CUANDO PERTENECES A LA GENERACIÓN «i»

entre generaciones

Hay circunstancias y hechos, grandes o pequeños, importantes o prescindibles, buenos o malos… en los que el azar lo es todo y absolutamente nada depende de nosotros mismos.

La denominada Generación Grandiosa, todos aquellos que nacieron a principios del siglo XX, no sospechaban que tras el fulgor y la dicha de los felices años 20, que no parecía tener fin, todo se derrumbaría estrepitosamente.

Sufrieron la Gran Depresión, el auge de los movimientos totalitarios, de la discriminación y del racismo, y finalmente la Segunda Guerra Mundial, con todas sus secuelas y consecuencias. Lucharon y trabajaron en equipo convencidos de su destino en el mundo que les había tocado vivir y pensaron que cualquier momento pasado siempre fue mejor.

La siguiente generación fue la llamada Silenciosa. Gentes que sufrieron los momentos más dramáticos de la historia contemporánea, especialmente durante su infancia y adolescencia, donde fueron adoctrinados, educados y controlados bajo el poder de los Estados para su propio beneficio. Se les enseñó a obedecer, a conformarse y a callar las injusticias. De ahí les viene dado el nombre: bastante tenían con sobrevivir.

Aquí en España, en un país atrasado, analfabeto, agrícola y caciquil, tanto una generación como la otra se funden en un momento triste y totalmente injusto para nuestros mayores, con una guerra fratricida de por medio, dónde lo peor fue una larga posguerra bajo el yugo del poder impuesto de una mitad sobre la otra.

dados
¿La fuerza del destino o simplemente el azar que decide nuestro punto de partida?

Quien tuvo el infortunio de nacer en un lugar y en una época equivocados y cuando se tiene la sensación de que Dios juega a los dados, ¿se le puede llamar destino o sencillamente mala suerte?

La Generación «Babyboom»: lista para pagar los platos rotos.

Yo soy hijo de aquellas generaciones. Soy lo que se ha dado en llamar un «babyboomer», y mi año de nacimiento, 1964, marca el récord de neonatos en España con casi 700.000 individuos.

Bajo la dictadura, que empezaba a relajarse y abrirse al mundo gracias a las divisas, mi numerosa generación ha vivido mucho mejor bajo ese paraguas que ha representado una paz duradera (dentro de poco cumpliremos 80 años sin guerras) y los constantes avances científicos.

Sanidad y educación universales, agua corriente, vestido, electrodomésticos y una nevera siempre llena. «Cosas» que ahora, por comunes, ni valoramos ni nosotros ni muchos menos nuestros sucesores.

platos rotos
¿Quién va a pagar los platos rotos entre generaciones? Tiempo al tiempo.

Pero se avecinan curvas muy pronunciadas para dentro de pocos años, y una nueva situación injusta se avecina, del mismo modo que lo fue para nuestras generaciones precedentes.

Nosotros, los nacidos bajo la descrita etapa del «Babyboom» representamos el núcleo duro de aquellos que estamos manteniendo mayoritariamente el llamado Estado del Bienestar, gracias a nuestro número, gran experiencia, empleos fijos mejor remunerados y con las cotizaciones más altas.

En estos momentos, en abril de 2018, España supera los 8,7 millones de pensionistas (el número de pensiones asciende a más de 9,6 millones, por el efecto de percibir más de una pensión), y se espera que para el 2030 se sumen más de 3 millones adicionales de jubilados entre altas y bajas, lo cual representará un incremento porcentual de casi el 35%.

Serán pensiones con bases de cotización altas y longevas versus los nuevos empleados con salarios más bajos y peores aportaciones al sistema. Se aproxima pues LA TORMENTA PERFECTA.

Muchos estudios, pero especialmente el sentido común, nos advierten como será mía esa nueva generación penalizada y castigada precisamente por su éxito, su número y su mayor longevidad.

Será injustamente tratada por el sistema al cual han contribuido de forma decisiva, y ya se encargarán los de arriba, de hacer ver a nuestros sucesores más jóvenes como seremos parte del problema a solucionar. No digo nada más.

 

Fundamentos del Estado del Bienestar.
El Estado del Bienestar: un logro y un bien común por el que luchar y mantener intacto.

Los «babyboomers» serán doblemente castigados, con el retraso de la edad de jubilación y con pensiones inferiores, que en algunos casos serán de subsistencia.

Gente indefensa en muchos casos que han creado generaciones mejor formadas y con un amplio abanico de posibilidades, pero con descendientes mal criados y sobre protegidos, alienados y siempre aburridos por el efecto que produce el exceso de tener de más de lo que se necesita. Con un escaso sentido del sacrificio, desagradecidos y una preocupante falta de respeto por sus mayores y sus logros. Culpa nuestra también.

Cuando perteneces a la Generación «i»: i de IDIOTAS. 

También se admite imbécil, por supuesto. Mejor que «babyboomers», que con la edad que empezamos a tener, parece totalmente demodé y de mal gusto.

Visto lo visto y viendo la que se nos espera, bien valdría la pena de tomar conciencia de todo lo que se nos viene encima. Y lo que está meridianamente claro es que únicamente nosotros seremos capaces de revertir, al menos en parte, ese sombrío futuro sí empezamos a ponernos en marcha ahora.

Y esos primeros y recientes movimientos sociales por parte de los jubilados actuales, nos pueden mostrar el camino a seguir.

Tomar conciencia y aprender también de nuestros hijos, de lo qué hacen y del cómo lo hacen, de sus valores y de lo que piensan. Ellos han asimilado la revolución tecnológica y tienen una visión totalmente distinta y más amplia que muchos de nosotros.

Prefieren las experiencias vitales que a las ataduras de toda una vida, independientemente del tipo que estas sean. Desean centrarse en el compromiso con ellos mismos y en sus propias metas que en los objetivos de los demás.

Mucho mejor trabajar lo suficiente para vivir que estar dedicando toda una vida al trabajo y la fidelidad, muchas veces no correspondida. Cambiar de empresa y de oficio no les preocupa, pero sí disfrutar el día a día con sus parejas, amigos y familias.

Viajar, conocer gente, sacar partido del mundo digital a tope, compartir experiencias y evitar los compromisos que puedan restringir su libertad en su futuro, tales como el matrimonio, las hipotecas, e incluso los hijos.

Tener un sentido de pertenencia distinto al nuestro, con una separación muy clara entre las obligaciones (las mínimas) y los derechos (muchos), centrándose en el medioambiente y en la vida sana. Y golpeando ahí bien bajo, a través del mundo digital, todo aquello que no les agrada y que desean cambiar impacientemente (desde nuestro punto de vista) de forma rápida y ya.

¿SON ELLOS LOS EQUIVOCADOS O LO SOMOS NOSOTROS?

Buena pregunta y mejor respuesta para quien la pueda tener ahí a mano.

Personalmente pienso que las nuevas generaciones, nuestros propios hijos, nos tienen que enseñar muchas cosas, y no únicamente ponernos al día a nivel tecnológico, sino en ayudarnos a comprender cómo debemos de cambiar algunos aspectos de nuestras vidas y mudar algunos valores que creíamos inamovibles.

Ser Millennial
Aprender entre diferentes generaciones es una riqueza inmensa al alcance de la mano.

La tentación de nuestra generación es tener un exceso de responsabilidad, de fidelidad y de sacrificio que nos empeñamos en transmitir a nuestros sucesores, incluso cuando ya están bien creciditos, cuando ya tenemos poco que hacer y sí más bien que mucho que perder.

Porque sinceramente, nuestros hijos son nuestros pero no nos pertenecen. A partir de un momento hay que dejarlos volar, porque su vida les pertenece a ellos y a nadie más.

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Y TÚ, ¿A QUÉ GENERACIÓN PERTENECES?

generaciones

Generacionalmente hablando, nos topamos con dos nuevos aspectos revolucionarios, no por violentos, sino por novedosos.

El PRIMERO tiene que ver con la fortuna de nuestra mayor longevidad. Esta realidad nos lleva a la convivencia de hasta cinco (o seis) generaciones distintas al mismo tiempo.

De este modo, estamos ante un fenómeno enriquecedor sin parangón nunca visto y que realmente no es bien aprovechado. Son de esas cosas que por el hecho de tenerlas ahí siempre a mano, no las ponemos en valor. Una lástima.

El SEGUNDO es fruto de la revolución tecnológica. Y es que por una vez en nuestra larga historia, las nuevas generaciones tienen cosas que enseñar a las anteriores.

Tradicionalmente los hijos habían aprendido generacionalmente de sus padres. Era el traspaso vertical, de arriba hacia abajo, de unos valores y de unos conocimientos siguiendo un orden vital cronológico.

Ahora, no pocos millenials enseñan a los babyboomers a moverse al menos dignamente a través de las nuevas tecnologías, siendo en muchos casos sus mentores y sus jefes. No se trata tan solo de ese tipo de chorradas de enseñar a programar un aparato electrónico, por ejemplo, sino de una forzosa y conveniente actualización para no perder el tren de este apasionante y estresante siglo XXI.

Asumiendo el riesgo y la discrepancia, presentamos la siguiente clasificación cronológica.

A. La Generación «S», la Silenciosa.

Imagen muy ilustrativa de la Generación Silenciosa.

Para todos aquellos nacidos antes de 1950 y que en la actualidad tienen más de 69 años. Representan a todos nuestros mayores a los que les tocó la (mala) suerte de vivir los años de plomo, miseria y privaciones de todo tipo.

Sin poder de decisión sobre su futuro, se vieron manipulados y envueltos en conflictos sangrientos, fuertes depresiones y fueron férreamente controlados por el poder y la propaganda.

Sencilla y llanamente tuvieron que aprender a sobrevivir.

Sufrieron una educación rigurosa, donde la religión aún mantenía su control docente y social y donde la mujer era predestinada a un ocupar un segundo plano en un entorno eminentemente machista, discriminatorio y patriarcal.

Generación que anteponía el deber al placer y el ahorro al gasto, siguiendo la fábula de la hormiga y de la cigarra. Obedientes y resignados.

Ellos son los responsables y los sacrificados para que todos nosotros estemos aquí. Bien por ellos.

B. La Generación «B», la de los denominados Babyboomers (1950-1968).

Los Babyboomers, una generación muy numerosa.

Representa a todos los que, en el momento de esta publicación, tienen entre 50 y 68 años. Se trata de la generación que desató un repunte de la natalidad tras la Segunda Guerra Mundial, o aquí en casa, tras la Guerra Civil, con aquellas familias numerosas que hicieron crecer la población de todos los países occidentales, incluido el nuestro.

Se caracterizan por una vida cualitativamente mejor a la de sus antecesores gracias a los periodos de paz y a los avances científicos. Fueron la lanzadera hacia una época aperturista y de modernización de la sociedad, dónde el individuo quería tomar la palabra sobre su propio futuro.

La mujer empieza a incorporarse al mundo laboral y muy lentamente va perdiendo esa dependencia económica de antaño, sí bien queda mucho por hacer.

Gente fiel a sus ideas y principios, comprometidos con la familia y con tendencia a trabajar en la misma empresa durante toda su vida laboral.

1950-1970, un cambio radical en el mundo musical.

Actualmente siguen siendo el sustento básico de lo que se ha dado en llamar «el estado del bienestar».

Existen además dos subgrupos, con grandes diferencias entre ellos, dependiendo del país, y en nuestro caso, incluso de la región española de la que estemos hablando:

B. 1. Los «Older Boomers» (1950-1958, personas entre los 60 y 68 años)

B. 2. Los «Younger Boomers» (1959-1968, personas entre los 50 y 59 años)

En España se trata de la generación de la Transición.

C.- La Generación X (1969-1982)

Generación X
La Generación X, representa el paso del mundo analógico al digital..

Son en muchos casos los hermanos pequeños de los babyboomers, de los que aprendieron muchas cosas. Tienen en la actualidad entre 36 y 49 años.

Crecieron y se desarrollaron ya en democracia y son la generación más tolerante, a caballo entre el mundo analógico y la aparición de la era digital.

