IBI, HACIA EL INFINITO Y MÁS ALLÁ

Hace un año, el conocido periódico digital eldiario.es publicó en su sección de economía un interesante artículo sobre la villa alicantina de Ibi y su vinculación con el mundo del helado:

«Ibi, el pueblo que se unió contra Frigo y creó su propio imperio del helado»

Ha pasado más de doce meses desde aquella publicación, pero el tema sigue siendo tan actual o más que entonces.

Con algunas licencias aparte por cuenta del redactor, allí, a modo de entrevista, se describe la lucha y el esfuerzo de aquellos pioneros por salir adelante sin mayor capital y ayuda que su propio coraje, sacrificio y trabajo, yendo literalmente a la aventura, dejando atrás su terruño, familia y hacienda. Ya se sabe, la necesidad obliga y espabila un montón.

Cuando se es natural de una localidad como Ibi, uno no puede evitar el sentirse especialmente orgulloso por la publicación de este tipo de artículos a nivel nacional que ponen en valor que, aparte de las grandes urbes y de los grandes magnates y emporios, existen esos pueblos y ciudades menores que han sido hechos y forjados por sus habitantes sin más capital que ellos mismos. Mezcla de pasión, hambre y perseverancia.

Avanzando en la lectura, quien conozca bien la idiosincrasia de la zona, entenderá el porqué del tesón y de la constancia recia de sus vecinos para sacar «lo suyo» adelante.

Todo bien y perfecto hasta que llegamos a nuestro «amigo Mercadona», que todo lo puede y que todo lo quiere.

Monumento a los heladeros de Ibi
Monumento a los heladeros de Ibi

Hablando un día más tarde con mi heladero preferido, cuyo padre fue precisamente uno de aquellos socios fundadores de la empresa Helados Alacant, no puedo evitar la tentación de sacar a la palestra el artículo en cuestión, mientras absorbo tranquilamente un rico y aromatizado granizado de limón. «Agua limón» lo llamamos aquí.

Aún puedo recordar como veía a su progenitor por la calle cargado de bolsas llenas de limones de piel brillante y de corteza gruesa para la elaboración artesanal de tan buen producto.

Y dicho y hecho. Allí, mi interlocutor y heladero de referencia, me confía cómo están hartos de soportar la tiranía de un cliente avasallador como es la empresa regentada por nuestro paisano, el Sr. Roig. Porque literalmente, las pérdidas que provoca sus compras tienen que ser compensadas con las ganancias generadas por las ventas a las propias heladerías de los socios. Todo un disparate.

Los números aportados en el artículo se explican por sí solos: desde el precio medio de venta a 1,57€ el litro en Helados Alacant (por el efecto Mercadona) a los 5,54€ que factura un competidor de referencia internacional. ¿Quién puede dar más por menos?

Décadas y generaciones de conocimiento y riesgo puestos al servicio de este tipo de empresas que se comportan más como encantadores de serpientes. Y si al final vienen mal dadas, si te he visto, no me acuerdo.

Según me decía entonces Antonio, mi heladero, el nuevo equipo directivo ya trabajaba en la diversificación y búsqueda de otros clientes con tal de que la empresa pertenezca realmente a sus dueños y no a un tirano comercial, ese lobo con la piel de cordero. Más vale tarde que nunca.

Lo más importante de todo: PONER EN VALOR EL CONOCIMIENTO. No es gratis.

Quizá esta tendencia tenga algo que ver con la nueva terminología de Mercadona, donde el «interproveedor» ha dado paso al «proveedor especialista». Es muy posible que el abuso y el hartazgo de los suministradores esté provocando que el parking de tontos se esté agotando. La bestia intenta mudar la piel.

En todo caso, no se trata de un fenómeno nuevo y el que se mete a torear en esas plazas tóxicas es porque quiere, porque está embelesado por la erótica de los grandes números.

IBI, CENTRO ESPAÑOL DEL JUGUETE… O NO

Monumento a los Reyes Magos en Ibi
Monumento a los Reyes Magos en Ibi

En el artículo se habla también de Ibi como la cuna del juguete español. Otrora floreciente industria que prácticamente ha desaparecido en estos tiempos tecnológicos hace ya bastante tiempo. Su recuerdo permanece impávido más bien en el nombre de alguna plaza y en los libros, más que en la realidad de estos tiempos.

 

¿Motivos? Varios e inmisericordes: el menor número de niños y el cada vez más temprano momento en que estos dejan de jugar a la antigua usanza, es decir, con juguetes de verdad.

Estas causas, sí, pero también debido a otros factores, como fueron en su momento «los Mercadonas de la época»

Primero fueron los llamados Grupos de Compra, también conocidos como grupos de presión, mayoristas independientes que, unidos únicamente para la extorsión, no hacían más que apretar y apretar a los fabricantes, que, además, se dejaban. Finalmente, tampoco les sirvió de mucho, porque terminaron todos por cerrar y, de paso, causar la caída en el abismo a más de uno de aquí.

Luego llegaron los Hipermercados. Otros que tal, con sus plantillas y condiciones leoninas, sus abusos sin tregua, las devoluciones de juguetes en buen estado a discreción, con sus cargos impresentables a tutiplén… La puntilla. Al fin y al cabo, para ellos, el juguete no era más que un gancho comercial puntual para que llenar el carro con otras cosas. En definitiva, se podría aplicar de forma clara y concisa que este artículo era, paradójicamente, el «juguete roto de la distribución»

Y entre tanto y tanto, los importadores, algunos hijos de esta misma plaza, haciendo la competencia desleal con nuestro conocimiento y aprovechándose de la mísera fábrica del mundo, China. Hambre para allí y paro para aquí.

Y sin embargo, ahora y más que nunca, hay esperanza.

Esperanza cimentada en aquellos primeros heladeros buscavidas que se trasformaron en fabricantes de moldes y en jugueteros; esperanza porque llevamos dentro ese gen vivo de la innovación y del afán de superación que tanto nos caracteriza.

Y esperanza, sobre todo, de haber aprendido de los errores del pasado, diversificando y defendiendo cada uno de nuestros buenos productos contra la rapiña que siempre acecha al árbol que da los mejores frutos.

Ahora, con la llegada de la Covid-19, hemos estado ahí, al pie del cañón, demostrando una agilidad y una adaptación sin igual a un nuevo y desconocido medio hostil. Hemos fabricado envases para hidrogel y desinfectantes de todo tipo; se han puesto en marcha moldes para mascarillas; se han producido pantallas de separación… y todo ello en un tiempo récord, trasformando gran parte de nuestra industria en esencial. ¿Quién da más?

Ibi, la gran fábrica
Ibi, la gran fábrica de cualquier sueño y producto. Te esperamos.

Nosotros somos Ibi, y como en otros lugares como el nuestro, no nos queda más que honrar la memoria de nuestros antepasados y reconocer su esfuerzo, para que nadie ni nada nos intente robar de nuevo el futuro de nuestros sueños y de nuestro trabajo.

No lo olvidemos nunca.

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