más hermosa y saludable de todos los puestos del mercado, esa que entra por los ojos, bien limpia y mejor encerada, pero que, si la probamos, no sabe a nada. Pero ni esa ni la otra del puesto de al lado.

Dicen todo aquello que queremos escuchar porque juegan con nuestros deseos, necesidades y miedos humanos, y si no los hay, los crean y viven de ellos.

Ya lo decía en gran cómico y satírico Groucho Marx:

– La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.

Porque lo veas o no, tal como le ocurre a mis buenos amigos, ellos siguen prefiriendo la sencillez de un buen y tórrido romance de unos sujetos otomanos, a la grandiosidad de una serie basada en un trabajo concienzudo y bien hecho durante años. Como en la política misma o en el café nuestro de cada día.

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CAPERUCITA ROJA vs CAPERUCITA AZUL

caperucita roja

Hace pocos días, la dirección de una escuela de primaria de Cataluña, ha decidido retirar de su fondo bibliotecario un 30% de títulos y cuentos infantiles por considerarlos «sexistas»

Así, de este modo, títulos tan entrañables como la «Bella Durmiente» y «Caperucita Roja» han desaparecido de sus estantes.

Falta por saber, que todo pudiera ser en estos nuevos tiempos que corren, si terminarán por arder en una pira digital bajo la atenta supervisión de esos nuevos inquisidores de lo estúpido y de lo notorio.

Para algunos insensatos, todo es válido con tal de eliminar cualquier vestigio del pasado, del tipo que sea y con la forma que tenga, que no fomente la igualdad entre géneros. Incluso sin el menor temor en caer en el más espantoso de los ridículos, como en aquel caso reciente del movimiento navarro contra el maltrato animal exclusivamente hembra.  

Todos aquellos que leen más allá del «Marca», saben que los cuentos clásicos buscaban esencialmente tener un sentido moralizante, satírico o crítico en épocas realmente difíciles para la lírica. Y, sobre todo, para la vida.

En el caso de «Caperucita Roja», Perrault allá por el siglo XVI, cuando adaptó a la palabra escrita este cuento de origen popular y tradición oral, intentaba prevenir y advertir a las niñas y jóvenes de los peligros de acercarse a los desconocidos. El final de entonces era que el lobo se comía a Caperucita y punto. Bien duro, pero cierto como la existencia misma en aquel tiempo de andares peligrosos en soledad y a oscuras por los cuatro costados.

caperucita roja en el bosque
Imagen clásica de Caperucita Roja caminando por el bosque hacia la casa de su abuela.

Más tarde, los hermanos Grimm pusieron el negociete en marcha. Dulcificaron el término de la obra, y entonces el malvado y perverso lobo recibía su merecido. Un acabose este, sea la verdad dicha, que siempre me pareció muy forzado y precipitado, como el de esa buena película que se la termina cargando un mal desenlace. Pero aquí el objetivo ya era otro: buscar ese final feliz y justiciero que todos siempre esperamos ver y experimentar en nuestro interior. Es más vendible.

De forma mucho más tardía, aquí en casa y durante el franquismo, hubo una versión de «Caperucita Roja» que se transformaba en «Caperucita Azul» por el mágico y sorprendente toque de un hada del «Movimiento». No digo más…

… Porque no encuentro ni palabras, ni atajos, ni medios,… O como diría mi hija: «me faltan emoticonos»

Hoy incluso, en un país tan avanzado y contradictorio como son los Estados Unidos de América, el cuento de «Caperucita» está vetado en algunos colegios por entender que incita al consumo del alcohol. La causa: transportar dentro de la cesta que lleva a su abuelita una botella de vino.

Por lo visto, tampoco tenemos aquí la patente de la idiotez. Al menos es un consuelo tonto exclusivo para tontos, pero un consuelo a fin de cuentas. Aquí, el problema no es la calidad de los tontos, sino de su cantidad. Todo un reto estadístico al que le falta una buena gráfica.

Eso sí, a los del otro lado del charco, el hecho de tener la posibilidad de comprar un fusil a los 18 años de edad y de poder liarla bien parda les parece más protector y lógico que no permitir el consumo legal de alcohol hasta llegar a los 21.

Hoy no sería nada raro que alguien presentará ahora una nueva versión del manido cuento. Practicar política correcta creo que le llaman ahora.

En ella, Caperucita podría ser una instagrammer de moda, la Abuelita una apasionada animalista, el señor Cazador un recién salido del armario, y, finalmente, el Lobo Feroz, un fervoroso vegano.

Sí, como en aquella película animada de «Buscando a Nemo», en la que aparecían aquellos simpáticos tiburones rehabilitados, que a pesar de toda esa capa de barniz de civismo y de buena gente, finalmente a uno de ellos, le traicionaba la fuerza indómita e innegable de su propia naturaleza.

Todo esto puede estar hasta bien, y para gusto están los colores, pero también hay que saber aceptar y probar otros sabores, te gusten o no.

El verdadero problema está cuando alejamos a nuestros hijos, sobrinos y nietos de la vida real. Un exceso de protección y de tutelaje parental y social mal entendido que nada tiene que ver con un entorno agresivo y competitivo.

Guarecerlos dentro de una débil burbuja imaginaría, transparente y frágil, nos es desde luego la mejor idea, porque, tarde o temprano, estallará en mil pedazos y no estarán para nada listos. Futura carne de cañón para sicólogos, nuevas enfermedades y para las filas del paro. Estamos fomentando la mala educación.

Estos buenos deseos no hacen personas mejor preparadas y más felices en el futuro. Su efecto perverso es más bien todo lo contrario. Porque en esta época de los FALSOS PREMIOS, nunca se valora lo que no cuesta sacrificio. ¿Cuántas veces hemos visto, de forma creciente, que se haga lo que se haga y se diga lo que se diga, al final consiguen salirse con la suya?

Adaptar y edulcorar la vida sirve para bien poco, porque la cruda realidad te espera pacientemente, bien agazapada, durante cualquier parte del trayecto de tu andar existencial.

Con el «PROHIBIDO ASUSTAR A LOS NIÑOS» y «ATENCIÓN: NO CASTIGAR, NO TRAUMATIZAR», evitamos que aquellos se enfrenten con posibilidades de éxito a la vida en mayúsculas. Y cada vez más a unas edades y estaturas mucho más allá de lo normal. Y cuanto más grueso es el tronco y más fuertes sean las raíces que lo sustentan, mucho peor para el futuro inmediato.

Alejarlos de un mundo donde existe, para bien o para mal, el conflicto, la decepción, el dolor y el llanto, es privarlos de ese aprendizaje continuo que es cometer errores y sufrir sus propios fracasos. Y de paso, les quitamos el sabor maravilloso de valorar el éxito personal tras el esfuerzo.