Impulsaron el valor por el ocio, las salidas con los amigos, la lectura y los conciertos musicales. Un equilibrio sano entre el trabajo, la familia y el esparcimiento.

Empezaron a tener una formación académica más completa, con un acceso a los estudios universitarios mucho mayor que sus predecesores.

La incorporación laboral de la mujer es mucho más intensa, como una forma de compartir los gastos de casa y de buscar su propia valía e independencia.

Generación activista y más comprometida, ya forma parte plenamente del relevo generacional de nuestra sociedad que se enfrenta a grandes e inquietantes retos.

Quizá se trate de la generación mejor formada y preparada de la historia plenamente incorporada en el mercado laboral.

D.- La Generación Y (Millennials, 1983-2000)

La Generación Y, los Millennials, altamente preparados y cualificados.

La primera hornada nacida y criada en el mundo digital. Curiosamente, en muchas ocasiones, son esos hijos únicos de aquellas familias numerosas que representan los babybbomers. Cuentan en la actualidad entre 18 y 35 años.

Se adaptan perfectamente a la tecnología y son asiduos a las redes sociales. Han visto a sus padres trabajar duramente, por lo que valoran más su tiempo y el tener experiencias vitales que un trabajo dependiente, del que no les importa cambiar para seguir creciendo personalmente buscando flexibilidad y reconocimiento.

Generación muy formada, con acceso múltiple a una educación más completa y variada, que empieza a dominar los idiomas y que quiere cambiar el mundo, porque aún teniendo casi de todo, no les emociona especialmente.

Consumista y con acceso a ese gran mercado natural para ellos que representa internet, como sí la red de redes siempre hubiera estado ahí.

A diferencia de las generaciones precedentes, sus tiempos a la incorporación a la vida adulta independiente se alargan, conviviendo largamente en casa de sus padres.

E.- La Generación Z (Post-Millennials, 2001…)

La Generación Z (Post-Millennials), llegan los hijos de la Revolución Tecnológica.

Todos aquellos menores de 18 años y que aún no se han incorporado al mundo laboral y que están formándose permanentemente.

Son hijos directos de la era digital «full equip» y se mueven como peces en el agua en las redes sociales. Su vida se mueve en torno a la tecnología, sin la cual no pueden vivir.

Tremendamente creativos e independientes y muy participativos online. Estudian, leen, aprenden y son visibles permanentemente en internet, utilizando multitud de plataformas distintas.

Activistas, exigentes y críticos- hasta el punto de ser un poco la generación de los «siempre ofendidos» – preocupados por el medio ambiente, el aspecto personal y la vida sana.

Generaciones Y+Z siempre en movimiento y con gran visibilidad en las redes sociales.

Son desbordantes, sorprendentes y difíciles de seguir, porque son pequeños pero muy veloces y rápidos adaptándose a los cambios.

Estamos hablando de los primeros nativos digitales al 100%.

Junto con los «millenials», están llamados a cambiar profundamente el mundo tal como lo conocemos en la actualidad. Por lo tanto, los más mayores, tenemos que estar preparados para enseñarles, pero también para aprender y asimilar otros valores que nos llegan por los cuatro costados.

Y sí queremos avanzar un poco más, hay autores que ya hablan de la generación Alfa, que aglutina a todos aquellos nacidos a partir del 2010 y que serán nativos de la incipiente inteligencia artificial.

Generación ALFA.
Otro modelo de clasificación tan válido como otro, con la nueva Generación ALFA.

Y es que el mundo, con todos los que estamos dentro y sin poder bajarnos de él, va a tal velocidad que nadie, absolutamente nadie, se atreve a predecir un futuro que cambia cada vez más rápido y que es menos asimilable para una gran parte de nosotros.

MY GENERATION.

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MY GENERATION

The Who

Cuando Pete Townshend, compositor y miembro de famoso grupo británico de rock The Who compuso el hit «My Generation», allá por el muy ya lejano año de 1965, intentó marcar una clara diferencia entre su generación y la inmediatamente precedente.

Era de facto, por un lado, una declaración deliberada de rebeldía juvenil, un himno reiterativo que ha perdurado en el tiempo y cuyo trasfondo era una enrabietada queja por la incomprensión sufrida por parte de sus mayores inmediatos. Y por el otro, la necesidad de encontrar esa misma generación su lugar en un mundo que no era precisamente de su agrado y que les creaba una gran inseguridad y ansiedad.

Reflejo de ello es la conocida frase «I hope I die before I get old», espero morir antes de envejecer.

Un fuerte contraste entre nuestra juventud de la época y la del resto de la Europa democrática. Aquí todo se movía de una forma mucho más lenta y pausada, con esa falta de libertad con un mantenimiento artificioso de unos valores desfasados y moribundos con un inequívoco sabor a rancio.

Así, sí bien a Juan le encantaba esta canción, más por su ritmo que por una letra que no entendía en aquel momento, la ruptura de su generación con la de sus padres no fue tal como predijeron los Who. Fue casi más bien una continuidad con matices y un cambio mucho menos traumático que allende los Pirineos. Pero al fin y al cabo representó una metamorfosis lenta, imparable y duradera que nos sigue marcando ahora desde entonces.

Hace hoy poco más de un año, Juan acudió puntualmente a esa cita periódica de la quinta del instituto, aquella ya lejana promoción del 78/79*, marcada por la plena efervescencia democrática en una época de grandes cambios, para intentar dejar atrás rápidamente el postfranquismo buscando descaradamente nuestra identidad europea, una forma de recuperar el tiempo perdido.

*Son los nacidos en 1964, por cierto considerada la mejor añada del vino de Rioja del siglo XX, ¿es sólo pura coincidencia?

Con aquellos 13 o 14 años de entonces – nada que ver con lo de ahora – algunos afortunados, que no todos como sucede en la actualidad, dieron el salto desde la entonces enseñanza básica obligatoria (EGB) a la secundaria (BUP), en un afán y deseo de sus padres en que sus vástagos alcanzaran esa formación que ellos no tuvieron en la esperanza de lograr una vida mejor y menos dependiente de los caprichos del mundo laboral.

Instituto ibi
Antiguo Instituto de Bachillerato Fray Ignacio Barrachina de Ibi y su aspecto de chalé.

Muchos de aquella generación fueron los primeros de su familia en lograr cursar los estudios de bachillerato, logrando en algunos casos alcanzar incluso aquella gran meta que era entrar en la universidad.

Y así, algunos privilegiados dieron el salto, entre ellos nuestro amigo Juan, que recuerda aquella etapa como una de las mejores y más fascinantes de su vida.

Durante la misma, conoció lo que suponía el subidón de las hormonas durante esa decisiva fase de la existencia que es la adolescencia y que nos marcó a todos para siempre. Y Juan descubrió, entre otros haberes, la apetencia irrefrenable hacia esas compañeras de clase, «las chicas» que de pronto empezaba a mirar con otros ojos.

Y es que la imaginación, con esa carga de ingenuidad y de instintos propios de la edad, lo es todo y provoca una sensación irrepetible. Una auténtica gozada nostálgica contemplada hoy desde el púlpito de la experiencia acumulada tras el paso de los años.

Allí Juan se reencontró con viejos amigos, con aquellas buenas personas que habían formado parte de su vida conformando un grupo heterogéneo de gente de diferentes procedencias, gustos y metas.

También recordó a otros compañeros olvidados, debido al paso del tiempo y la absorbente rutina diaria, y a otros muchos que únicamente recordaba fugazmente. Por entonces, las clases eran más numerosas y ya el fracaso escolar era abundante, por lo que las entradas y salidas eran una constante.

Y por supuesto, volvió a estar con algunas de aquellas chicas, esas diosas tan voluptuosas e inalcanzables entonces, centro de atención general en clase, y que eran ahora mucho más accesibles, cercanas y humanas.

Y es que nuestra relación con el tiempo, cuando le has dado la vuelta al jamón de la vida y empiezan a quedarte menos chuches en tu bolsa vital, hace que tu percepción de las cosas, de las situaciones y de las personas cambie, y mucho.

Juan observaba como su generación había evolucionado durante todos estos años y como la vida había tratado a cada uno de sus miembros de forma distinta. Pero por lo general, todos estaban bien.

discoteca
La época dorada de la música disco, con su inconfundible bola central de espejos.

Lo importante es que estaba allí, compartiendo el momento y esas ya batallitas con una puesta al día a todo gas, no con sin alguna que otra sorpresa y confesión inesperada. Porque al fin y al cabo, no cualquier tiempo pasado fue siempre mejor.

Comprendieron entre todos como su microcosmos había cambiado de forma ostensible con el devenir de los años. Ahora sus propios hijos eran aquellos adolescentes que venían empujando pidiendo paso, no con un pan debajo del brazo, sino con la insospechada fuerza de su era, la digital.

Llegaron al entendimiento de como su relación con ellos era muy distinta a la que habían tenido con sus padres, aquellas personas abnegadas, pero por lo general mucho más distantes que en estos tiempos, marcados quizá por un exceso de proteccionismo y demasiadas posesiones materiales.

También observaron como había desaparecido esa barrera invisible que existía entre los nativos y los foráneos, entre los que venían de los colegios privados y los públicos, entre els xics del poble y el resto. Realmente nunca hubo problemas de convivencia, pero sí un sentido de pertenencia y de afirmación entre dos bandos condenados a entenderse y a enriquecerse en el tiempo.

Una época marcada por la música disco y las inolvidables discotecas, el universo «pasota» y los primeros cigarrillos y algún que otro porro, de los pantalones vaqueros Lewis 501, de la revista ñoña Super Pop y de aquellas primeras y exclusivas motocicletas «Puch Cobra».

Y esta reunión le vino especialmente bien a Juan, en un momento especialmente delicado, cuando sufrió una cura de realidad en su particular día de la infamia, esa experiencia que todos tenemos o tendremos en algún momento de nuestras vidas y que nos pondrá blanco sobre negro sobre lo que realmente es importante y lo que no lo es.

Sí se aprovecha bien la experiencia, tras una cerrada y brusca curva de aprendizaje, se puede extender una larga y tranquila recta llena de tranquilidad y de sosiego, dónde tus propios objetivos a estas alturas ya no se confunden más con las metas y los planes de otros. Y Juan dio amén gracias por la revelación, porque junto a sus viejos camaradas, se dio cuenta de que no estaba solo.

Y así, entre todos, sobresaliendo las luces sobre las sombras, gozaron de una velada fantástica, compartiendo esas incipientes arrugas, alguna que otra calva galopante, un buen manojo de canas casi unánimes, ese indeseado efecto de la gravedad en cada uno de ellos y compartiendo esas pastillas de colores para aminorar el efecto de las primeras dolencias propias de la edad, una vez que has sobrepasado los cincuenta y tantos.

Porque en definitiva, aquella generación fue y es literalmente genial e irrepetible.

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LA ENVIDIA, NUESTRO PECADO CAPITAL.

envidia plantas

La envidia ha sido tratada desde varios puntos de vista, desde el estrictamente académico, religioso y sociológico, pasando por el patológico, hasta llegar a la misma cultura popular.

Está ahí, detrás de muchos sucesos, ascensos y caídas. Es el origen de otras faltas y de otros pecados (de ahí realmente el origen del adjetivo que suele acompañarlo,  «capital») y casi siempre está cerca de nosotros, siendo el mejor antídoto el ignorarla.

La envidia es como la carcoma, silenciosa y traicionera, no da la cara, cambia el carácter de las personas envenenando su alma y las hace padecer gratuitamente.

La envidia entre los Siete Pecados Capitales.

En el siglo VI, el papa romano San Gregorio Magno recapituló y resumió todos los vicios humanos a un total de siete para educar a los creyentes en una correcta moral cristiana. Son los conocidos como los pecados capitales, porque ellos son el origen de todo el resto de pecados y maldades de la humanidad. Y la envidia forma parte del septeto.

La envidia como concepto.

Según la RAE, la envidia tiene dos significados:

1. f. Tristeza o pesar del bien ajeno.

