HOUSE OF CARDS MADE IN SPAIN

Frank Underwood es quizá el prototipo del tipo perfecto dotado especialmente para la política.

El protagonista central de la serie de ficción de Netflix, «House of Cards» encarna la historia de un despiadado, cínico y manipulador político dispuesto a todo con tal de alcanzar el poder. Y todo, significa ABSOLUTAMENTE TODO.

Ya en la primera escena de la serie, tras el atropello del perro de su vecino, nuestro escurridizo y taimado personaje nos revela, a la cara y sin tapujos, un pragmatismo verdaderamente inquietante y premonitorio del leitmotiv central de su papel durante cada una de sus temporadas:

– «Hay dos tipos de dolor: el que te hace fuerte y el inútil, el que sólo te hace sufrir. Yo no tengo paciencia para las cosas inútiles.”

La fuerza de House of Cards es precisamente observar como en ocasiones el siempre peligroso Frank Underwood rompe la cuarta pared, ese muro imaginario que separa la escena central en movimiento del espectador pasivo que está presenciando tranquilamente la acción.

Maquinación y poderAsí, el inicialmente congresista demócrata, va haciendo breves paréntesis de unos pocos segundos y se dirige directamente a la cámara. Entonces, en un primer plano, nos va contando sus confidencias personales, esas dos caras de la misma moneda, como el dios Jano del siglo XXI.

De esta forma, haciendo partícipe de sus maquinaciones y artimañas al espectador (dónde se mofa, ridiculiza y desprecia a todo opositor y marioneta), es capaz de atraparlo y de llevarlo a su terreno, de colarlo dentro de la trama, y así escudriñar en lo peor de cada uno de nosotros.

Es la perpetua atracción del mal sobre el bien, del vertiginoso y seductor riesgo como oposición a la certeza aburrida, de la fascinación de la intriga palaciega contra el orden establecido, de la seducción de la erótica del poder versus la existencia inapetente.

En el matrimonio Underwood, compuesto por la dupla alfa formada por Frank y Claire (ésta última va creciendo a la par en ambición y en hipocresía según va madurando la serie) se ven reflejados aspectos de personajes históricos y ficticios de otras épocas, lo cual forma parte, sin duda, de su gran poder de atracción.

Figuras reales como Julio César, estratega y político manipulador o como Fernando II de Aragón, siempre calculador y que nunca daba puntada sin hilo. U otras ficticias como Macbeth, que representa la ambición desmedida a través de cualquier medio usando el mismo asesinato con sus propias manos, o el personaje más conocido de Maquiavelo, el Príncipe, para quien cualquier fin justificaba los medios empleados.

La política es el arte obsceno de mostrar dos caras de una misma realidad. Por un lado está la visible y la maquillada, la amable y la ética, en esa supuesta búsqueda del bien común para la mayor parte de los ciudadanos. Y por otro está la inconfesable, con la cruda realidad, el egoísmo, la traición y el cambio de bando al sol que más caliente.

Y es que está claro: para ser político hay que valer, tener agallas y un estómago de acero, tal como le pide Frank Underwood a su esposa Claire, la primera dama, cuando ya es presidente del país más poderoso del mundo.

También la realidad imita a la ficción en nuestra casa.

House of Cards made in Spain
La política es un juego: un castillo de naipes que puede caer en cualquier momento.

Aquí, en nuestro suelo patrio, hemos asistido hace escasos días a un espectáculo político digno de la serie estadounidense. Eso sí, sin tanto glamur, con escaso postín, bastante menos estilo y con mucha falta de gente guapa.

Los hechos consumados hace escasas horas son de sobra conocidos: un cambio de inquilino en el Palacio de la Moncloa y una mudanza exprés un tanto inesperada. Es como sí hubiera llegado de repente un cuco a parasitar el nido de otro pájaro.

En esta primera moción de censura con éxito de nuestra democracia, el mandamás del PSOE, el Sr. Pedro Sánchez ha podido por fin con su archienemigo del PP, el Sr. Mariano Rajoy. Linterna Verde vs. Siniestro o viceversa. ¡Quién sabe!