Igual que ha ocurrido con nuestro viejo cuento de «Caperucita Roja» en su constante devenir, también la vida ha cambiado de muda, quizá más en la superficie que en el fondo, pero es una realidad que ha llegado para quedarse.

caperucita friki
Nuevos tiempos y nuevos papeles que interpretar para todos.

Tal vez, a fin de cuentas, lo mejor es ser conscientes de que todo está cambiando de nuevo. Porque, incluso, nuestro cuento tiene ya una nueva versión, el de «Caperucita Feroz», siendo el Lobo precisamente el menos peligroso de todos los personajes.

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AL VOTANTE MEDIO NO HAY QUIEN LE ESCRIBA

elecciones

Dentro de escasas semanas, todos los españoles mayores de 18 años están convocados a ejercer su derecho a voto en diversos comicios electorales, seguramente los más interesantes de los últimos tiempos. ¿Te los vas a perder?

El abanico de la oferta es amplia, diversa y variopinta, y los problemas, reales e inventados, también.

Con esa gran ventaja que da la distancia de ver los toros desde la barrera, hoy mismo se podía leer, en sendos tuits de personas que nos conocen bien, el cómo nos ven otros en conjunto desde fuera:

«Si me lo permite, el problema de España es tener muy pocos problemas reales. Soy colombiano, he vivido en España en dos periodos (2010-2011, 2017-2018) y pienso que a los españoles les encanta inventarse nuevos dramas y problemas»

«Es que hablan de crisis y problemas que, para nuestra concepción latinoamericana, no llegar a mover el amperímetro. Tuve la misma sensación de cuando estudié allá»

Nuestros políticos, en su arte medido y asesorado de mentir o, en todo caso, siendo amables, de decir medias verdades, juegan y viven de la manipulación y de la polémica constantes. Conciben y crean problemas. Y ponen el foco en todo aquello que hace mucho ruido, pero que en realidad da pocas nueces. Y las que da, se las reparten entre cuatro listillos.

el arte de mentir
El arte de mentir: una forma de vida y de manipulación de la verdad muy corriente.

Cuando en la sociedad se confunde SER SINVERGÜENZA CON SER ESPABILADO, todo es posible que vaya siempre a peor.

Como afirmaba el una vez considerado durante mucho tiempo un político de primera clase y ejemplar, el «Molt Honorable Ex-president de la Generalitat de Catalunya, el senyor Jordi Pujol», el peligro está siempre detrás de esa descarada advertencia y amenaza de «menejar les branques». Así que chitón para todos y a despistar al personal con lo que sea, que para eso tienen medios inmensos para tirar con pólvora ajena.

Así, el debate político se nutre de polémicas que, en el fondo, les importa a cuatro mal contados. Porque seamos sinceros, son problemas que no afectan en lo más mínimo a la vida real – aquella que dura los 365 días de todo un año – a la inmensa mayoría de los españoles.

¿Quién mueve y mantiene al país en su conjunto? ¿Quién paga la factura todos los meses? ¿Quién mantiene la música en vivo mientras el barco se mantiene a flote a duras penas, por muy torpe que sea el capitán al mando?

¿Los ricos? ¿Los pobres? Si alguien pone el foco en ellos, se lo tendría que hacer mirar.

Es ese señor o señora de clase media que tiene que madrugar todos los días laborales para ir a trabajar, a menudo recorriendo importantes distancias, que le cuesta llegar a fin de mes, que paga sus impuestos y que sufre de estrés porque sus problemas sí que son de verdad.

Es esa persona que, en su conjunto, no pertenece a ninguna sigla en concreto. Que no estuvo acampada en el 15M porque estaba simplemente trabajando y no de fiesta haciendo el caldo gordo a otros, del signo que sea.  Porque, mientras tanto, alguien tenía que mantener el tinglado en pie.

Es esa mujer u hombre que no se identifica con ninguna letra del movimiento LGBTI porque lo respeta, y que llegado el caso, no hace alarde ofensivo de ello, porque sencillamente es su elección personal y su condición natural.

Es ese currante que vive envenenado bajo un hongo casi permanente de contaminación en las grandes ciudades. O ese otro que subsiste cada vez más aislado y con escasos servicios en una España rural en franco declive que se muere.

Es ese individuo, de ambos sexos, que es más tolerante que la media, que respeta las normas y no ejerce la violencia de ningún tipo sobre nadie, sea de género o no. Y que no se identifica con esa gente maldita y mal nacida que siempre ha habido.

Es gente que mayoritariamente se mueve en el amplio espectro del centro político, y que en masa, tiene la decisión final en sus manos. Población de gustos sencillos y mayoritariamente tranquila, pero que empieza a estar harta de ser siempre los invitados de piedra que pagan las copas que se beben otros. Y además, con esa sensación de que además se mofan en su misma cara.

Son personas de a pie que están hasta las narices de ser el burro de carga que tiene que soportar y arrastrar las rémoras que generan todos esos «queda bien» espabilados que, con sus estupideces, crean líos donde antes no los había y que nunca tuvieron intención de buscar soluciones.

clase media
El miedo de la clase media: siempre a caballo entre los dos extremos a los que une.

En este contexto, se pueden entender los patinazos irresponsables como el Brexit, la puesta en escena de personajes como Donald Trump, Salvini, Bolsonaro… y de otros que vendrán detrás. Porque esa masa silenciosa, que ve peligrar su modo de vida y sus raíces, con razón y sin ella, se siente olvidada y ninguneada por todos. De ahí su voto de castigo, seguramente más con el corazón que con el sentido común. Pero se sienten queridos y cortejados por aquellos que, siendo lo que son y representando lo que representan, los han hecho ser visibles y valorados de nuevo.

Toda una masa de votantes, con cara y nombre, que merecen ser escuchados y tenidos en cuenta y que no forma parte de ese botín de votos que los políticos defienden como su patrimonio personal.

Queda, por lo tanto, mucho por hacer. Porque al votante medio no hay quien le escriba ni le perciba, y su papel, cada vez es más importante. Porque al final de cuentas es quien llena la hucha vacía todos los meses.

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VIVIR EN EL PRESENTE CONTINUO

Si el verdadero significado de aprender es tener la oportunidad de practicar en el momento presente todo aquello que tu pasado te ha enseñado, la inequívoca esencia de la experiencia es evitar cometer viejos errores ante nuevos problemas que, en el fondo, no son tan novedosos.

En caso contrario, de nos aplicarnos el cuento, ni en lo primero habremos aprendido ciertamente, ni en lo segundo, realmente madurado.

Tropezar siempre en la misma piedra sin el mínimo atisbo de resistencia interna, habla realmente muy poco de nosotros mismos y de nuestro soporífero paso por este mundo. Porque sin voluntad alguna de cambio ni de un puntito de rebeldía, terminaremos siendo casi tan poco que al final del camino seremos menos que nada.