2. f. Emulacióndeseo de algo que no se posee.

En una versión más extendida «la envidia es aquel sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles.»

La envidia en el psicoanálisis.

En el ámbito del psicoanálisis la envidia es definida como un sentimiento experimentado por aquel que desea intensamente algo poseído por otro.

La envidia daña la capacidad de gozar y de apreciar lo que posee uno mismo. Es el factor más importante del socavamiento de los sentimientos de amor, ternura o gratitud.

La envidia es un sentimiento enojoso contra otra persona que posee o goza de algo deseado por el individuo envidioso, quien tiene el impulso de quitárselo o dañarlo.

A diferencia de los celos, que se basan en el amor y comprenden un vínculo de por lo menos tres personas, la envidia se da de a dos y no tiene ninguna relación con el amor.

La persona envidiosa es insaciable porque su envidia proviene de su interior y por eso nunca puede quedar satisfecha, ya que siempre encontrará otro en quien centrarse.

La envidia en la cultura popular.

mal de ojo
La creencia tan arraigada en nuestra cultura del «mal de ojo» nace de la envidia.

El término ENVIDIA significa «el que no ve con buen ojo» y es el origen de la conocida superstición mediterránea del «mal de ojo», y que, en el fondo, trata de la cuestión de como ver y cuidarse de los efectos de la envidia: de aquel que te mira mal y te desea especialmente la desdicha.

El pecado de la envidia se ha atribuido más siempre al hermano de en medio, que estando entre el primogénito y el pequeño, siempre ha tenido queja de ambos, tanto por arriba como por abajo.

En su defensa, también es corriente que, de todos ellos, sea el que mejor corazón y fondo tenga. Una buena forma perfecta de contrarrestrar el pernicioso efecto de la envidia.

La envidia en España.

Siempre se ha considerado que se trata de una de nuestras peores faltas, tanto en casa como en el extranjero.

Al español se le considera especialmente envidioso de su vecino, porque suele tener la creencia de que sí éste triunfa no es debido a sus méritos, sino a la fortuna inmerecida.

La envidia no ha dejado de ser un lastre, tanto para el envidiado como para el envidioso, en ese intento, logrado o no, de quemar tanto las naves propias como las ajenas con tal de fastidiarlo todo.

forges maledicencia
El genial Forges con su crítica nacional.

Es un pecado tan grande y fuerte que no nos ha dejado avanzar. Históricamente nos ha perjudicado con gobernantes y reyes incompetentes que han estado servidos y rodeados de envidiosos traicioneros y de aduladores a la carta, en un falaz intento de hacer bueno lo malo.

Aquí, la envidia es perfectamente reconocible gracias a ese sistema inmune que hemos desarrollado para nuestra defensa. Una mezcla entre el vicio de quejarnos – no sea que nos miren mal – y el pasar desapercibidos, pero especialmente tiene que ver con el hecho de haber desarrollado un sexto sentido para saber captar ese gesto y esa mirada que delatan al envidioso para apartarnos de su pernicioso camino cuanto antes.

O como ocurre en mi tierra, para exagerar y decir mentiras para que el interior del envidioso arda con mayor intensidad en su inquina.

Se considera que la envidia (y los celos) nos emparenta con nuestro pasado árabe, herencia esta que sigue fijada en nuestra forma de pensar, ver y de tergiversar la realidad. Motivo de disputas fratricidas de todo tipo, entre hermanos y familiares por herencias, tanto en vida como tras una muerte, y que rompe vínculos de por vida.

Preferimos rápidamente «sacar las escopetas y blandir las navajas» y alimentar así un sentimiento malvado y perverso, que prefiere la maledicencia y la mala fe que el hablar cara a cara para buscar soluciones y entender que siempre hay una tercera vía para todo.

Ahora con la autonomías, algunos políticos, en defensa de sus intereses y de mantener su silla calentita, envenenan a su electorado avivando este sentimiento tan sensible y a ras de piel, echando la culpa de todos sus males únicamente a sus vecinos, a los del otro lado, porque se llevan todo el dinero, las inversiones, la industria, el agua o lo que sea. Una suerte de «fake news» al servicio del poder que apasiona y evitar tratar cada tema con mayor profundidad e inteligencia.

Lamentablemente, con este tipo de comportamientos aquí, todavía no somos tan europeos como pensamos.

EL DÍA DE LA INFAMIA.

LA ENVIDIA, UN PECADO DE PROXIMIDAD.

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LA ENVIDIA, UN PECADO DE PROXIMIDAD.

la envidia

«No hay amistades, parentescos, calidades, ni grandezas que se opongan al rigor de la envidia».

Quien dice estas palabras no es otro que Miguel de Cervantes, quien bien padeció el alcance de la envidia en sus carnes y en su espíritu.

A su regreso del cautiverio del Argel, tullido, envejecido y pobre, se topó con el ídolo del momento, el llamado «Fénix de los Ingenios», Lope de Vega, que más joven, era el rey de los corrales de comedia. Lo intentó en esa disciplina, pero lo suyo era otro género literario: la novela.

Por contra, se ha sospechado siempre que el famoso dramaturgo y sempiterno galán (vamos, un ligón calenturiento de la época) fue el impulsor del llamado «Quijote de Avellaneda» como intento de fastidiar a Cervantes su obra magna, si bien, como suele ocurrir en bastantes ocasiones, la envidia y la mala fe lograron todo el efecto contrario: forzó al Manco de Lepanto a ponerse las pilas y a escribir la segunda parte de esa excelsa obra de todos los tiempos.

Pecado este de la envidia que estuvo fastidiando y motivando a los dos en pos de la fama y del favor del público de la época, siendo claro ganador, en su siglo, el autor de Fuenteovejuna.

La envidia, un pecado muy español.

Ya en aquellos tiempos Quevedo (que fue un envidioso y difamador contra Góngora) ya comentaba que «la envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come.»

Borges afirmaba que «los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen que es envidiable«

Y Cela, por otro lado, dejó constancia que «el español arde en el fuego de la envidia como el anglosajón se quema en la hoguera de la hipocresía y el francés se consume en la llama de la avaricia»

El Bosco, ese «Rare Avis» de la pintura flamenca primitiva que tanto fascinó a Felipe II, muestra la falta de la envidia en su famosa y moralizante Tabla de los Siete Pecados Capitales. Durante la exposición en el Museo del Prado en Madrid durante 2016, no pude dejar de observar y de experimentar (por partida doble) la inquietante imagen del maestro flamenco sobre nuestro considerado principal pecado capital.

De nuestro longevo y extenso pasado árabe, seguramente sea la envidia, junto con los celos, uno de los principales legados recibidos, de tal modo que forma parte de nuestro ADN nacional. Sentimiento este más fuerte cuanto más al sur nos encontremos de nuestra piel de toro, por una sencilla razón de una mayor exposición y calado.

El pecado de la envidia siempre ha viajado con nosotros desde que el hombre toma conciencia de lo que es, quiere y desea. Forma parte de nuestra naturaleza humana y ha sido el origen de muchas desgracias y desdichas de todo tipo, tanto para el envidioso como para el envidiado y, en no pocas ocasiones, para ambos.

la envidia
La envidia y su fiel servidor, el envidioso, siempre están cerca de tí, observándote.

Porque en España, se tiene envidia de todo lo imaginable, hasta de lo que uno debe.

El envidioso no es consciente de su falta, pues las penas que le acarrean la envidia son culpa de otros. Piensa tanto en la permanente injusticia hacia su persona como en la fortuna en forma de suerte inmerecida de la que disfrutan otros, los envidiados.

Este pecado le paraliza y le atenaza y poco a poco va envenenando su opinión sobre la realidad hasta deformarla. La envidia es cautelosa y corroe el interior del envidioso lentamente como la carcoma hace con la madera y el óxido con el hierro.

Cuando un amigo de siempre te deja de tratar y de hablar, sin otro motivo que excusas peregrinas, el pecado de la envidia está detrás. El éxito profesional o personal no es bien tolerado por el envidioso. Cuando triunfas ocurren dos cosas: aparecen los aduladores y los envidiosos, siendo frecuente la unión de ambos.

La ENVIDIA es un pecado de cercanía: se ceba contra el hermano, el compañero de trabajo, el amigo, el vecino… porque está siempre cerca del envidioso recordándole su propia desgracia, a menudo sin darse ni cuenta y sin poder evitarlo.

Pecado de proximidad, oculto e insospechado.

Extracto de la publicación del Premio Planeta Juan Eslava Galán en El Mundo el 5/8/2017, sobre un hecho acaecido durante la Guerra Civil Española:

«Un señor acomodado reconoce entre los milicianos que lo custodian a un camarero de su casino al que daba generosas propinas.

Estoy salvado – le confía a otro compañero de cautiverio – aquel miliciano me conoce y me estará agradecido.

El mandamás de la caterva decide fusilar a unos cuantos y para sorpresa de los prisioneros, el supuesto miliciano agradecido designa el primero a su benefactor.

El que recibió su confidencia murmura para sí: menos mal que yo no tengo quien me odie porque nunca le he hecho un favor a nadie”.

Con el tiempo, el español ha desarrollado el antídoto perfecto para frenar la envidia: inventar mentiras piadosas para quitarse de en medio.

Así, Agustín de Foxá, noble, escritor, diplomático y franquista, en perfecto estado de salud, feliz y contento, difundió que estaba enfermo con tal de que no lo envidiaran más de la cuenta. Esta es la flaca alegría del envidioso.

En España, somos expertos en la queja perenne, y aunque nos vaya bien, sacamos el vicio de quejarnos de todo. No sea que nos pidan alguna cosa. O lo que es peor: QUE NOS COJAN TIÑA.

Y como afirma el Sr. Eslava, «La envidia es un pecado de lo más práctico porque lleva incorporada la penitencia: cuanto más envidias, más sufres.»

LA ENVIDIA, NUESTRO PECADO CAPITAL.

EL DÍA DE LA INFAMIA.

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EL DÍA DE LA INFAMIA

traición

Cuando Juan ascendió profesionalmente en la empresa gracias a su tesón y dedicación, le ocurrieron dos hechos inesperados.

El primero tuvo un efecto inmediato: algunos de sus compañeros, ahora subordinados a nivel profesional, empezaron a tratarle de forma diferente, con mayor consideración, mejor tono e incluso con cierto servilismo. Ello le llamó la atención, pero como siempre, liado y concentrado hasta la médula en su labor, no le prestó mayor importancia. Siempre había sido una persona confiada que caminaba por la vida a pecho descubierto, creyendo en la buena fe del equipo y de que todo el mundo es bueno por definición.

Y el segundo efecto, invisible pero más tumoral, fue ese guiso de cocción lenta y continua que se fue macerando a base de la maledicencia y la ignorancia en esos corrillos de sabios que se forman en las empresas, y dónde los muchos tontos se prestan al juego cobarde y navajero de unos pocos cizañeros que habían emponzoñado el ambiente largamente.

Con el paso del tiempo, tal como ocurre con esa enfermedad de cuyo nombre no queremos ni pronunciar, la cosa dio la cara inesperadamente, y Juan se vio entonces atrapado entre dos fuegos sin poder de reacción. Evidentemente, el factor sorpresa era decisivo para los instigadores, algunos de ellos meros peones avanzados en una partida de naipes con las cartas marcadas.

Como sucede con aquel que rompe algún plato porque siempre los friega, Juan vio cercenado su trabajo de años y de esfuerzo en tan solo 20 minutos. Sembró la duda incluso entre sus patrones y mentores, y su exposición fue tan brutal que, para cuando todo se aclaró, algo en el interior de nuestro amigo había cambiado ya para siempre. Ya tenía su ZONA CERO.

Porque de tu zona de confort realmente te echan a patadas, y lo único que cambia es el nombre que le pongas: infarto, accidente, divorcio… y en el caso de Juan, trabajo. Pero lo más importante de todo es saber durante cuanto tiempo te va a seguir doliendo esa patada. Y en este caso, sí bien hubo perdón, nunca habrá un olvido.

