CUANDO PERTENECES A LA GENERACIÓN «i»

Hay circunstancias y hechos, grandes o pequeños, importantes o prescindibles, buenos o malos… en los que el azar lo es todo y absolutamente nada depende de nosotros mismos.

La denominada Generación Grandiosa, todos aquellos que nacieron a principios del siglo XX, no sospechaban que tras el fulgor y la dicha de los felices años 20, que no parecía tener fin, todo se derrumbaría estrepitosamente.

Sufrieron la Gran Depresión, el auge de los movimientos totalitarios, de la discriminación y del racismo, y finalmente la Segunda Guerra Mundial, con todas sus secuelas y consecuencias. Lucharon y trabajaron en equipo convencidos de su destino en el mundo que les había tocado vivir y pensaron que cualquier momento pasado siempre fue mejor.

La siguiente generación fue la llamada Silenciosa. Gentes que sufrieron los momentos más dramáticos de la historia contemporánea, especialmente durante su infancia y adolescencia, donde fueron adoctrinados, educados y controlados bajo el poder de los Estados para su propio beneficio. Se les enseñó a obedecer, a conformarse y a callar las injusticias. De ahí les viene dado el nombre: bastante tenían con sobrevivir.

Aquí en España, en un país atrasado, analfabeto, agrícola y caciquil, tanto una generación como la otra se funden en un momento triste y totalmente injusto para nuestros mayores, con una guerra fratricida de por medio, dónde lo peor fue una larga posguerra bajo el yugo del poder impuesto de una mitad sobre la otra.

dados
¿La fuerza del destino o simplemente el azar que decide nuestro punto de partida?

Quien tuvo el infortunio de nacer en un lugar y en una época equivocados y cuando se tiene la sensación de que Dios juega a los dados, ¿se le puede llamar destino o sencillamente mala suerte?

La Generación «Babyboom»: lista para pagar los platos rotos.

Yo soy hijo de aquellas generaciones. Soy lo que se ha dado en llamar un «babyboomer», y mi año de nacimiento, 1964, marca el récord de neonatos en España con casi 700.000 individuos.

Bajo la dictadura, que empezaba a relajarse y abrirse al mundo gracias a las divisas, mi numerosa generación ha vivido mucho mejor bajo ese paraguas que ha representado una paz duradera (dentro de poco cumpliremos 80 años sin guerras) y los constantes avances científicos.

Sanidad y educación universales, agua corriente, vestido, electrodomésticos y una nevera siempre llena. «Cosas» que ahora, por comunes, ni valoramos ni nosotros ni muchos menos nuestros sucesores.

platos rotos
¿Quién va a pagar los platos rotos entre generaciones? Tiempo al tiempo.

Pero se avecinan curvas muy pronunciadas para dentro de pocos años, y una nueva situación injusta se avecina, del mismo modo que lo fue para nuestras generaciones precedentes.

Nosotros, los nacidos bajo la descrita etapa del «Babyboom» representamos el núcleo duro de aquellos que estamos manteniendo mayoritariamente el llamado Estado del Bienestar, gracias a nuestro número, gran experiencia, empleos fijos mejor remunerados y con las cotizaciones más altas.

En estos momentos, en abril de 2018, España supera los 8,7 millones de pensionistas (el número de pensiones asciende a más de 9,6 millones, por el efecto de percibir más de una pensión), y se espera que para el 2030 se sumen más de 3 millones adicionales de jubilados entre altas y bajas, lo cual representará un incremento porcentual de casi el 35%.

Serán pensiones con bases de cotización altas y longevas versus los nuevos empleados con salarios más bajos y peores aportaciones al sistema. Se aproxima pues LA TORMENTA PERFECTA.

Muchos estudios, pero especialmente el sentido común, nos advierten como será mía esa nueva generación penalizada y castigada precisamente por su éxito, su número y su mayor longevidad.