Abandona tu falsa zona de confortCuando abandonas tu mal llamada zona de confort (todos llevamos dentro un poco del indolente «Homer Simpson»), no lo sueles hacer de forma voluntaria, sino de una buena patada en el trasero. Un fuerte revés en tu vida sentimental, un inesperado despido de tu trabajo fijo, un buen amigo que dejó de serlo porque no lo era tanto, un grave problema de salud… En el fondo, el nombre que le des es lo de menos, porque lo sustancial es el detonante y, más aún, el tiempo en qué te va a durar el dolor de esa patada. Porque lo que más importa de todo es tener la certeza de saber lo que vas a hacer en el hoy para evitar que suceda de nuevo. O al menos para sortear felizmente sus consecuencias. Es lo que tiene la EXPERIENCIA BIEN ENTENDIDA.

No estamos hablando de un mal físico ni de un problema emocional de por vida, sino de aprender y de acumular hoy experiencia reutilizable en el presente continuo, que es el único tiempo en el que realmente vivimos, respiramos, sentimos… compartiendo nuestras vidas.

Tenlo categóricamente muy claro: porque el pasado ya no está; porque el futuro es impredecible; por eso al momento presente es y se le llama regalo.

Un buen sistema de mantener viva la llama de ese dolor pasado y mutado en sabio aprendizaje útil para «EL YA», es tener memoria de nuestra propia historia, la nuestra, la de cada uno de nosotros, esa que verdaderamente nos es relevante en el día a día.

Así, con un calendario atiborrado y saturado de días internacionales de todo tipo, temática y ámbito (celebraciones genéricas, dispersas y manipulables en masa), tenemos que tener señalados «nuestros días». Esas efemérides de ámbito mucho más privado e íntimo y que a título personal son las que nos importan, tanto para gozar de lo bueno como para haber aprendido de lo no tan bueno.

calendario personal
Ten tu calendario personal presente como parte de tu historia personal viva.

Celebrar tu cumpleaños, tu aniversario de boda, esa cena anual con tus compañeros de graduación… está bien porque es fácil y cómodo, pero debemos de poner en valor también otros momentos que nos han marcado en el pasado y que han dejado una impronta indeleble en nosotros. Cuando perdiste a un amigo, cuando te echaron de la comodidad de un empleo, cuando conociste a esa persona que te cambió la vida o cuando, ante una bifurcación vital importante, elegiste un camino y no otro, fuera acertado o errado.

Porque esas fechas en pequeño representan esos grandes días que hacen de cada uno de nosotros lo que somos ahora.

Así, en nuestra pequeña, pero gran historia personal, por supuesto hay que tener presente aquellas jornadas felices, pero sobre todo resaltar especialmente también aquellos días de la infamia del pasado, esos momentos aciagos y oscuros que han resultado ser decisivos y determinantes en nuestra vida y en su percepción. Esas tres o cuatro fechas que deberíamos de tener siempre en mente para que, cuando llegue sus efemérides, nos traiga el recuerdo del dolor ya ausente de aquella vieja y cicatrizada patada que nos ha  llevado hasta aquí, y que, no en pocas ocasiones, nos hizo un gran favor más adelante.

Porque lo importante es avanzar y cambiar. Nunca detenerse y jamás vivir trasnochado alejado de una realidad que ya no existe, pero de cuyas lecciones hemos aprendido todo lo necesario para seguir creciendo.

vivir en plenitud

Sé eficaz esquivando toda esa tormenta de meteoritos que la vida misma nos lanza en el día a día y aprende a vivir con atención plena en tu presente continuo.

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¿SOMOS REALMENTE TAN ESTÚPIDOS?

«El ser humano es tan estúpido que se empeña una y otra vez sobre otra en arrojar siempre pesadas piedras sobre su propio tejado».

Este es uno de esos pensamientos que, de forma más o menos recurrente, nos asaltan de vez en tarde cuando somos capaces de hacer un alto en el camino para pensar por y para nosotros mismos al cien por cien.

Es como cuando te atreves a quedarte completamente desnudo y solo frente al espejo, y entonces osas a escudriñar la sincera realidad de lo que estás viendo al otro lado.

Hace escasos días se celebró en Ibi el «IV CONGRESO NACIONAL DE ENFERMEDADES RARAS COMUNIDAD VALENCIANA», al que fue invitada la familia, como espectadora, por mi hermano menor que participó como ponente e investigador directamente relacionado en la materia. De entrada, parecía un compromiso más como otro cualquiera.

Sin embargo, una vez allí y tras dos cortas, pero potentes charlas, uno despierta y se da realmente cuenta de que el mundo corre a diferentes velocidades y en varias dimensiones a la vez, y que la realidad, puede superar, y mucho, a la ficción.

Cadena de ADN
El ADN, base de estudio de la investigación actual para la cura de enfermedades.

Dentro de mis grandes limitaciones con relación al mundo científico (por no decir directamente torpeza: es lo que hay cuando uno es de letras), me hice entendedor de varios conceptos básicos que me llegaron a tocar la fibra. Entre ellos, como la investigación de las enfermedades poco frecuentes tiene mucho que ver también, tanto en sus mecanismos desencadenantes como en sus futuras curas, con otras de mayor prevalencia como es el caso del temido Alzheimer.

Sentado al fondo del patio de butacas con mi otro hermano, constaté como cuatro chalados vocacionales con escasos recursos estaban ahí, investigando y dejándose la piel día tras día, en beneficio del resto de la población, realizando una labor envidiable poco entendida y aún menos conocida por la gran mayoría, estando esta más interesada en chorradas varias, contenidos facilones y basura de todo color, sabor, textura y olor.

Así, llegué a la cada vez más fundada sospecha de como nuestras diferentes administraciones sacan siempre tajada de ese espíritu vocacional de nuestros científicos. Simplemente porque no pueden detenerse en su trabajo: porque es su pasión y es su vida. Y encima, como son gente instruida y pacífica, no se manifiestan a lo bruto, ni cortan carreteras ni queman contenedores. Y lo saben.

Ciertamente, la limitación de los presupuestos disponibles se compensa con la obstinación y la perseverancia de estos tipos de bata blanca, aspecto un tanto bohemio y friki de pelos enmarañados, muchos de ellos en precario y con trabajos muy alejados de casa y de sus familias.

No puedo evitar, entonces, visualizar ciertas imágenes no muy lejanas, como la de aquella pareja de políticos bien aseados y con sonrisa «profiden», que, enchufados y vitoreados por la plebe dentro de un ferrari rojo, emulaban la entrada de los césares triunfante en la antigua Roma.

Corrupción Valencia
Despilfarro y corrupción a toda pastilla.

Una fórmula 1 envidiable, pero inviable desde el minuto uno; una Copa América literalmente para cuatro fulanos; una Ciudad de la Luz a oscuras; un aeropuerto, «el del abuelo», huérfano de aviones; un parque temático como Terra Mítica, cutre donde los haya; casos y casos de corrupción a manos llenas que se solapan unos sobre otros en sumarios sin fin… En definitiva, compra de voluntades y de ciudadanos apesebrados con el estómago agradecido.