Y es que Juan, sin darse cuenta, en el fondo, había sido víctima del sucio pecado de LA ENVIDIA.

LA ENVIDIA, UN PECADO DE PROXIMIDAD.

LA ENVIDIA, NUESTRO PECADO CAPITAL.

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LA TORMENTA PERFECTA: EL CRASH DE LAS PENSIONES.

tormenta perfecta

– Esto es lo que hay: cuantos más seáis, a menos tocaréis.

Todo un ejemplo de como el sistema de reparto actual ha quedado para los saldos.

Muchos retos y una gran tarea a realizar entre todos para intentar cuadrar las cuentas públicas, ese dinero que sin nombre, suele ser mal administrado y motivo de despilfarro y saqueo tentador por quienes, a los cuatro años de mandato, se pueden quedar en la calle sin saber adonde ir.

La tarea es descomunal y la solución, total o parcial, debe ser poner en marcha varias medidas simultáneas, entendiendo bien cada uno de los problemas a acometer.

1. Antes, cotizábamos 40 años y cobrábamos 15. Ahora, aportamos de media 30 y percibimos la prestación durante más 20 años. Es decir, necesitamos hacer casi el doble de esfuerzo de hace unos pocos lustros para atender unas necesidades que no paran de crecer.

2. Tenemos una natalidad muy baja y un vuelco piramidal de la población en el que se basa un sistema de reparto, a todas luces obsoleto.

Y a mayor esperanza de vida, también más gasto sanitario.

3. Nosotros, los babyboomers, somos los que estamos ahora aguantando el sistema, con nuestros empleos mayoritariamente fijos, mejor remunerados y con mayores niveles de cotización, pero somos los que vamos a padecer el reparto del abuelo Quico cuando agitaba aquellos sufridos 60 duros. Sí nadie lo remedia.

4. Gran parte de los nuevos trabajos (que deben sustituir a los anteriores) son empleos peores, mal pagados y de baja calidad, y, que por lo tanto aportan, poco al sistema.

5. La Revolución Tecnológica ya está aquí para quedarse, y en ciernes también la Inteligencia Artificial, que imitará cada vez más y mejor las pautas humanas.

Así, de este modo, desaparecerán muchos empleos, especialmente los repetitivos, y sí bien serán necesarios los cualificados, por cada nuevo ingeniero contratado, desaparecerán 50 operarios manufactureros o más.

6. La inmigración y la presión demográfica. Sí miramos nuestro entorno, África, ese continente olvidado por el progreso, está ahí al lado. Países con un alto índice de natalidad y con una renta per cápita diez veces inferior a la media mundial y que anhelan una vida mejor cruzando el estrecho. Solo Nigeria, alcanzará en breve los 200 millones de habitantes. Todo un reto.

7. Mucha gente se va a quedar «fuera del sistema». ¿Qué hacer con ellos? Habrá que cubrir las necesidades básicas y evitar problemas, pues ningún gobierno quiere lío en la calle («paz social»), y más ahora con la capacidad que nos dan las nuevas tecnologías para presionar. Y todo, absolutamente todo, tiene un coste.

Ahora ya ha llegado el momento de sacar el capote y que los que manden se merezcan el jornal.

La solución ni será única ni sencilla. Habrá que actuar desde ya con imaginación y creatividad en varios frentes a la vez.

jubilación
Mantener el Estado del Bienestar es respetar a nuestros mayores.

1. Empezar por un reparto justo del nivel de las pensiones, que tenga en cuenta todo el esfuerzo individual realizado (y actualizado) durante la vida laboral completa, y no como ocurre ahora, que no siempre el que más aporta en total es el que más cobra.

2. Luego, fomentando seriamente la natalidad, para que tener hijos no sea precisamente una carga, sino una inversión para el futuro. Una verdadera política de conciliación familiar. Personalmente, ese mensaje repetitivo de recurrir únicamente a los inmigrantes a discreción, no me parece ser la solución ideal y encierra otros motivos y peligros.

3. Sacar lo mejor de la revolución tecnológica para hacernos la vida más sencilla, pero también más barata y que, incluso con menos ingresos, tengamos más cosas. Acabar con la burbuja artificial de los precios y los «sobre costes» que hacen de los lobbies los verdaderos centros del poder mundial.

Y que no nos vendan que la tecnología será como el meteorito que acabó con los dinosaurios.

4. Luchar seriamente contra la piratería de la economía sumergida y cierta ingeniería financiera, precisamente reduciendo los impuestos para que delinquir ya no valga la pena de correr el riesgo. Y no solo en cuanto a los números, sino de forma implacable sobre la explotación humana aquí y en otros lugares. Los consumidores tenemos mucho que decir en este sentido sí empezamos a mirar las etiquetas.

5. Separar de una vez los gastos de la Seguridad Social, entre los estrictamente sanitarios y los propios de las  pensiones, para tener los números más claros, y de esta forma, tomar decisiones correctas.

6. Legislar y fomentar unos fiables e interesantes planes de pensiones complementarios, y no que se rían en nuestra cara permitiendo el secuestro de nuestro dinero y su dilapidación final con impuestos diferidos. Sistemas mixtos, haylos, pero hay que empezar a ponerlos en marcha.

7. Educar a la población para que tome conciencia del coste del sistema, su funcionamiento y finalidad y su gestión. Porque lo que no se conoce bien, no se valora en su justa media, y lo que no se valora, parece ser gratis. Hasta que desaparece y lo tienes que pagar, claro. Papá Estado estará ahí, pero tú también tendrás que poner de tu parte.

8. Y por último, que nuestros mandamases den ejemplo de transparencia y de honradez, y no que sean el espejo donde la sociedad se refleje diciendo aquello de que «es lo que hay», fomentando los méritos en lugar de los voltios, y las capacidades en vez de ese asqueroso postureo que nos hace subir la bilis y esa sensación de abandono por parte de quienes nos gobiernan.

LAS CUENTAS DEL ABUELO Y LAS PENSIONES.

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LAS CUENTAS DEL ABUELO Y LAS PENSIONES.

billete de 100 pesetas

El abuelo Quico era de aquellas personas que, pertenecientes a la época oscura del franquismo, era especialmente sagaz y observador.

Su formación era superior a la media de entonces, pero más sí cabe su mente adelantada y prisionera en una época equivocada. Así es la vida.

Inteligente, detallista y familiar, recuerdo como el día de Navidad nos estrenaba, lo que se conoce más habitualmente como dar el aguinaldo.

Como su nieto mayor que era, recuerdo que me daba veinte duros*, lo cual para la época era toda una fortuna. Luego, llegó mi hermano y el hombre, haciendo un esfuerzo siguiendo una convicción de equidad, nos daba el mismo importe a ambos.

*20 duros= 100 pesetas o 0,60€, para lo que se pierdan aquí.

Más tarde, cuando llegó mi primer primo hermano, el abuelo, que no era precisamente ni rico ni un mecenas desprendido, empezó a hacer cuentas, y siendo previsor como siempre había sido, nos siguió dando los preciados veinte duros a cada uno de los tres, cada día de Navidad con toda la familia reunida alrededor del fuego.

crías de pájaros
Mayor esfuerzo para salir adelante.

 

Supongo que en esa época, el hombre ya tenía que hacer un esfuerzo titánico para llegar, ver y cumplir con todos por igual.

Pero la situación cambió de forma radical con la llegada de mis primos mellizos. Con cinco nietos a los que contentar, el abuelo Quico terminó por descarrilar, y un día, enseñando a todos los 60 duros, dijo:

– Esto es lo que hay: cuantos más seáis, a menos tocaréis.

Y así, de esta forma, aprendí la utilidad práctica de la división en las matemáticas, pasando de 20 a 12 duros per cápita «sin vaselina», y eso, sin contar con la inflación ni ese tipo de cosas que nos traían un poco al pairo entonces.

Por supuesto, mi abuelo siguió siendo un tipo genial y entrañable, pero la lógica de los números lo había desbordado.

Ahora, varias décadas más tarde, y gracias al pleno debate del sistema público de pensiones (que ya era hora), me vino a la memoria aquel día en el que el abuelo enarboló aquellos 60 duros para el reparto entre cinco.

Sí los números no fallan (que no suelen hacerlo), sinceramente estamos lo que se dice literalmente jodidos.

Supongo que lo ideal tanto para mi hermano como para mí, es que el abuelo únicamente nos tuviera a nosotros dos como nietos para el aguinaldo. Más tarde, con la llegada del tercero en la nómina navideña, la cosa empezó a andar justa, y con la presencia de los mellizos, ya no alcanzaba para todos por igual. Era injusto, tanto para los últimos en llegar como para los ya habituales, pero no dejaba de ser una realidad.

Por supuesto, una pensión pública no tiene nada que ver con un regalo, ni mucho menos, pero la situación supone cierto paralelismo pragmático.

Hasta fin del siglo pasado, tal como le ocurría al abuelo Quico con solo dos nietos, el Estado podía asumir perfectamente el coste de las pensiones. Ahora (con el tercer nieto poniendo la mano como los otros dos), hay que hacer números y el sistema es claramente deficitario tal como está.

Y falta por llegar lo peor, los mellizos, es decir, la llegada a la jubilación de los babyboomers, aquellos que nacimos en la década de los 60 y que empezaremos a jubilarnos a mansalva dentro de unos pocos años.

poner cascabel¿Y quién le pone entonces el cascabel al sistema público de pensiones?

 

Ha hecho falta que nuestros mayores hayan salido a la calle para que a nuestros políticos les entre el canguelo en el cuerpo. No hay nada como el peso de los votos cuando un colectivo supera los nueve millones de personas. Algo realmente muy serio para un político. Y encima, les van a obligar a pensar y a ponerse a trabajar, ¡vaya!

Por lo tanto, a partir de ahora, tendremos que estar muy atentos a cada jugada y asimilar los cambios venideros, sin dejar de escuchar todo tipo de ocurrencias de lo más variopinto a las que ya nos tienen acostumbrados nuestras señorías.

Entre los insultos y las tonterías, al menos exigirles unos mínimos: que dejen trabajar a los profesionales que realmente sepan de todo esto, pero sin olvidar nunca el lado humano.

En todo caso, hay que tenerlo muy claro: se aproxima la TORMENTA PERFECTA. Amén.

LA TORMENTA PERFECTA: EL CRASH DE LAS PENSIONES.

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EL MAYOR GENOCIDIO DE LA HISTORIA.

historia

La historia de la humanidad discurre lamentablemente de batalla en batalla y de exterminio en exterminio.

No hay época en la que el uso de la fuerza haya dejado de ser el brazo ejecutor para imponer la voluntad de una parte de nosotros sobre la otra. Cualquier excusa ha servido para tal fin. Motivos siempre haylos, pero si no estaban ahí a mano de forma visible, sencillamente daba igual. ¡Menudo somos nosotros para buscar, inventar, difamar y manipular!

Ya se sabe: cualquier mentira a fuerza de repetirse una y otra vez como una falsa verdad, termina por transformarse en una de ellas. Y entonces ya tenemos el motivo perfecto para liarla parda.

A estas alturas, nadie duda que la violencia forma parte de la naturaleza humana, y por muchas capas de barniz que pintemos encima de nosotros, sí se dan las circunstancias para la tormenta perfecta, siempre terminamos por echarnos al monte.

Cuando acabar físicamente con el prójimo se convierte en una acción programada y sistemática a gran escala de un grupo humano por motivos de raza, religión, etnia, nacionalidad, cultura… estamos hablando de genocidio. Todo vale. Todo sirve. Es el miedo y el terror institucionalizado a gran escala al servicio del poder para exterminar a los otros por «ser diferentes».

En el ranking de grandes genocidas encontramos a sujetos como Stalin, Hitler, Pol-Pot, Tojo, Leopoldo II… gente infame y enferma que, con poder, ha masacrado a propios y extraños con la ferocidad de un lobo rabioso. Cada uno con su propio estilo y sus medios, pero con idéntico resultado atroz. El presente ya les ha juzgado.