Una meta alcanzada no exenta de grandes dudas y que vaticina un resto de legislatura de lo más entretenida, vista la fragmentación del congreso de los diputados y todos los grandes problemas que crecen a modo de patata caliente.

El motivo origen de la presentación de la exitosa moción de censura fue la reciente condena por corrupción del PP por el manido caso Gürtel.

Una lacra que no ha dejado de perseguir al Sr. Rajoy desde hace tiempo y que al final ha podido con esa piel de elefante que le dijera tener, a modo de piropo, la canciller alemana Angela Merkel, por su gran resistencia a todos los envites soportados desde hace tiempo.

Tema de conversación y de entretenimiento en los platós informativos, pero también de debate y de gran preocupación a pie de calle entre la ciudadanía.

rajoy y sánchez
El poder y la política, un intercambio continuo de papeles temporales.

Sin ir más lejos, anoche durante una fresquita cena de terraza con unos buenos amigos, mi amiga Cristina andaba muy intranquila y pensativa por todo lo que iba o podía ocurrir a partir de ahora. Su rostro delataba un sincero nerviosismo y sus palabras transmitían un importante grado de incertidumbre.

«No te dejes engañar. – le dije – Habrá un cambio de discurso, claro que sí. Un tratamiento diferente de todos los importantes problemas por solucionar, por supuesto.  Un intento de ser distinto en todos los sentidos, incluidas las nuevas caras, faltaría menos. Pero al final, cuando alguien desde la barrera le toca bajar al centro de la plaza a torear, todo se ve bien diferente y el toro ya no parece ni tan manso ni tan pequeño. Cuando Felipe González llegó al poder en 1982, la situación pintaba bastos, pero la sociedad siguió el rumbo marcado y pocas cosas cambiaron radicalmente.»

– «¿Alguien piensa realmente que el motivo ganador de la triunfante moción de censura ha sido la condena judicial al PP por los casos de corrupción?»

No. El caso Gürtel es únicamente el motivo aparente, el casus belli (real en este caso), porque la realidad es bien otra. El Sr. Sánchez se ha limitado a hacer su trabajo, que no era otro que torpedear y desalojar al Sr. Rajoy del poder por los medios que fuera. Porque le han votado para esto y para eso está ahí, y si no cumple con el curro, pondrían más adelante a otro en su lugar o vendría alguien de otro lado para llevar a cabo el mismo encargo.

Estamos hablando sencillamente de política. Y política significa en el fondo alcanzar el poder a cualquier precio no importando los medios empleados, sean estos más o menos éticos o más o menos legales. El resto es totalmente secundario y pura apariencia.

Ahí tenemos el verdadero valor de esos escasos y valiosos escaños del PNV, que visto lo visto, son tan válidos para un roto como para un descosido.

Ayudaron al PP a conseguir la aprobación de los presupuestos y ahora, a los pocos días, han contabilizado en su contra para desalojarlo del poder. Eso sí, primero asegurándose los vascos la pasta, claro está. Y seguramente alguna inconfesable minucia más.

Una historia ya conocida en el pasado, pero con cambio de siglas. Porque pillos y sinvergüenzas, los hay en todos los lados. Y porque el resto, los tontos de siempre, aquí estamos para que nos manipulen y nos engañen con juegos de rol.

Porque EL PODER transforma al ser humano por fases. Cuando lo alcanza, lo hace creyendo en sus principios. Cuando está cómodo dentro de él, se corrompe. Y más tarde, cuando se perpetúa, se envilece.

Mientras nuestros dirigentes no cambien una ley electoral que chirría por los cuatro costados ni limiten el número de mandatos a dos, estaremos en manos de los de siempre.

Ya lo dijo el gran Groucho Marx: «Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros.»

O como afirma tranquilamente nuestro corrupto y viejo conocido Frank Underwood:

– «Hay muchas cosas sagradas a las que les tengo respeto, pero las reglas no están entre ellas.”

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