Por contra, nuestro Centro de Investigación Príncipe Felipe, buque insignia de la investigación autonómica y nacional, sufría entonces los duros recortes, la no renovación de los contratos, los despidos a discreción y la paralización de los proyectos.

Gente que pagaba los platos rotos de la fiesta que habían disfrutado otros y que trabajaba para mejorar nuestra salud presente y futura, pero sin tanto glamur y caché mediático como los de aquellos encantadores de serpientes.

Corrupción por todos lados y de todos los colores: con la banda de los Pujol en Cataluña, la gigantesca estafa de los ERE en Andalucía o las anotaciones manuscritas de un tal Bárcenas apuntando directamente a la cúpula del partido entonces gobernante. Por poner solo unos pocos ejemplos.

Latrocinio continuado y consentido por todos los de arriba en detrimento de lo que es verdaderamente importante: mejorar el futuro en el medio y largo plazo.

Dilapidar el erario público en fastos y caprichos personales, dejando de invertir en nosotros mismos y en nuestro porvenir, es de ser verdaderamente unos estúpidos «cum laude». Meter pelas en investigación, desarrollo y creatividad es la base esencial de una sociedad avanzada que se precie y se merezca serlo.

Teniendo en cuenta que cada vez más nuestra sociedad avanza hacia una mayor longevidad, y por lo tanto, está cada más expuesta a sufrir enfermedades neurodegenerativas, no se entiende como quienes tienen la llave de la caja y ostentan el báculo del poder, no se ponen de acuerdo para la puesta en marcha y el desarrollo de una política de investigación global a largo plazo de por ley, como por ejemplo, marcando un porcentaje fijo adecuado del PIB nacional.

investigación científica
La investigación como campo ideal para un desarrollo sostenido al servicio de todos.

Recursos, haberlos haylos, pero como en todo lo que suele ocurrir en este país, están mal repartidos, muy dispersos, peor controlados e insuficientemente rentabilizados.

Como en el caso de los incendios, que se apagan en invierno, no podemos obviar la realidad de que al final de todo este camino recogeremos lo que hayamos estado sembrando hasta ahora.

Porque no lo olvidemos: «The Winter is Coming», como se afirma una y otra vez en esa afamada serie televisiva de ficción que todos conocemos. Porque al final, todo llega, y si estás bien preparado, es mucho mejor.

Nuevo éxito del investigador ibense Luis Miguel Valor Becerra

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¿ACASO ERES TÚ UN «UNGA-UNGA»?

Unga-unga

ALARMA: aviso a navegantes despistados o peligrosamente confiados:

«Si naciste antes de los 80, y no digamos durante las décadas babyboomers, quizá no sepas que eres un firme candidato a ser un UNGA-UNGA. Estate, pues, bien atento, chaval».

Con el insultante empuje de la juventud de nuestro tiempo, el otro día mi hija menor me espetó, tras un comentario comedido por mi parte sobre ciertos excesos del actual feminismo radical, aquello de «papá: tú también eres otro unga-unga».

No se trataba de una pregunta ni de una discrepancia, ni tan siquiera con la intención para dar cabida a una saludable discusión, sino de una sentencia condenatoria firme sin dejar espacio alguno a la presunción de inocencia.

Como era de esperar, de entrada, me quedé totalmente noqueado sin poder de reacción ante el término de marras, pero más especialmente por su mirada picuda de velociraptor a punto de tomar su desayuno mañanero. ¡Esa es mi chica!

Pero vayamos por partes, tal como le gustaba a Jack el Destripador.

La primera reacción de nuestro cerebro e instinto defensivo, es la de buscar en nuestro conocimiento acumulado durante años ese archivo que nos dé las nociones precisas para responder de forma adecuada a cualquier estímulo externo, y así poder interactuar y evitar el desconcierto de un not found.

Tarzán unga-unga
Tarzán y su curiosa y simple familia: él mismo, Jane, Boy y por supuesto la mona Cheeta.

Así, desempolvando viejos recuerdos que creía definitivamente enterrados, me vino a la memoria aquellas viejas películas en blanco y negro de Tarzán, protagonizadas por Johnny Weissmüller, en las que unos porteadores negros sin muchas luces iban correteando de un lado para otro sin sentido al grito de «andaua-andaua», con el resultado final de que, ¡zas!, al más estúpido de todos ellos, al último, se lo jalaba un león que siempre pasaba por allí.

Aquellos pobres sujetos, según mi conocimiento acumulado, deben ser mis primeros «unga-unga».

Ahora, de vuelta al bien ya entrado el siglo XXI y en pleno mundo digital dominado por los ingenieros, dejando de lado al musculoso y campeón olímpico de natación Weissmüller, ser un «unga-unga» significa que eres una mezcla heterogénea y variable de masa cavernícola y de patán, de retrógrado y antiguo, de racista, de machista y de homófobo… pero que encima se viste mal y que huele a esencia de Barón Dandy o a otras cosas dudosas por el estilo.

Y lo que es peor de todo: QUE NO SE DEPILA. Porque básicamente, se trata de hombres, claro está.

Algunos términos, de los cuales, ni mi hija ni sus jóvenes amigos instagrammers dudo que sepan calibrar en todo su significado y su justa medida, pero que en todo caso les deja muy bien parados en sus redes sociales.

Particularmente siempre he sido de la firme opinión del incalculable valor y del papel de la mujer desde que existimos como especie, y como nuestra parte masculina de la humanidad ha subyugado, minimizado y castigado de forma inmisericorde a nuestras eternas compañeras de viaje, siendo precisamente nuestra actitud el mayor genocidio conocido.

Ahora todo está cambiando generalmente para bien, pero nosotros, los hombres, también formamos parte de la solución y no tan solo el mal bicho a exterminar.

millennials

Los miembros de las generaciones «millennials» o «post-millennials» los podemos denominar también de forma inequívoca como las de «LOS OFENDIDOS».

Porque reaccionan de manera negativa ante cualquier atisbo de contrariedad, discrepancia u opinión diferente de sus ideas, pensamientos y creencias dominantes en su mundo digital cada vez más viralizado.

Nosotros, los que pertenecemos a esta «generación puente» que estamos sufriendo los mayores cambios de la humanidad (el paso de la peseta al euro, de la máquina de escribir al smartphone, del fax a las redes sociales…), nos choca profundamente la falta de tolerancia de nuestros vástagos cuando presumen precisamente de ello en un entorno en que se prima ser «políticamente correcto» en manada a golpe de tuit.

Una revolución tecnológica de insospechadas consecuencias que está provocando enormes cambios de todo tipo a nivel global: culturales, sociales, económicos, demográficos… que necesitaremos llevar lo mejor posible, disminuyendo sus inconvenientes y aprovechando sus enormes ventajas.

Nosotros, los de mi generación, que venimos del mundo de la obediencia y del respeto a los padres, ahora, si te descuidas un poco, nos convertimos en siervos de nuestros hijos.