Sin embargo, nos olvidamos a menudo del MAYOR GENOCIDIO DE LA HISTORIA, aquel en el que constantemente una mitad de la humanidad ha subyugado a la otra mitad durante largo tiempo. ES LA FATALIDAD HISTÓRICA DE SER MUJER.

Porque la mujer siempre ha perdido. Sí formaba parte del bando vencido, ya se sabía las consecuencias. Y sí estaba en el ganador, pues a seguir sufriendo el carácter, las arbitrariedades, las manías y las frivolidades de LA VOZ DE SU AMO.

Mujeres «rompedoras» y determinadas a cambiar su rol en el mundo.

Relegadas y poco valoradas, ignoradas, maltratadas en general, olvidadas y expuestas como mercancía, violadas, insultadas y agredidas, manipuladas, esclavas y prisioneras en vida…

Consideradas seres humanos inferiores, inspiradoras de nuestras desgracias colectivas y siempre tentando al hombre como en el pecado original.

Nuestra historia es realmente un relato en masculino, escrita y dirigida casi exclusivamente por hombres. Lo mismo podemos afirmar de nuestro acervo cultural, de nuestros monumentos y obras de arte, de la literatura y del lenguaje usado todos los días. Mientras tanto, nuestra otra mitad ha sido directamente vilipendiada por la ruindad de la fuerza bruta y la ignorancia.

Y que yo sepa, aún no hemos pedido un perdón histórico y colectivo, nosotros, los hombres.

A nuestras esposas, hijas, hermanas, madres, abuelas, tías, suegras y cuñadas, profesoras y vecinas… y en definitiva a todas aquellas bravas y sufridoras mujeres, sin las cuales, no estaríamos ni aquí ni otros vendrían detrás.

El siglo XX fue el inicio de un cambio y nuestra sociedad occidental ha avanzado mucho desde entonces, volviéndose más rica, plural y diversa, PERO NO ES SUFICIENTE.  Y estamos hablando únicamente de una pequeña parte de la población del planeta, ya en pleno siglo XXI.

Un buen amigo tunecino me dijo un día: «No lo dudes, la verdadera primavera árabe llegará cuando todas nuestras mujeres se quiten la capota de encima. Ahí cambiará todo.»

Para cuando se publique este post, ya se habrá celebrado el Día Internacional de la Mujer el 8 de marzo, efeméride que viene precedida quizá de un exceso de demagogia y manipulaciones políticas, huelga incluida.

Hace escasas semanas, vi por televisión un programa moderado por un conocido locutor de radio, dónde se planteó la cuestión de la igualdad de sexos en forma de una batalla premeditada entre las chicas por un lado y los chicos por el otro.  El casus belli no fue otro que el ACOSO. Y allí quedaron fijadas, como en la guerra de posiciones del 14, dos posturas enfrentadas y lideradas entre la siempre brillante Isabel Gemio y el incendiario Salvador Sostres. Nada que hacer.

La igualdad: un trabajo en común entre tod@s para un mundo mejor.

Por favor, no entremos al trapo ni juguemos a ESTO. No nos dejemos manipular ni a interpretar siempre el papel de ofendidas, ni a asumir el rol de ofensores. No crucemos la delgada línea roja de víctima a verdugo.

Empecemos trabajando desde abajo, desde la escuela, fomentando una paridad y un respeto mutuos, avanzando inteligentemente en el mundo laboral y con una correcta visibilidad pública con verdadera igualdad de posibilidades, dónde los méritos individuales sean realmente la piedra angular, sin tener en cuenta si se es mujer u hombre. Porque ante todo, TODOS SOMOS PERSONAS.

Como casi siempre, LA FOTO está bien, pero lo que importa de verdad es el día a día y el esfuerzo colectivo, tanto de las mujeres como de los hombres por alcanzar una verdadera igualdad tanto en derechos como en obligaciones. Y que el hecho de ser mujer no sea ya una fatalidad, sino todo lo contrario: una bendición y un motivo de orgullo.

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LA MALA EDUCACIÓN (II)

tocadiscos

Nuestra educación actual sigue siendo como los antiguos discos recopilatorios de vinilo: por tres o cuatro canciones que realmente te gustan, tienes que escuchar, en el mismo formato, otros muchos cortes que no te interesan.

Los planes de estudio asumen que todos los alumnos tienen los mismos intereses y las mismas capacidades, y su falta de flexibilidad y de adaptabilidad, los hacen cada vez más ineficaces e inútiles.

Alfonso Longo, un enriquecedor y participativo contacto en Linkedin, comentó recientemente su caso, uno real, que coincide además con otro idéntico de una compañera de trabajo:

La brecha entre la revolución tecnológica actual y la enseñanza es cada vez más grande y amenazadora para un sistema educativo, que mastodóntico, se está quedando obsoleto. YA NO PUEDE SEGUIR SIENDO GENERALISTA.

Cada vez la gente lee menos periódicos, ve menos televisión y escucha menos la radio, tal como los conocemos. Hoy tenemos la prensa online y plataformas como Netflix que satisfacen directamente nuestros gustos y necesidades personales a la carta de forma individual y satisfactoria, y, además, sin robarnos tiempo con contenidos que no nos interesan en absoluto.

Nuestro amigo Juan es un gran amante de la música, y a pesar de pasar muchas horas en su coche, ya no escucha las emisoras de radio. El motivo: cada vez es más exigente y no existe la cadena en el dial que ponga únicamente la música que le gusta a Juan. En cambio, para satisfacer su afición, tiene a su servicio Spotify, un servicio que conoce sus gustos y que le permite programar y sugerir esas canciones y grupos con los cuales nuestro amigo disfruta y es feliz. Y además, se ahorra la publicidad y los comentarios intrusivos de los locutores que no le importan para nada.

YA NO SIRVE EL «CAFÉ PARA TODOS», y tal como afirma nuestro amigo Alfonso, no es el alumno quien debería adaptarse al sistema educativo, sino al revés.

Tenemos la tecnología a nuestro servicio, más fiable y veloz cada día, y los algoritmos matemáticos son más rápidos y fiables para centrarnos en todo aquello que nos gusta, nos causa placer y nos entusiasma. Todo ello, bien utilizado, nos hará mejores y más dichosos. Y no lo olvidemos, todos formamos parte de la sociedad: sí nosotros mejoramos, ella también lo hace.

Tendremos a nuestra disposición una serie de «asistentes electrónicos» que nos ayudarán en todo momento en cualquier faceta de nuestras vidas. Nos aconsejarán qué estudiar, qué escuchar, qué leer, qué ver y cuando verlo, dónde comer, en qué lugar aparcar… se van a adaptar a las necesidades tan pronto las necesitemos, sean estas permanente o simplemente de un sólo uso.

¿Por qué no aplicar los nuevos avances, que ya están ahí, a nuestro sistema de enseñanza, para que sea mejor, más avanzado, personalizado y enriquecedor?

Todo lo «generalista» tiene los días contados. Y la MALA EDUCACIÓN no tiene escapatoria alguna. El colegio cada vez tiene menos que ver con memorizar y si más con aprender y enseñarnos a pensar para desarrollar nuestras capacidades. No se trata ya de estudiar para aprobar sino de «grabar» cosas útiles que nos harán más completos y dichosos en la vida real.

Sistema de enseñanza no masificado y personalizado. Nuevos ambientes docentes de calidad al servicio de los alumnos.

Los resultados obtenidos en Estados Unidos aplicando la tecnología (y por supuesto las ganas de hacerlo) retocando unos sencillos parámetros de los planes de estudios, según las características y las capacidades de cada alumno, han dado como resultado una mejora en las calificaciones de algunas asignaturas del más del 50% por encima de la media, en comparación con el sistema tradicional.

Como todo avanza de forma vertiginosa y exponencial, tenemos que hacernos otras preguntas:

– Para ciertas asignaturas y a partir de una edad, ¿es necesario acudir siempre físicamente al centro educativo para aprender? Pensemos en el enorme ahorro de tiempo en esos desplazamiento que además el medio ambiente agradecería.

– ¿Hacen falta realmente los libros en papel cuando tenemos a un golpe de clic su contenido digitalizado y siempre actualizado?

– ¿Qué tipo de enseñanza realmente necesitamos aprender básicamente en cada etapa de nuestra vida escolar?

Juan fue realmente bueno en lenguas clásicas durante el bachillerato. Leyó y tradujo gran parte de la «Guerra de las Galias» de Julio César. Incluso, en la asignatura de griego clásico sacó matrícula de honor, ¡y no hay noche que no pueda ir a la cama sin pensar en el ἡ κοινὴ διάλεκτος! Y sin embargo, «se la metieron bien doblada» en el euribor y en la clausula suelo de su hipoteca para 25 años.

¿Quiere esto decir, por ejemplo, que con una formación básica en finanzas y en economía familiar hubiéramos evitado la burbuja inmobiliaria y sus desastrosos y duraderos efectos?

Difícil respuesta a tan gran pregunta. Seguramente no, pero muchos se hubieran evitado un gran disgusto. El enseñar en la escuela el manejarse bien en los números reales, evitando gastar lo que no se gana ni se tiene, si que es una buena lección para toda la vida, y no esa integral que nos volvió locos y que nunca necesitaremos resolver en el mundo real.

Definitivamente los planes de estudios se deben de adecuar y de adaptar tanto a los alumnos como a las necesidades del día a día, teniendo en cuenta la velocidad de cambio para ser reales, atractivos y útiles para cada tiempo.

En la época del padre de Juan, cuatro nociones básicas de mecánica del automóvil hubieran bastado para un sencillo mantenimiento de su vehículo: nivel del aceite, estado de las bujías, control del líquido de la batería… Sin embargo, hoy aquellos conocimientos no sería ya válidos, porque la tecnología ha cambiado con la fabricación de unos vehículos sin mantenimiento mecánico.

Ahora es mucho más importante inculcar nociones sobre seguridad vial y el correcto uso del transporte y de las vías públicas como conocimientos que practicaremos a diario durante la mayor parte de nuestras vidas.

En una sociedad cada vez más longeva y estresada, no se entiende como no hay dentro de los planes de estudio un tratamiento serio y eficaz para FOMENTAR LA SALUD Y LA VIDA SANA. Problemas crecientes como la obesidad infantil, la hipertensión y el sedentarismo, están ahí, y la educación debería de jugar un papel esencial.

Un buen programa sobre la importancia y la práctica continua de la actividad física y un buen plan sobre la trascendencia de una alimentación sana y equilibrada, son dos aspectos que el sistema educativo debería de tratar en todas sus etapas.

LA SALUD, UN ASUNTO MUY DELICADO.

Del mismo modo que los incendios se apagan en invierno, la salud del futuro se cuida y se previene mucho antes, porque lo importante no es llegar a viejo, sino cómo se llega. Y por supuesto, sería menos gravoso para todos.

Con la irrupción de internet y de las redes sociales, también es necesario inculcar su importancia en las escuelas, pero también advertir fehacientemente de sus peligros con una manejo correcto.

Estamos en el siglo de los Big Data, de los Macrodatos o de los datos masivos, esa ingente información que hoy en día tenemos ya la capacidad de procesar para encontrar patrones repetitivos y perfiles de comportamiento.

Cada vez más los algoritmos matemáticos utilizados son más complejos y fiables, acercándonos cada vez a simular pautas casi humanas. Cualquier entrada en la red, un like en facebook, una búsqueda, una descarga, un whatsapp… está proporcionando información propia al mundo digital sobre nuestro perfil, nuestros gustos y preferencias y donde estamos.

Vertiginoso y maravilloso a la vez, ¿no?

A fin de cuentas, todo está en nuestra manos para aprovechar toda esta revolución tecnológica sin precedentes. Si, en esas criaturas imperfectas y analógicas que somos.

Pero siendo la EDUCACIÓN COSA DE HUMANOS, empecemos a cambiar las cosas desde el principio, pues ahí está el inicio del mundo que queremos tener.

La Mala Educación (I).