Será injustamente tratada por el sistema al cual han contribuido de forma decisiva, y ya se encargarán los de arriba, de hacer ver a nuestros sucesores más jóvenes como seremos parte del problema a solucionar. No digo nada más.

 

Fundamentos del Estado del Bienestar.
El Estado del Bienestar: un logro y un bien común por el que luchar y mantener intacto.

Los «babyboomers» serán doblemente castigados, con el retraso de la edad de jubilación y con pensiones inferiores, que en algunos casos serán de subsistencia.

Gente indefensa en muchos casos que han creado generaciones mejor formadas y con un amplio abanico de posibilidades, pero con descendientes mal criados y sobre protegidos, alienados y siempre aburridos por el efecto que produce el exceso de tener de más de lo que se necesita. Con un escaso sentido del sacrificio, desagradecidos y una preocupante falta de respeto por sus mayores y sus logros. Culpa nuestra también.

Cuando perteneces a la Generación «i»: i de IDIOTAS. 

También se admite imbécil, por supuesto. Mejor que «babyboomers», que con la edad que empezamos a tener, parece totalmente demodé y de mal gusto.

Visto lo visto y viendo la que se nos espera, bien valdría la pena de tomar conciencia de todo lo que se nos viene encima. Y lo que está meridianamente claro es que únicamente nosotros seremos capaces de revertir, al menos en parte, ese sombrío futuro sí empezamos a ponernos en marcha ahora.

Y esos primeros y recientes movimientos sociales por parte de los jubilados actuales, nos pueden mostrar el camino a seguir.

Tomar conciencia y aprender también de nuestros hijos, de lo qué hacen y del cómo lo hacen, de sus valores y de lo que piensan. Ellos han asimilado la revolución tecnológica y tienen una visión totalmente distinta y más amplia que muchos de nosotros.

Prefieren las experiencias vitales que a las ataduras de toda una vida, independientemente del tipo que estas sean. Desean centrarse en el compromiso con ellos mismos y en sus propias metas que en los objetivos de los demás.

Mucho mejor trabajar lo suficiente para vivir que estar dedicando toda una vida al trabajo y la fidelidad, muchas veces no correspondida. Cambiar de empresa y de oficio no les preocupa, pero sí disfrutar el día a día con sus parejas, amigos y familias.

Viajar, conocer gente, sacar partido del mundo digital a tope, compartir experiencias y evitar los compromisos que puedan restringir su libertad en su futuro, tales como el matrimonio, las hipotecas, e incluso los hijos.

Tener un sentido de pertenencia distinto al nuestro, con una separación muy clara entre las obligaciones (las mínimas) y los derechos (muchos), centrándose en el medioambiente y en la vida sana. Y golpeando ahí bien bajo, a través del mundo digital, todo aquello que no les agrada y que desean cambiar impacientemente (desde nuestro punto de vista) de forma rápida y ya.

¿SON ELLOS LOS EQUIVOCADOS O LO SOMOS NOSOTROS?

Buena pregunta y mejor respuesta para quien la pueda tener ahí a mano.

Personalmente pienso que las nuevas generaciones, nuestros propios hijos, nos tienen que enseñar muchas cosas, y no únicamente ponernos al día a nivel tecnológico, sino en ayudarnos a comprender cómo debemos de cambiar algunos aspectos de nuestras vidas y mudar algunos valores que creíamos inamovibles.

Ser Millennial
Aprender entre diferentes generaciones es una riqueza inmensa al alcance de la mano.

La tentación de nuestra generación es tener un exceso de responsabilidad, de fidelidad y de sacrificio que nos empeñamos en transmitir a nuestros sucesores, incluso cuando ya están bien creciditos, cuando ya tenemos poco que hacer y sí más bien que mucho que perder.

Porque sinceramente, nuestros hijos son nuestros pero no nos pertenecen. A partir de un momento hay que dejarlos volar, porque su vida les pertenece a ellos y a nadie más.

LAS GENERACIONES: DEL PASO DE LOS NÚMEROS A LAS LETRAS.

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