Nos toca pues, sacar nuestra mejor muleta para conversar de forma inspiradora con ellos, con paciencia, con mucha paciencia, pero con el respaldo y todo el bagaje de algo que ellos no tienen, y cuyo único secreto está la edad: LA EXPERIENCIA.

La buena noticia es que ser un «UNGA-UNGA» suele ser un estado transitorio, porque igual que entras, sales.

Es lo que tiene el estar dependiendo de las hormonas revolucionadas de nuestros chicos en un mundo cada vez más digitalizado y loco.

En fin, como dicen en Argentina una y otra vez: «Es lo que hay».

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AFILA TU HACHA

afila tu hacha

Cuento anónimo: Afilar el hacha

«En cierta ocasión, un joven llegó a un campo de leñadores con el propósito de obtener trabajo. Habló con el responsable y este, al ver el aspecto y la fortaleza de aquel joven, lo aceptó sin pensárselo y le dijo que podía empezar al día siguiente.

Durante su primer día en la montaña trabajó duramente y cortó muchos árboles.

El segundo día trabajó tanto como el primero, pero su producción fue escasamente la mitad del primer día.

El tercer día se propuso mejorar su producción. Desde el primer momento golpeaba el hacha con toda su furia contra los árboles. Aun así, los resultados fueron nulos.

Cuando el leñador jefe se dio cuenta del escaso rendimiento del joven leñador, le preguntó:

-¿Cuándo fue la última vez que afilaste tu hacha?

El joven respondió:

-Realmente, no he tenido tiempo… He estado demasiado ocupado cortando árboles…»

No pierdas nunca TU FOCO

Este conocido y breve relato es muy socorrido en el mundo del coaching y del entrenamiento personal en los negocios, pero en todo caso es tan válido tanto para tu realidad profesional como personal.

Correr como pollo sin cabeza de un lado para otro sin sentido alguno y sin más empuje que la inercia diaria con la que nos hemos esclavizado a nosotros mismos, nos aboca al fracaso, a la frustración y a lo peor de todo: al conformismo.

No pierdes el foco
Quien no tiene objetivos claros está condenado a trabajar para aquellos que si los tienen. Detente, busca, encuadra y entonces dispara.

Como en el caso del joven y fuerte leñador que basa únicamente su método de cortar árboles confiado en su fuerza y destreza, nosotros, durante nuestras vidas, solemos actuar del mismo modo: perdemos el foco constantemente sobre lo realmente importante.

El ser humano es ese animal de carga que, según va pasando las manecillas del tiempo, va engordando el peso que lleva a cuestas.

Preocupaciones, obligaciones, estudios, trabajo, familia, estrés, consumismo, deudas… van llenando de forma creciente nuestra mochila por pendientes cada vez más pronunciadas, como en aquella conocida estrofa de un famoso corte de Pink Floyd: «Another brick in the Wall».

Por todo ello, es bueno, conveniente y muy necesario hacer un alto en el camino. Un paréntesis para detenerse, mirarse al espejo, respirar profundamente y pensar desde otra óptica cambiando el chip para cargar las pilas y afilar el hacha.

Tomar un café con un buen amigo que no ves desde hace tiempo, hacer un maratón de capítulos de esa serie que tanto te gusta o volver a escuchar ese grupo musical que tanto te apasionaba en tu juventud, eso es afilar tu hacha.

Darte un premio y un buen homenaje de vez en cuando, ir de escapada con tu pareja para rememorar tu intimidad y sacar lustre a esa relación que la rutina va deteriorando… todo eso es, por supuesto, afilar tu hacha.

Conocerte a ti mismo, saber de tus limitaciones, separando el grano propio de la paja ajena, no acarreando con los problemas de los demás (por muy cercanos que sean a ti) y abrir tu mente a pensamientos positivos, es afilar aún más tu hacha.

cargar las pilas
Recargar tus baterías a menudo y a tope forma parte de la solución.

Pero también lo es el enfrentarte a tus problemas con esas personas con las que compartes tu vida. Porque seguro que tras una situación estresante el mejor remedio es tener una buena y sincera conversación cara a cara.

Con aquel viejo amigo, con el que te enojaste hace un tiempo; con ese compañero de trabajo, con el que no te hablas por un roce en la oficina; con tu hijo, con el que sin saber bien el porqué te has distanciado tanto; con tu pareja, cuya relación se ha hecho monótona y triste. Sé atrevido y da el primer paso para que no sea demasiado tarde.

Cambia EL QUÉ y EL CÓMO

Si nuestros resultados actuales (esos que no nos placen) son consecuencia directa de lo qué hacemos y del cómo lo hacemos, entonces si no cambiamos ESE QUÉ y ESE CÓMO, dichos resultados seguirán siendo exactamente los mismos. Pero ¿a qué esperas?, ¿a qué todo cambie de per se?

¡No te quejes ni te lamentes tanto y mueve el culo de una vez!

Del idéntico modo que a nadie le falta la claridad intelectual necesaria para saber que el sobrepeso tiene malas consecuencias para la salud, pero sin embargo ni se alimenta correctamente ni hace ejercicio físico para remediarlo, también somos conscientes por donde pasan nuestras soluciones a nuestros problemas.

Entonces la gran pregunta es: ¿cuál es entonces el problema? Sencilla y claramente LA FALTA DE MOTIVACIÓN, esa que no te deja salir de tu falsa zona de confort que, no gustándote, te es conocida y más o menos soportable.

No perdiendo el foco y aflando el hacha
No pierdas nunca el foco principal de lo que haces. Por los tuyos, pero también por ti.

Que no te queden dudas: la mejor motivación, ese combustible necesario para activar y forzar el cambio de las cosas que no te gustan, ERES TÚ MISMO.

¿Tienes, quizá, una mejor apuesta que hacer en estos momentos que no seas TÚ?

El firme compromiso del cambio

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RECUERDO A UN AMIGO.

El paso de nuestra existencia es el resultado de esa sucesión continua de fotogramas que se repiten diariamente durante todas las semanas, mes a mes y año tras año. Es lo que llamamos finalmente rutina.

Siendo realmente aburrida y monótona, nos sirve de punto de apoyo para quemar etapas en nuestro devenir por este mundo, e incluso, cuando nos falta, la echamos de menos.

Sentimiento y sensación cada vez más fuertes cuando hace bastante tiempo que, como es mi caso, ya le hemos dado la vuelta al jamón de nuestra vida o simplemente porque nuestra bolsa de chuches, a modo de bonus, se va vaciando.

Sin embargo, en ocasiones, algunos acontecimientos, por inesperados y bruscos, nos sacan de nuestro letargo y nos dan una buena patada para sacarnos de nuestra zona de confort y nos obligan a hacer un alto en el camino. Nos ponemos entonces en modo «rincón de pensar».