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LA MALA EDUCACIÓN (I)

– No sé para que sirve tanto estudiar y preocuparse de que los hijos aprendan, con la cantidad de parados que hay y tanto graduado sin trabajo. Total, todo ese esfuerzo de años y sufrimiento, ¿para qué? ¿Para rellenar sopas de letras y crucigramas? ¡Yaya pérdida de tiempo y de dinero baldío!

Cuando el cuñado de Juan lanzó esta misiva durante la sobremesa de ese último cónclave familiar, no era del todo consciente del efecto dominó y multiplicador que iba a tener en la mente de su propio cuñado, sentado (y situado) física y metafóricamente al otro extremo de la mesa.

Con el evidente riesgo que supone el generalizar, de todo y de todos se aprende, tanto de lo bueno, pero especialmente de lo menos bueno y, más aún, de lo malo. Incluso de la persona más simple, del más necio, incongruente, inepto, falaz y pusilánime, se puede extraer una rica enseñanza. Hasta del típico tonto que hay en cada pueblo o barrio podemos sacar algo.

Lo importante es estar ahí, como el fotógrafo callejero que siempre tiene su cámara lista y a mano, para captar una instantánea irrepetible. Sí no estás alerta y presente, tú te lo pierdes.

fotógrafo callejero

A nuestro protagonista le vino a la mente entonces el recuerdo de la charla TED, «Eres más inteligente que la empresa para la que trabajas», impartida por Javier Martínez (Consultor de la ONU y del Banco Mundial en el área de Gestión del Conocimiento), en la que ponía un claro ejemplo del escaso valor y utilidad de las cosas que supuestamente aprendemos durante nuestra época de estudiantes.

Planteada una integral como esa pregunta típica de un examen de matemáticas, se supone que nadie de los presentes tendría problemas en su solución, y más cuando la conferencia se impartía en una facultad de ingeniería. Sin embargo, nadie la resuelve. ¿Por qué? La respuesta del ponente es bien sencilla, lógica y poderosa a la vez:

«Lo grave no es que no sepamos resolver la integral, lo grave es que nunca hemos necesitado resolverla en la vida real.»

Porque el conocimiento, sí no tienes la motivación y la oportunidad de practicarlo, tiene fecha de caducidad y se transforma, con el tiempo, en un lejano y borroso recuerdo sin ninguna utilidad práctica. Sí no lo recuerdas significa que no has aprendido.

Nuestro sistema educativo, extenso, disperso y lento para los cambios, es claramente ineficiente e improductivo, porque NO EDUCA NI ENSEÑA esos conocimientos reales que necesitaremos practicar a lo largo de nuestra existencia cotidiana.

Al final de la etapa escolar, para muchos, todo se resume en una formación básica en saber leer, escribir y realizar cuatro sencillas operaciones matemáticas. ¿Por qué? Porque son sencillamente aquellas utilidades en las que tenemos la oportunidad de practicar todos los días de nuestras vidas.

educación ineficaz
Sistema educativo ineficaz y de muy baja productividad.

Entre los ciclos de infantil, primaria y secundaria (entre los 3 y los 16 años, sin entrar en etapas superiores), los chicos se tiran la friolera de 13 años x 175 días lectivos x 5 horas diarias de media para realmente aprender muy poco.

Por ejemplo, España es un claro ejemplo de país con un claro déficit generalizado en el dominio de idiomas extranjeros, especialmente del inglés, un problema crónico que hay que resolver cuanto antes, porque se trata, no nos engañemos, de la lengua franca y vehicular mundial.

Sí en un mundo cada vez más pequeño, reducido, cercano y globalizado necesitamos ser cada vez más competitivos, ¿a qué estamos esperando en dominar idiomas, por ejemplo?

La pregunta-resumen es la siguiente:

Sí te tiras desde los 3 hasta los 16 años recibiendo clases de inglés todas las semanas para finalmente haber aprendido los números, cuatro colores y quizá a preguntar la hora y poco más, pero sigues siendo un analfabeto en esa lengua, ¿el sistema educativo actual es realmente eficiente y práctico, cuando sigues siendo un cateto en esa asignatura a pesar de todo el tiempo transcurrido y del esfuerzo empleado?

Mientras tanto, nuestros políticos, a los que pagamos nosotros y que precisamente llevan muchos de ellos a sus retoños a colegios bilingües, se empeñan en dinamitarse entre ellos en perjuicio del resto, porque únicamente se sirven a ellos mismos. Eso sí, impulsar y forzar en muchos casos el aprendizaje de lenguas regionales, sí que es una tarea prioritaria con recursos a discreción. Nada que objetar aquí por mantener y potenciar la cultura propia, pero sin perder nunca de vista los objetivos más importantes y prácticos para el futuro de todos.

Junto con el ejemplo del inglés, sucede lo mismo con el resto de disciplinas, sean estas de ciencias o de letras. Al final no somos nada prácticos y los colegios se transforman en lugares donde los hijos simplemente están.

Todos aquellos que llegan a segundo de bachillerato, ¿realmente estudian para aprender? ¿O hincan bien los codos únicamente para aprobar y sobrepasar una línea de corte en la PAU?

¿Es este un sistema realmente justo para acceder a la profesión de tu vida? ¿Se valora realmente la vocación y las capacidades personales? ¿Y sí tienes un mal día durante un examen o estás enfermo?

Quien ha sufrido o ha tenido hijos en ese difícil año y a esa edad complicada, sabe de lo que estamos hablando. Desde el minuto uno, todo es una competición llena de exámenes, de estrés y de tensión para alcanzar un primer y principal objetivo: la universidad. Y el objetivo siguiente por parte del alumno, es perder de vista de una vez para siempre esas asignaturas peñazo que le obligaron a estudiar y que nada o poco tenían que ver con su futuro grado. Reseteo y borrado selectivo del disco duro. Una pena.

Entonces la gran pregunta es: ¿somos TONTOS por seguir manteniendo un sistema caro e ineficiente año tras año y década tras década? ¿Por qué no cambiamos el QUÉ, el CÓMO y el CUÁNDO?

Juan tiene dos compañeras de trabajo que suelen llegar a la oficina con una diferencia de cinco minutos. Tanto la una como la otra tienen una edad similar, estudios parecidos y ambas realizan trabajos administrativos de responsabilidad media. Y además viven en el mismo barrio.

Una de ellas, María, sale cinco minutos antes de casa, evitado así los semáforos más conflictivos, las vías más concurridas y en definitiva el momento de atasco puntual: ese que se produce todos los días, a la misma hora y en idénticos lugares durante todas las jornadas laborales. Siempre es así.

atasco

La otra, Elena, sale de casa cuando lo hacen casi todos, es decir, corriendo en tropel. Se traga el tapón de cada una de las rotondas, semáforos y cruces que encuentra en su trayecto, y cuando al final llegar a la oficina, está estresada, nerviosa y con el carácter alterado. Luego, más tarde, en el momento de la salida, ocurre el mismo proceso, pero en sentido inverso.

Repito entonces la gran pregunta anterior, pero de forma invidual: ¿Elena es TONTA porque no cambia el QUÉ, el CÓMO y el CUÁNDO, por tan solo cinco minutos de diferencia?

Un día Juan le preguntó a su compañera más tardona desde cuando estaba actuando de este modo. Ella, con la mayor naturalidad del mundo, le contestó que desde que entró a trabajar en la empresa, hace ya más o menos unos quince años.

Definitivamente, su apreciada Elena es realmente TONTA.

Nuestro sistema educativo no brilla precisamente en el mundo. Cada año, el informe PISA, aquel que mide el rendimiento de los alumnos en matemáticas, ciencia y lectura por países, nos deja siempre en un muy modesto lugar, lejos de nuestras verdaderas posibilidades y capacidades.

Ya en casa, no tenemos más que ver la alta tasa del llamado abandono y fracaso escolar, que no es más que en definitiva un gran suspenso general a nuestro sistema educativo.

Tenemos al enfermo, conocemos la patología, se sabe la cura y se tienen los medios. ¿Por qué entonces el paciente sigue hospitalizado, del mismo modo que Elena sigue atascada, año tras año, en la misma rotonda dando vueltas todos los días?

Como afirma el sentencioso cuñado de Juan: no todo el mundo debe o tiene que terminar sus estudios en la universidad. Es de perogrullo.

Lo que sí que es cierto, es que la escuela nos debería de enseñar otras cosas fuera de los libros: formarnos y educarnos para estar preparados para el futuro buscando nuestro acomodo en el mundo, intentando ser todo lo feliz que uno pueda ser en él.

La Mala Educación (II).

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FRANCO Y LA CLASE MEDIA.

Franco y Nixon

Cuando el general Franco tranquilizó a Nixon por el futuro de España y la estabilidad del Mediterráneo Occidental, pieza clave en la política internacional de los Estados Unidos.

Extracto de la entrevista que el general estadounidense retirado Vernon Walters concedió el 15 de agosto del 2000 a un importante periódico español durante su visita a Santander.

Durante la misma comentó que Nixon le envió a España para hablar con Franco sobre su muerte. Comenzó comentando que estaban interesados sobre la situación en el Mediterráneo Occidental… Franco le espetó:

«Lo que le interesa realmente conocer a su presidente es saber lo que acontecerá en España después de mi muerte, ¿no?»

A lo que contestó el general americano:

«Mi general, sí».

Franco prosiguió:

«Siéntese, se lo voy a decir. Yo he creado ciertas instituciones, nadie piensa que funcionarán. Están equivocados. El Príncipe será Rey, porque no hay alternativa. España irá lejos en el camino que desean ustedes, los ingleses y los franceses: democracia, pornografía, droga y qué sé yo. Habrán grandes locuras pero ninguna de ellas será fatal para España».

Walters le dijo:

«Pero mi general, ¿cómo puede usted estar tan seguro?».

Franco afirmó:

«Porque yo voy a dejar algo que no encontré al asumir el gobierno de este país hace cuarenta años»

El general Walters pensó que iba a decir las Fuerzas Armadas, pero el Caudillo dijo:

«LA CLASE MEDIA ESPAÑOLA. Diga a su presidente que confíe en el buen sentido del pueblo español: NO HABRÁ OTRA GUERRA CIVIL».

A diferencia de lo ocurrido en el vecino Portugal (país compañero de una extensa andanza dictatorial), en España se creó durante el periodo 1950-1974 una amplía clase media de la época. De ahí (entre otras cosas) esas grandes diferencias entre ambos países que llegan incluso a nuestros días.

Tras una durísima y larga posguerra, el país empezó a despegar de mano de los ministros tecnócratas (1957…), obviando la catastrófica política económica de la autarquía de los años precedentes. El dictador, rodeado de una caterva de aduladores, se fue apartando cada vez más de la pesada carga del gobierno (en un mundo que cada vez entendía menos, pero no era estúpido) y se dedicó a lo que realmente le gustaba: la caza, la pesca y a aparentar.

España siempre fue importante para los Estados Unidos debido a nuestra relevante posición geopolítica y la guerra fría, lo cual salvó a Franco, siendo cada vez «más aceptable» a falta de libertades y de otros derechos. Una anomalía en la Europa Occidental permitida por un interés mayor general contra el enemigo del momento: el comunismo.

Un país seguro, sin conflictividad social y laboral y con una mano de obra barata y sumisa (era considerado entonces como la Taiwán de Europa), garantizaba las crecientes y rentables inversiones extranjeras en nuestro país. Un importante mercado creciente muy interesante para cualquier empresa que quisiera su parte del pastel. Y además, el boom turístico «marca Benidorm» de los años 60, nos lanzó al panorama internacional y rentable del ocio de masas.

La entrada de divisas, el gran crecimiento de los cinturones industriales de las ciudades, la creación de un gran número de empresas con nuevos puestos de trabajo mejor remunerados y más cualificados y una mayor formación y acceso a los estudios (el número de universitarios se multiplicó por 6 durante este periodo), pusieron las bases para la creación de una incipiente pero creciente clase media como garantía de estabilidad del país, aval del cambio democrático tras la muerte del dictador.

clases sociales

Porque una importante clase media siempre ha supuesto un factor determinante de estabilidad en cualquier estado como punto de unión y de equilibrio de la sociedad.