Y esta semana ha habido uno de esos momentos, en forma de un acontecimiento luctuoso: el fallecimiento de una gran persona y buen amigo de la época del instituto, Tomás Noblejas Martín.

Lo cierto es que desde aquella dorada época del Fray Ignacio Barrachina, no habíamos vuelto a coincidir porque las bifurcaciones de la vida nos había llevado por caminos separados. Sin embargo, la noticia de su triste fallecimiento, me ha permitido recordar aquella fenomenal etapa, cuando en el curso de segundo de BUP, compartíamos pupitre con pupitre y nos hicimos grandes amigos y colegas.

Y es ahora, en estos momentos, cuando realmente nos damos cuenta de la importancia que han tenido algunas personas en nuestra vida, por muy fugaz que haya sido su tránsito y escasos los versos que han escrito de nosotros. Y Tomás fue una de ellas.

Fue mi gran punto de apoyo tras el annus horribilis del curso anterior, quizá el peor de toda mi vida. A modo de tormenta perfecta, todos los elementos se unieron y coincidieron en mi contra: el brutal paso de la EGB al BUP, el inicio del siempre difícil paso a la adolescencia, una larga y penosa enfermedad que me llevó de un hospital a otro y un inesperado fracaso escolar (supongo que como consecuencia de todo ello) cuando siempre había sido un brillante estudiante.

Hundido, perdido y sin referencias claras, con Tomás a mi lado, logré encontrar el equilibrio que necesitaba, y de alguna forma, recuperar el tiempo perdido a marchas forzadas, con esa fuerza que únicamente el vigor de la juventud te da.

puch cobraEse punto de rebeldía que todo joven necesita, subido de paquete en su ruidosa moto y perpetrando alguna pequeña gamberrada y fechoría en clase, como en aquella ocasión que la liamos con el granizado de limón en la parte alta del antiguo instituto, con el curso prácticamente finalizado. O durante aquella gran velada y fiesta de fin de curso, al más clásico estilo ochentero.

Recuerdos de hace casi 40 años (¡Dios, como pasa el tiempo!) y que he recuperado por su triste óbito.

No conozco a su familia, ni realmente a que se dedicaba, ni que fue de él durante su paso por esta vida, ni tengo constancia de sus aficiones y querencias, ni sabía de su enfermedad… pero sí que me he dado cuenta de que mantengo vivo el recuerdo de un buen tipo con el que pasé muy buenos momentos y que, seguramente sin ser consciente, me echó un buen cable cuando más lo precisaba. Es lo que siempre hacen las buenas personas por el simple hecho de serlo.

Quizá debamos aprender de una vez para siempre como nuestra relación con el tiempo va cambiando con el pasar de los años. Diferenciar y separar lo verdaderamente importante de lo intrascendente. Valorar a las personas y los momentos en el día a día, alejando de nosotros la envidia, la maledicencia y el rencor que nos envenena lenta pero inexorablemente.

Tras unos momentos de aflicción y de profundo pesar, de nuevo la rutina de nuestras vidas nos empujará al mismo y absurdo camino de siempre, ese que no lleva a ningún lado. Pero al menos, amigo Tomás, siempre guardaré de ti un entrañable y gran recuerdo. D. E. P. allá donde estés.

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LA MAGIA DEL PLÁSTICO

plásticos granza

Hans Rosling, médico, investigador y gran divulgador sueco, manejaba los números y las estadísticas como pocos para luchar contra la ignorancia y la manipulación de la realidad en nuestro mundo.

En su charla Ted “La Lavadora Mágica”  – que personalmente nunca me canso de ver – muestra claramente de forma desenfada, pero muy educativa, como la verdad y el progreso es un derecho innegable para toda la humanidad.

Un alegato en toda regla a favor de esa valiosa mitad de personas que forman parte de nuestra sociedad, las mujeres, pero también de como la educación nos permite abandonar la pobreza y luchar contra las ideas preconcebidas, el desconocimiento y la falsificación de los datos.

Noticias falsas plástico
Cuando las mentiras se visten de verdades.

Sin embargo, en el mundo actual de la revolución tecnológica – internet, redes sociales, metadatos… – nos enfrentamos al lado oscuro que conlleva todo progreso, en este caso, en forma de las fake news.

Éstas, las noticias falsas, son el fruto de un plan preconcebido para tergiversar la verdad y manipular a la gente con la finalidad de influir en la comunidad según ciertos intereses.

Su objetivo son el engaño, la desinformación y la difamación para respaldar y enaltecer personas, cosas o instituciones. O todo lo contrario, para desprestigiar o hundir a las mismas, induciendo al error y provocando un estado de opinión subjetivo con tal de obtener réditos económicos, personales o políticos.

Noticias falsas no revestidas de algunas partes de certezas que, a fuerza de repetirse una y otra vez, terminan por confundirse y transformarse en “verdades” y en «evidencias».

Y luego, yendo un paso más allá, está la posverdad, cuando se recurre descaradamente a la mentira con la manipulación de las emociones, de las creencias y de los deseos del público, dejando en un segundo plano los hechos objetivos, sencillamente porque la verdad, en si misma, no importa. Son mensajes cortos, fáciles y contundentes de gran alcance.

Posverdad
La POSVERDAD pretende la manipulación y el control sobre nuestros deseos. No importa ni la verdad ni las consecuencias finales.

Los centros de poder han hecho uso de estos sucios ardides desde siempre. Falsificaciones históricas, medias verdades, propaganda manipuladora, filtraciones interesadas… han oficializado y legitimado la persecución de minorías, las guerras, los genocidios… y situaciones de injusticia de todo tipo.

Formas de hacer de siempre, pero ahora con la enorme amplificación que nos procura la tecnología, que nos permite a todos ser potenciales «periodistas, políticos, jueces, economistas y especialistas en cualquier materia.»

Un mundo digital manipulado a golpe de chat y de tuit, dónde la seriedad, el trabajo concienzudo y la sobriedad han dejado paso a un inquietante mundo dominado por los efectos virales y el fenómeno de los influencers.

EL PLÁSTICO: EL ENEMIGO PÚBLICO NÚMERO UNO.

Es curioso – y a la vez muy cuestionable – observar como periódicamente se crea un foco de atención sobre un hecho o una situación que, día tras día y machaconamente, termina por influir en la opinión pública por un efecto de reiteración y de contagio.

Desde hace unas fechas, cuando abro a diario un periódico de gran impacto a nivel nacional en su versión digital, no es extraño tropezarnos con un banner mostrando una imagen impactante del pernicioso efecto del plástico en el medio ambiente.

Siendo cierto el pernicioso efecto del plástico en la naturaleza, el verdadero problema no está en el hecho inequívoco de su existencia, sino en el mal uso que la humanidad hace del mismo. Es como sí le echáramos la culpa de la gran mortandad en las guerras a la existencia de la pólvora y no al su uso que hacemos de ella.

 

De entrada, el plástico parte de una mala reputación. Se le considera un material de mala calidad, utilizado en productos de bajo coste y relacionado directamente con el made in China. Y encima, tarda muchísimo en degradarse en la naturaleza.

Socialmente hay pocas materias primas menos denostadas y tan poco valoradas como son los plásticos, cuando realmente debería ser todo lo contrario. Se trata, con toda seguridad, del material más versátil y democrático que ha cambiado el mundo, para bien, desde mediados del siglo XX hasta nuestros días.

Su bajo coste, su gran capacidad de adaptarse a casi cualquier necesidad y sus características, lo hacen útil y aplicable para la fabricación de casi cualquier artículo.

De hecho, y a pesar de todos sus críticos, no podemos escapar a un mundo sin plástico.

Como afirmaba en profesor Rosling: hasta los más acérrimos defensores del movimiento verde utilizan diferentes máquinas contaminantes como son el coche y la lavadora en sus vidas cotidianas. ¿Realmente alguien, por muy defensor del medio ambiente que sea, va a dejar de tomar un avión para irse de vacaciones a ese lugar lejano de ensueño?

La respuesta es tan sencilla como poderosa: NO.

Además de la combustión contaminante del queroseno, un avión está fabricado en más de un 53% con polímeros plásticos, que lo hace lo suficientemente ligero y resistente para volar, reduciendo además el consumo de combustible.

Pero no tan sólo se trata del medio de transporte. Ahí está tu equipaje, dónde el maléfico material está prácticamente en cada rincón y en cada prenda. Pero también forma parte esencial de tu cámara de fotos, de las gafas de sol que usas, de tu DNI, de los botones de tu camisa, de los tacones de los zapatos… Está ahí bien presente cuando pasas el control de embarque, en el tapizado de los asientos en la sala de espera, en los aseos, en la ropa que llevas puesta…

plástico de monouso
El gran problema del plástico para el medio ambiente está en el de tipo monouso y en la cultura cómoda y muy arraigada del «usar y tirar.»

Por no hablar de los artilugios que utilizamos de forma diaria, de su uso imprescindible en la medicina y en la salud, en los medios de transporte, en la informática, en la construcción de edificios, en la producción y conservación de los alimentos, en su enorme capacidad para envasar todo tipo de productos, en nuestros hogares llenos de electrodomésticos que nos hacen la vida mucho más cómoda y liberadora…

Esta es la GRAN MAGIA DEL PLÁSTICO.

El mundo del plástico nos hace tener una existencia más fácil, sencilla y económica, pero también es cierto que su percepción por parte de la sociedad precisa de un gran cambio, porque de lo que se trata realmente aquí es de luchar contra el PLÁSTICO DE UN SÓLO USO y nuestro hábito de USAR Y TIRAR, y no contra todo el plástico en general, como parece ser que está generando algunas noticias preocupantes que confunden y dividen a los propios consumidores y grandes beneficiarios de su uso cotidiano.

códigos identificación plásticos
Los productos plásticos van marcados con un código de identificación para facilitar su separación, reciclado y su reutilización posterior. Sé coherente y no los tires donde no debes.

La solución pasa por informar con seriedad, no generalizar, educar a todos los ciudadanos en la verdad – buena y mala – y en la aplicación diaria de LA TRIPLE «R»: REDUCIR – REUTILIZAR – RECICLAR.

Y sin dejar de perder de vista la «R» más importante de todas: la de RESPONSABILIDAD.

Porque, sinceramente, que yo sepa, ningún tonto tira piedras sobre su propio tejado. ¿O tú si?

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LOS IMPUESTOS, UNA VERDAD INCÓMODA.

impuestos

La falta de transparencia sobre lo que nos cuestan los impuestos es más que notable. Porque Hacienda somos todos, pero no esos todos son exactamente iguales.

Un claro ejemplo de esta falta de claridad por parte de aquellos que manejan la vara de mando (pero que incumplen su palabra a menudo) la tenemos en la famosa carta promesa incumplida sobre la jubilación que extrañamente nunca ha llegado a su destino.

¿Dónde quedó la promesa del gobierno del envío del escrito por parte de la Seguridad Social a todos los mayores de 50 años informándoles de la cuantía aproximada de la pensión que van a recibir en el momento de su jubilación?

Una valiosa información para que los afectados tomaran conciencia de un futuro no tan lejano, y, de esta forma, permitirles tomar las medidas a su alcance en esa larga carrera de fondo como es la preparación económica para la vida de jubilado. Pero ya sabemos que, precisamente la planificación en España, no es nuestro fuerte.

La idea era coherente y necesaria, pero las buenas intenciones en política no suelen tener gran futuro o simplemente ocultan una verdad incómoda.

¿Los motivos, cuando todo estaba a punto e incluso licitado y adjudicado el concurso para el envío del escrito?

Clara y llanamente por intereses políticos. Y más en estos momentos en un país fracturado electoralmente en cuatro colores (más los nacionalismos) donde nadie se la juega diciendo toda la verdad. Ser claro y tener un ataque de sinceridad no está en la agenda de ninguno de esos numerosos y misteriosos asesores que tienen nuestros líderes políticos. Una verdad incómoda como ésta supondría un varapalo de pérdida de votos que nadie quiere asumir. Porque lo primero es preservar la silla y luego ya iremos viendo.

Pero la cuestión sería sí socialmente estamos preparados para escuchar, comprender, asimilar… para finalmente asumir la realidad y ser sinceros con nosotros mismos.

Finalmente la cosa ha quedado en la creación de una página web, Tu Seguridad Social, donde puedes informarte sobre los supuestos de cobro de tu pensión. Teniendo en cuenta la brecha tecnológica de todos los interesados, los mayores de 50 años, y cierta dificultad en el registro y manejo del portal, la sensación de parche y de falta de transparencia y de servicio público es más que sospechosa.

Con los impuestos ocurre un tanto de lo mismo, porque al final, detrás de tanta sigla y descripción, nadie sabe realmente que nos cuesta la suma de todos ellos, salvo la percepción del sablazo que padecemos año tras año.

La verdad incómoda sobre el pagp de los impiuestos.
Un estudio medio para saber cuantos días dedicamos al pago de los impuestos.

Ahora, en la recta final de la campaña anual de la renta – seguramente el más famoso y conocido impuesto de todos, implantado en el año 1978 – se nos dice que el importe de las devoluciones sobre los ingresos es muy superior. La simpleza del mensaje esconde la realidad, que no todo el mundo tiene clara, de que cualquier retorno viene precedido de un pago a cuenta y anticipado, mes tras mes, durante el ejercicio anterior.

Una total falta de formación mínima en números reales y conocimientos prácticos se echa cada vez más en falta en nuestro modelo educativo nacional.

Nuestro sistema impositivo tiene tal capilaridad (como en cualquier país de nuestro entorno) que no percibimos que al final de toda la fiesta, más de la mitad de nuestro sueldo se va en el pago de los impuestos.

El sistema impositivo español: una pesada carga mal repartida.