Tiempos difíciles de entonces con numerosas tropelías por motivos ideológicos y abusos de todo tipo, pero que lentamente permitieron un avance en lo económico que desembocaría en la transformación social esperada durante muchos y penosos años.

Nuestra Transición fue un modelo de cambio para todo el mundo donde la ruptura con el pasado y el desmantelamiento del régimen anterior fue mucho más sosegado de lo esperado. Hubo tensión, sí. Grandes miedos, también. Incertidumbre, no podía faltar. Intentos de vuelta al pasado, como no, en el país de las algaradas militares (el 23 F).

Pero en su conjunto, todo fue bien, bastante bien. Desde entonces hemos disfrutado del periodo histórico y económico más fértil y duradero de nuestra historia y, por una vez, no hemos limado nuestras diferencias a garrotazos.

¿El truco de todo esto?

Bueno, está claro que habían muchas necesidades de expresión y un estado que modernizar a todos los niveles, pero no nos engañemos: en su conjunto la población cubría sus necesidades básicas todos los días (trabajaba, vivía y comía) y muchos empezaban a disfrutar de algunos extras y sobre todo a tener mejores perspectivas futuras. Así, realmente muy pocos querían volver al pasado.

Era la Clase Media que había llegado para quedarse.

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SER CLASE MEDIA ES UNA CUESTIÓN DE AUTOESTIMA…

Ser cool

… Y DE ALGO MÁS.

El mundo de la imagen, el postureo, ser “cool”… es vital para muchas personas, especialmente cuando uno es joven, pero esta es una tendencia hoy que abarca todas las edades. Como diría Juan, es el «aparentar de toda la vida», pero llevado a una sofisticación nunca antes conocida gracias a la tecnología y las redes sociales.

Allí, muchas personas se muestran como quisieran ser, no como realmente son. Y otras tantas, sabiendo lo que son, simulan ser otra cosa.

falsas aparencias

Realidad y Ficción que se confunden en el mundo digital.

Cualquier input guay recorre el mundo a toque de clic y puede convertirse en viral. Sí es simple, molón y además lo hace alguien conocido y famoso, el nivel de visibilidad, de respuesta y de imitación está asegurado. Un nuevo mundo virtual dominado por los llamados influencers.

Aquí, en casa como en gran parte de occidente, existe un anhelo generalizado de pertenencia a la clase media, lo cual ha provocado una deformación en sus límites.

Así, hoy en día, hablamos de tres niveles de clase media: MEDIA-BAJA, MEDIA-MEDIA y MEDIA-ALTA. De esta forma, damos cabida a muchos más colores en ese espectro dónde todos los que no son de clase alta ni directamente ricos quieren o necesitan estar.

Hay estudios que afirman que en España hay un sentimiento generalizado de pertenencia a la clase media cercano al 80% de la población, cuando lo más correcto sería hablar de un porcentaje real (siendo optimistas) sobre el 50%, y en descenso desde la crisis del 2007.

Cuando se determina que ser clase media significa estar dentro de una horquilla de ingresos brutos anuales (redondeando al alza) entre los 20.000€ a los 60.000€ por unidad familiar, se está cometiendo una gran falacia, se ponga como se ponga Estadística con sus números adornados a servicio de los discursos políticos de medio pelo. Una horquilla tan amplia como sospechosa.

Sí deducimos el mínimo vital entre ambos extremos, la diferencia es mucho más brutal.

En otros tiempos, eran comunes otros términos que poco a poco han ido perdiendo fuste. Vocablos como clase trabajadora, clase obrera o proletariado eran sinónimos de lucha reivindicativa contra su archienemiga, la clase capitalista. Hoy en día, algunos políticos hablan de clases populares para referirse a todo ese conjunto de personas menos favorecidas. Vocablo generalista que suena mucho mejor en búsqueda de un bloque social más compacto en apariencia y aglutinador de la nueva lucha light de clases.

La clase media como ese objeto de deseo de la clase política.

Cuando se aproximan las elecciones, el campo de batalla se dirime siempre por el centro. Los líderes políticos con posibilidades de éxito bien lo saben y es allí donde se baten el cobre, porque de ese voto menos servil depende su triunfo o su fracaso.

Conocen bien que uno de los mayores temores de la clase media es precisamente dejar de serlo.

Manejar los miedos de forma interesada y en ocasiones mezquina, es táctica habitual para manipular la intención de voto de este importante y decisorio bloque del electorado muy sensible a los cambios. Mientras que el pobre y el rico tienen una postura mayormente definida, gran parte de los que se consideran clase media no tienen del todo claro dónde están y qué les interesa más. Y ahí viene el problema y la fuente donde la retórica juega sus mejores cartas marcadas. Porque ahora ya no existe la lucha de clases de barricadas y de pasquines en la calle, sino en la prensa, en internet y en los platós de televisión, dónde la compra de voluntades, la falta de independencia periodística y los partidismos son descarados y sonrojantes.

La clase media necesita tener una seña de identidad propia para conocer y hacer valer su gran poder y, de esta forma, defender sus intereses que son, además, lo del país en general. Necesita movilizarse inteligentemente sabedora de lo que es y de lo que representa.

sufrida clase media

Porque al final de todo, ¿quién paga todo el tinglado?

¿Los pobres y las clases bajas? Obviamente no, porque no pueden y en todo caso necesitan ayuda. Apoyo y protección en el día a día, pero sobre todo impulso para tener un futuro menos dependiente. Y la suma de tantos muchos es una pesada (pero necesaria) carga para llevar entre todos.

¿Los ricos? Sí, colaboran, pero mucho menos de lo que deberían. Ya tienen quien les asesore para montar sus historias para aportar mucho menos. Hacer demagogia con ellos es sencillamente burlarse de toda la parroquia, pues su aportación real no es tanta porque son muy pocos. Perseguir sus fechorías fiscales está bien, pero que no distraigan al personal del meollo de la cuestión con casos de relumbrón mediático.

Corriendo el riesgo del que únicamente rompe platos porque los friega, para un servidor pertenecer a la clase media tiene como punto común todos aquellos que pagan el grueso de los impuestos para mantener el statu quo. 

¿Quién paga la deuda del país, la sanidad y la educación públicas, las infraestructuras y su mantenimiento, la dependencia y los servicios de todo tipo, los fastos de toda índole y color, los caprichos de los de arriba y los subsidios de los de más abajo?

Sobra la respuesta.

cerrar el grifoLa clase media tiene en sus manos el poder de cerrar el grifo, pero no lo sabe. Porque sin dinero, toda cambia. ¿O no?

Algunos recordarán el conato de resistencia que provocó en Irlanda un nuevo impuesto surgido de la crisis bancaria: 100€ lineales por vivienda. Aquello colmó el vaso y provocó un efecto viral de todos aquellos que ya estaban hartos y dijeron “basta”. Era el año 2011 y el gobierno del país tuvo esta reacción muy en cuenta.

¿Cuánto tiempo resistiría cualquier gobierno con una huelga fiscal, incluso con su simple amenaza muy en serio?

¿Por qué accede, sin embargo, a las peticiones de las acciones violentas (quasi terroristas) de sectores tan ruinosos como el minero y el naval, por poner un ejemplo conocido, sin querer entrar en más detalles?

Sencillamente porque los revoltosos tienen un objetivo claro, están bien organizados y saben perfectamente que ninguna administración quiere lío en la calle. En cambio, nosotros, el resto, somos esos buenos chicos que siempre damos tanto de sí, que pronto olvidamos y cuyo único derecho real es el pataleo. Somos la vaca que siempre da leche para todos los que se sientan a esta mesa tan grande.

Recordemos aquel importante ayuntamiento regido por un gobierno conservador que prefería pagar el alquiler a ocupas con tal de evitar follón e inestabilidad. En todo caso, era el dinero de todos. ¡Qué más daba! Bueno, no de todos, únicamente de los que pagan impuestos. Y los ocupas no están precisamente entre ellos.

¿Quién va a pagar esa renta mínima universal de la que tanto se habla ahora? ¿Quién se va a movilizar para conseguirla y defenderla hasta el fin de los días? ¿Quién se va a amedrentar y cederá para tener estabilidad mientras haya tontos que paguen y que no pasen a la acción?

Más preguntas que se responden por sí solas.

La clase media necesita IDENTIDAD, MOVILIZACIÓN INTELIGENTE Y CAPACIDAD DE DECISIÓN, para alcanzar una sociedad más justa en términos de esfuerzo y de méritos individuales y colectivos.

estar conectadoAhí tenemos a nuestro amigo internet como gran y valioso aliado, pero tuya es la decisión.

Y en términos monetarios, no nos dejemos engañar. Básicamente sí tus ingresos familiares son de 20.000€ brutos anuales, tienes familia a tu cargo, llegas muy justo y no siempre a fin de mes, te cuesta hacer frente a un imprevisto doméstico puntual y tu nivel de ahorro es inexistente, lo siento, pero NO ERES DE CLASE MEDIA, aunque lo diga en INE. Ni tampoco de clase media-baja, ese invento majadero para consuelo de muchos. Tenlo claro, perteneces a la segunda parte tras el guion.

Sí este es el caso, la buena noticia es que ser realista es un buen punto de partida para avanzar y tener nuevos objetivos.

Entonces volvemos al inicio: ¿a partir de cuánto o de qué se puede afirmar que alguien es de clase media?

Objetivamente para formar parte de la clase media hoy por hoy, tus ingresos brutos anuales (hogar) deben de apuntar bastante más alto al mínimo propuesto: 30.000€ brutos anuales o unos 25.000€ netos.

Hay que tener en cuenta factores tan determinantes como el lugar donde habites (coste de la vida), tu situación familiar y el nivel de endeudamiento, pero es un buen punto de partida mucho más real y certero.

A partir de ese número mágico, sin grandes alardes y si eres organizado y coherente económicamente, puedes “vivir”.

Vivir significa: pagar tus facturas (incluida tu vivienda), hacer frente a un pequeño imprevisto, educar a tus hijos un poco más allá de los ciclos obligatorios, empezar a ahorrar un poco y de vez en cuando tener algún capricho, como unas vacaciones. Y sobre todo, tener modestos planes de futuro.

Y DENTRO DE UNOS POCOS AÑOS, ¿QUÉ?

Muy posiblemente en un futuro no excesivamente lejano, esta percepción y estrés de pertenecer o no a la clase media cambie de forma radical.

El mundo está revolucionado tecnológicamente y es muy posible que podamos vivir con menos recursos, menos necesidades y con menos “mentiras”.

El trabajo (cosas que hacer y necesidades que cubrir) existirá y aumentará, pero lo que habrá cada vez menos serán empleos.

Cada vez estaremos más interconectados y seremos más colaborativos, participativos y eficaces. Y especialmente, las nuevas generaciones lo tendrán mucho más claro que nosotros en muchos sentidos. Vivirán más, mejor e intensamente este maravilloso mundo sin nuestras ataduras físicas, financieras y emocionales.

Serán los dueños absolutos del m2 que necesitan tener en este mundo para ser felices.

Más que muchas cosas, necesitarán menos y más importantes, y valorarán más las experiencias vitales que los bienes materiales.

Por este motivo, cuando observo a mi hijo como el progenitor que soy en mi papel de padre tradicional y le insisto en que tiene que estudiar más, ser más responsable y más ambicioso, pero le veo feliz y seguro de lo que quiere y desea, me pregunto:

“¿Quién de los dos está realmente equivocado?”

Pero bueno, esto será otra historia: LA SUYA PROPIA.

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– PAPÁ, ¿SOMOS DE CLASE MEDIA?

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EL LABERINTO DE LA CLASE MEDIA.

clases sociales

Los números cuando son la única expresión.

Lo más evidente es pensar en la cuestión estrictamente económica, es decir, en el nivel de los ingresos a partir de los cuales das el salto de una clase social a otra.