Como en todo, sí bien en aquel famoso slogan de finales de los setenta se afirmaba que «Hacienda somos Todos», lo cierto es que unos son menos que otros.

A la par que ha crecido el control, las necesidades y la voracidad del aparato recaudador, también ha crecido y madurado su yang: la evasión en el pago de los impuestos.

Hacienda somos todos.
Obviamente somos todos, pero no todos somos exactamente iguales ante Hacienda.

Así, de este modo, la creatividad y la imaginación de la mente humana para escapar del fisco no tiene límites. Ya se sabe, «hecha la ley, hecha la trampa».

En todo caso, habría que diferenciar entre esa trampilla de ir por casa de esas otras triquiñuelas más sofisticadas, utilizadas por las grandes fortunas, que se sirven de los resquicios legales (o no tan legales) para transformarse en los grandes evasores de impuestos, y por lo tanto, en los grandes estafadores de la sociedad.

Para ello, tienen a su servicio esa parte de la ingeniería financiera que les permite cuadrar sus cuentas a la baja dentro del cumplimiento de unas normas que siempre van a rebufo de la realidad.

Por este motivo, los centros de poder, las enormes corporaciones y las grandes fortunas se confunden en un mismo entorno e interactúan entre ellos. Así, existen los llamados paraísos fiscales (permitidos), las sociedades tipo SICAV (creadas a la carta)… e incluso, dentro de nuestra Unión Europea, consentimos algunas licencias en la tributación impositiva mucho menor en diferentes estados, como Luxemburgo e Irlanda.

En cambio, se prefiere perseguir al profesional liberal, a la PYME o al autónomo como presas fáciles, que no estando exentos de culpa, no son más que la cola de ratón de todo lo defraudado en su conjunto.

Por otra parte, los asalariados tienen de entrada poca o ninguna opción de estafar a las haciendas públicas por su férreo y claro control sobre sus cuentas, ingresos y gastos.

La tecnología y las redes sociales nos permiten cada vez más conocer quien es quien en todo este tinglado de no pagar lo que debe y donde debe. De esta forma, casos como el de Amazon (cuyas ventas en España tributaban fuera no hace mucho) se pudieron conocer y darse la vuelta debido a la presión popular y a la mala imagen de la empresa, esa característica fundamental que tanto preocupa hoy en día: la visibilidad adecuada.

Este es, sin duda, nuestro poder, y en él radica nuestra gran capacidad y fuerza para cambiar el mundo, más incluso que el ir a votar a nuestros servidores públicos. En la época de las redes sociales e internet, no hay nada como el poder de los ciudadanos conectados para castigar o premiar las malas y buenas prácticas. Es tan sencillo como tocar el bolsillo.

La falta de concienciación fiscal, pero muy especialmente la no ejemplaridad de algunos personajes públicos y políticos, siguen fomentando la cultura de evitar el pago de impuestos por la escasa credibilidad en el sistema. La solución pasa, sin duda, en una reducción importante y progresiva de la presión fiscal, pero siempre y cuando ésta sea equitativamente repartida entre todos para que no falte de nada, ni en cantidad ni en calidad.

Piratear y defraudar
Como en el pirateo, sí defraudar no vale ya la pena, es el principio del fin.

Con todas las plataformas digitales a mano a un coste realmente reducido, ¿alguien pierde ya el tiempo – excepto por hobby – en realizar descargas ilegales? Cuando el riesgo no compensa el peligro del delito, éste se reduce o sencillamente termina por desaparecer. 

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reparto impuestos

TABLA DE LOS IMPUESTOS EN ESPAÑA.

La creciente necesidad de financiación de una pesada e ineficaz administración, a todas luces desproporcionada, ha provocado toda una maraña de tasas y de impuestos que, sin darnos cuenta, nos acompaña todos los días, formando parte de nuestra unidad familiar.

La voracidad de nuestro sistema es triple, con tres administraciones públicas al acecho y defendiendo con uñas y dientes su parte del festín. Lo importante es llegar a comprender como nuestra vida diaria y existencia está directamente condicionada por el precio que hay que pagar por mantener nuestro modo de vida y la cohexión social.

reparto impuestos
En el pago de los impuestos, no nos engañemos: todos quieren su parte.

 

No se trata únicamente de criticar, si no de exponer la realidad de unas crecientes necesidades, en las que la buena administración, el control y el castigo adecuado se tienen que imponer sobre el latrocinio y el derroche de la caja común. No nos queda otra.

 

Pero vayamos por partes para entender que la palabra gratis no existe en el mundo real y que la universalidad de los servicios tiene un coste, independientemente de quien los pague en mayor o en menor medida.

Primero, tenemos los impuestos estatales, divididos entre directos e indirectos:

  • Impuesto sobre la renta de las personas físicas, IRPF.
  • Impuesto sobre sociedades, IS.
  • Impuesto sobre valor añadido, IVA.
  • Impuestos aduaneros (aranceles).
  • Impuestos especiales (tabaco, alcohol, electricidad, hidrocarburos…)

Es curioso observar como en estos últimos se aplica una doble imposición: a la suma de su propio impuesto, luego hay que añadir el IVA. No es de extrañar que con tanto «cargar la burra», al final, la parte correspondiente a los impuestos es mayor que el coste del producto en sí.

Segundo, están los autonómicos, divididos entre los cedidos por el estado (también hay un porcentaje sobre algunos de los estatales) y los propios creados a la carta. Destacan:

  • Impuesto sobre el patrimonio, IP.
  • Impuesto sobre transmisiones patrimoniales y actos jurídicos documentados, ITP y AJD.
  • Impuesto sobre sucesiones y donaciones, ISyD.
  • Impuesto de matriculación.
  • Impuestos a la carta (medioambientales, sobre el juego, por depósitos bancarios, el céntimo sanitario…)

Tercero, finalmente, los locales:

  • Impuesto sobre bienes inmuebles, IBI (Contribución).
  • Impuesto sobre actividades económicas, IAE.
  • Impuesto sobre vehículos de tracción mecánica, IVTM (Sello).
  • Impuesto sobre el incremento de valor de los terrenos de naturaleza urbana, IIVTNU (Plusvalía).
  • Impuesto sobre construcciones, instalaciones y obras, ICIO (Permiso de obras).
  • Impuesto por entrada de vehículos (vados).
  • Impuesto por reserva de aparcamiento (zona azul y verde).
  • Impuestos turísticos (tasa turística, en ciertas ciudades muy visitadas).

Sin obviar otros conceptos, algunos reales y otros en ciernes  – las tasas aeroportuarias, los impuestos a las viviendas vacías, las transacciones bancarias (la tasa Tobin), los impuestos a los robots, el peaje de respaldo (impuesto al sol), las tasas verdes… – la genialidad de las cabezas pensantes no para con tal de exprimir cada vez más el mismo limón.

LA MUERTE Y LOS IMPUESTOS.

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