En nuestro mundo tenemos la inclinación natural de valorar todo en esa tabla de medir que es el dinero, porque es cuantificable y entendible para todos. Y ahora mucho más, gracias a nuestra querida amiga LA CRISIS que nos acercó al mundo de la economía en el día a día.

Pero hablemos ahora de lo que realmente se trata aquí: LA PASTA.

Buscando, viendo y analizando de un lado para otro, aquí va una clasificación de las clases sociales en España en base a los ingresos brutos por unidad familiar. Números discutibles al cierre del 2016 (muy semejantes a los de este año), pero que nos acercan a una realidad bastante exacta.

1. Pobres < 8.000€/año.

2. Clase Baja, entre 8.000€ y 17.000€/año.

3. Clase Media, entre 17.000€ y 55.000€/año.

4. Clase Alta, entre 55.000€ y 200.000€/año.

5. Ricos, entre 200.000€ y 1.000.000€/año.

6. Millonarios >1.000.000€/año.

Entre los extremos, como de costumbre no hay gran cosa que discutir. Sin embargo, lo especialmente llamativo viene en las subdivisiones de la clase media en tres:

A. Clase Media-Baja, entre 17.000€ y 23.000€/año.

B. Clase Media-Media. entre 23.000€ y 36.000€/año.

C. Clase Media-Alta, entre 36.000€ y 55.000€/año.

Siguiendo la metodología de una gran parte de los expertos en base a los datos publicados por el INE,  (y ante la falta de una definición clara que no hace más que alimentar el debate, en la mayoría de los casos interesado), existen dos baremos muy consensuados al respecto.

(I). La clase Media en España está formada por todas las unidades familiares ubicadas entre el 40% de las que menos ganan y el 30% de las que más ingresan. Lo que viene a significar unos ingresos aproximados entre los 20.000€ y 60.000€, redondeando al alza.

(II). La clase Media la componen todos aquellos hogares con una renta situada entre el 75% y el 200% de la mediana nacional, lo cual viene a representar, más o menos, los mismos números.

CUANDO SER CLASE MEDIA NO ES SOLAMENTE CUESTIÓN DE NÚMEROS.

Así, con los números en frío, hay muchos matices y componendas a tener en cuenta, como el coste de la vida de cada zona del país, el número de miembros de la unidad familiar que trabajan, las necesidades propias y el nivel de endeudamiento privado.

Pero es muy importante tener en cuenta otras dimensiones más allá de los ingresos brutos anuales y que son más complejas de calibrar y de valorar.

El nivel de estudios, el tipo de trabajo, el tiempo libre disponible, las aficiones personales, el tipo de propiedad de la vivienda, el número de vehículos familiares, el patrimonio acumulado, las posibles inversiones, la existencia o no de planes de pensiones… todos son elementos a tener muy en cuenta para determinar realmente la clase social a la que se pertenece.

Sí bien es importante conocer el nivel de ingresos, también lo es el ser consciente del nivel de gastos. Así, para dos unidades familiares con idénticas rentas del trabajo, el nivel de vida cambia radicalmente dependiendo de la situación particular de cada casa. No es lo mismo un hogar formado por un matrimonio sin hijos y con la vivienda en propiedad, que otro compuesto por una familia de cinco miembros donde únicamente trabaja uno de los padres y que está pagando una hipoteca.

También tenemos que tener en cuenta un factor de proyección futura: a mayor formación académica y especialización laboral, más será la tendencia a formar parte y a crecer dentro de la clase media.

Lo hemos visto durante la crisis en la que las personas con mayor preparación han resistido generalmente mucho mejor el tremendo impacto de la crisis que aquellas otras con menos posibilidades, bien por su mayor valor añadido dentro de las organizaciones, bien por su mejor empleabilidad en otras empresas.

Pertenecer a la CLASE MEDIA significa estar en posesión de unos ingresos mínimos, pero también representa un estilo de vida en la búsqueda de tener una existencia en plenitud para disfrutar de aquellas cosas que realmente nos importan.

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PAPÁ, ¿SOMOS DE CLASE MEDIA?

pregunta clase media

Juan se quedó perplejo mirando con esa cara de asombro de cuando alguien inesperado te hace una pregunta también totalmente inesperada.

Las personas que conocen bien y respetan a Juan, afirman que siempre tiene respuesta para todo, pero en esta ocasión empezaba a dejarlos por embusteros.

Mientras su hija pequeña le apresuraba con esa profunda mirada de sus preciosos ojos y con la impaciencia que únicamente la juventud tiene y maneja, su respuesta no llegaba.

Una situación incómoda como cuando no sabes la contestación certera a una supuesta pregunta sencilla con múltiples respuestas: ninguna es segura porque todas tienen algo de cierto, pero ninguna es definitiva.

La primera vía de escape es siempre la más sencilla, automática y habitual: responder con otra pregunta.

– ¿Por qué preguntas eso?

Es lo que hacemos los padres cuando nos pillan de sopetón en paños menores y no tenemos claro que decir.

Tal como le sucede a Juan, cuando eres el cabeza de familia y te conviertes en el foco de atención porque se espera de ti que lo sepas todo y no es así, un mito empieza a caer en cada casa.

Según van creciendo tus vástagos, estos van formando sus propias opiniones y cada vez son más divergentes contigo.  Ya no son aquellos niños a los que educabas pacientemente con normas y criterios sencillos, siendo tú su patrón a seguir, su héroe en el altar. Ahora ya te plantean ese tipo de cuestiones más complejas a las que no puedes atender con una respuesta simple y directa. Simplemente porque no la hay. O sencillamente porque no lo puedes saber todo ya que siempre estamos aprendiendo.

buscando respuestasMientras tanto, nuestro buen amigo Juan, seguía escudriñando a toda máquina en la mochila de sus propias experiencias y de sus conocimientos para estar a la altura. Es todo lo que podía hacer en ese preciso momento tras la parálisis inicial.

Algunos afirman que la experiencia es un peine que se regala a un calvo. Aprender consiste en acumular experiencias propias reutilizables en el futuro. Sí no es así, es que no has aprendido y no tienes el conocimiento para enfrentarte a tus retos. Porque realmente lo cierto es que absolutamente nadie nace enseñado y cada cual debe vivir sus propias experiencias en primera persona.

Tú puedes transmitir, aconsejar en base a tus vivencias pasadas, pero luego cada cual, a título exclusivamente personal, vive y siente su propia vida.

La hija de Juan, que nunca se da por vencida (lo cual le reconforta profundamente, pero no deja de ser un fastidio insistente) seguía con la espada desenvainada y desafiante.

– Papá, en la clase de hoy, mi profesor de historia ha estado hablando de las clases sociales, de los ricos y de los pobres, pero cuando ha comentado que había una clase media entre ambos extremos, no hemos entendido gran cosa. De hecho, uno de mis compañeros le ha preguntado al respecto que significaba eso de ser clase media, que había que tener para pertenecer o no a la misma, pero tampoco parecía que el maestro lo tuviera del todo claro. Por eso te lo pregunto a ti: Papá, ¿somos de clase media?

Si alguien ha visto y recuerda aquella película de Paco Martínez Soria titulada «Don Erre que erre» comprenderá totalmente la tesitura dónde Juan se encontraba: “cuando la niña insiste, no hace prisioneros”, pensaba.

Tras esa pausa que se amplifica por el silencio escénico en el que uno se convierte en la única diana protagonista de todos, Juan dijo:

– Hija, no te preocupes: SI, EN CASA PERTENECEMOS A LA CLASE MEDIA.

Con esta sentencia simplona y carente de contenido pedagógico, la niña esbozó una amplia sonrisa y sus ojos se iluminaron felices por completo. Miró a su padre y tranquilamente le dijo:

– Ves, ya se lo decía a mis amigas: nosotros en casa también somos de clase media.

pregunta niño
Los niños siempre y sus preguntas inquietas.

Así, sin más debate ni entrando en materia, todos finalmente estaban contentos: la inquisidora niña se quedó conforme y satisfecha, y el amigo Juan se sacudió de su zapato esa molesta china.

Durante el resto del almuerzo en casa, y mientras el resto de la familia centraba su cháchara en temas menos farragosos y llevaderos, Juan quedó totalmente en silencio sumido en sus propios pensamientos y dudas acerca de lo que realmente representaba ser o no ser clase media, ese término entre lo sociológico y lo económico que, por muy utilizado y familiar que fuera, no resultaba estar nada claro.

Y así, con esa duda a cuestas, transcurrió el resto de la jornada imbuido en ese acertijo, porque cuando Juan se pone, se pone. De tal palo, tal astilla.

Siguiendo la pista a la CLASE MEDIA.

Los parámetros económicos, esa suma de los dineros que entran en cada hogar.

Por la tarde, nuestro perseverante amigo Juan, inmerso en un mar de dudas, se impuso el deber de aclarar definitivamente que significaba eso de pertenecer o no a la clase media. Su hija, en la que él veía reflejada su propia voracidad de llegar siempre hasta el final, podía estar contenta y satisfecha, pero él no.

Estuvo observando a su alrededor, dentro de su propia familia. Luego, analizó su círculo más cercano de amistades. Más tarde, y ensanchando el ámbito de estudio, puso en su punto de mira a esos profesionales de cercanía, como su médico de familia, ese vecino abogado o un par de profesores de sus hijos. Incluso tomó en consideración a todos esos profesionales de confianza que, desde hace tiempo, suelen ir a casa a realizar reparaciones, como el fontanero y el electricista.

imagen clase media
Imagen idealizada de la clase media. Un mundo quizá demasiado «perfecto».

Como era lógico y esperado, el inicial impulso de Juan, hombre de números, estaba centrado en parametrizar el nivel de ingresos como forma de delimitar cada clase social. Así, de este modo y navegando por internet, ese dios del siglo XXI que todo lo sabe y que también nos confunde, empezó a recabar datos.

Y según iba avanzando, a cada página consultada, a cada golpe de teclado y en cada lectura, la cuestión cada vez estaba menos nítida.

Lo único que era evidente era lo de siempre: los extremos. Los ricos y los pobres como el blanco y el negro, pero en medio de ambos, había toda una gama de grises infinitos difícil de clasificar.

Juan acudió a esa discutida disciplina que es la estadística, cuyas diferentes metodologías pueden dar resultados muy distintos dependiendo del enfoque o los intereses buscados.

Abrió una hoja excel y empezó a teclear sobre ella datos monetarios con la ilusión de llegar a meta cuanto antes. Pero lo que pensaba que sería una recta corta y llana, se volvía cada vez más en un montón de curvas sinuosas y empinadas.

– Todo esto es un lío. Nadie tiene nada realmente claro. Este invento del término clase media es un auténtico cajón de sastre con la elasticidad de un chicle infinito dónde cabe un poco de todo – pensó para sí mismo.

Intentando desgranar el laberinto de la clase media.

Sobreponiéndose a la tentación de darse por vencido en varios momentos (– al fin y al cabo, ¿qué importancia tiene realmente este tipo de cuestiones? -), de repente Juan vio el destello luminoso al final del túnel. En ocasiones, damos vueltas y más vueltas y hacemos cábalas y más cábalas de las necesarias para llegar al punto de partida. Así, de este modo, Juan se dio cuenta de que la respuesta la tenía delante de sí mismo: su niña preguntona.

Pertenecer a la clase media es un deseo convertido en una necesidad social para muchos. No siendo uno ni rico ni perteneciente a la clase alta de forma incontestable, nadie quiere formar parte de la llamada clase baja. Este es un aspecto que complica mucho nuestra percepción de identidad y de sentido de pertenencia: no es sólo saber únicamente de qué clase somos, sino de qué clase nos vemos.

La hija de Juan, gracias a la certera y esperada respuesta de su padre, había dado carpetazo a esa cuestión que le provocaba ansiedad existencial. Para ella (como para muchos) lo importante era el hecho, el que se es, y no entrar de ningún modo en el fondo y en el detalle de una realidad más compleja. ¿Estamos asistiendo quizá a la burbuja de la clase media?

Próxima entrada (11/02/2018):

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