JOHN LENNON Y CATALUÑA (2)

… Ahora, 50 años después.

Desde aquel encuentro casual, ha pasado mucho tiempo y grandes y pequeñas cosas han cambiado en nuestro país. Y mucho, por cierto.

La Dictadura llegó a su fin y, en un periodo llamado La Transición, una savia fuerte y determinada de jóvenes políticos, con un rey con visión de futuro, nos llevaron a la senda de nuestro destino europeo gracias a la Democracia.

Hubo que llegar necesariamente a acuerdos ponderados y a puntos intermedios de coexistencia, a una especie de reconciliación nacional que ahora, inclusos algunos, ponen en duda.

Años especialmente difíciles fueron los 80, dónde poco a poco se tuvo que ir desmontado toda la estructura del régimen anterior. Un ejército sobre dimensionado y nostálgico de la vida cuartelera y de tiempos mejores (intento de golpe de estado del 23-F); la lacra social de las bandas terroristas (con ETA a la cabeza);  y muy especialmente aquella difícil reconversión industrial de aquellas estructuras y empresas obsoletas (otrora orgullo del franquismo) que eran inviables en una nueva España abierta al mundo.

Los dos principales partidos se alternaban en el poder y, para sorpresa de algunos, ni se volvieron a quemar iglesias ni a perseguir a los que pensaban de forma diferente.

unión europea
Un gran día: 12 de junio de 1985, firma de Tratado de Adhesión a la Unión Europea.

Y nos incorporamos a la Unión Europea de pleno derecho aquel lejano año de 1986. Un hecho de gran y vital importancia para saber y conocer adonde hemos llegado hasta hoy.

Habíamos madurado como país y éramos un referente internacional con nuestra trabajada y buena Transición, con aquellos padres fundadores que nos dieron la Constitución de 1978.

Gracias a este inusual y próspero período de paz de nuestra historia reciente, hemos logrado ser mejores y más solidarios en general.

La gente más necesitada y pobre del país no tenía el porqué ya emigrar necesariamente a la capital o a la periferia más rica e industrial, tal como había ocurrido en tropel durante los años sesenta y setenta.

Aquel garrulo, inculto y matón de nuestro film, seguramente dejó atrás sus cuatro tomateras y sus pocas gallinas flacas y secas para tomar rumbo a otro destino, seguramente Cataluña. Allí se incorporaría a una de las muchas fábricas del cinturón industrial de Barcelona. Trabajaría duro, pero tendría esperanza. Se casaría y formaría una familia allí en su nueva tierra de acogida. De vez en cuando, a la larga, iría al pueblo de visita, pero poco más, porque el billete terminaría siendo siempre de ida y vuelta.

Y llegaron las Autonomías…

Hoy en día, Almería ya no es aquella tierra de las tres cosechas (para bien y para mal) ni de la fuente dónde manaban constantemente los emigrantes que engrasaban y enriquecían la maquinaria del progreso de otras regiones como Cataluña.

Gracias al pundonor de sus gentes y a la solidaridad entre territorios (también en lo europeo), hoy por hoy se ha convertido en esa despensa nacional y europea con una agricultura intensiva pujante, reconocida y rica. Pero también en una creciente industria turística y de servicios que ha permitido a sus habitantes quedar fijados en su amada tierra para seguir creciendo.

Esta es la existencia de una España que, con sus diferencias, es igualitaria y solidaria.

Sin embargo, los antiguos y viejos problemas del pasado se atisban como un tsunami que puede poner en peligro este equilibrio.

El provincianismo, la ceguera ante un mundo cada vez más globalizado y un nacionalismo mal entendido y explicado, pero especialmente pésimamente liderado por unos zorros disfrazados de ovejas, amenazan con dar al traste con todo.

Cuando una mentira, de tanto repetirla, se convierte en verdad.

Hay mitos y certezas que se amplifican y se deforman interesadamente. Errores y abusos los hay y deben ser erradicados en función de una correcta gestión y un control efectivo. Hay que ganar en transparencia.

La historia y los hechos son los que son, nos gusten o no. El cambiar el orden de las cosas y su contenido, nos arrastran hacia la mentira y a un odio irracional  en favor de oscuros intereses.

Lo más chocante de todo es observar, de forma perpleja, como son precisamente aquellos hijos y nietos de emigrantes de hace más de cuarenta años, quienes abanderan con más firmeza y arrogancia la bandera del separatismo. Movimiento este que tiene como argumentario demagogo y simplón atacar precisamente a sus orígenes, a sus apellidos y, tristemente, a su propia sangre.

He estado en Cataluña en numerosas ocasiones. Tengo grandes amigos allí. Disfruto de su más que interesante gastronomía. Es gente trabajadora y emprendedora. Y lo cierto es que siempre me he sentido como en casa.

PobletHe visitado el Monasterio de Poblet, con el Panteón Real de la Corona de Aragón. He estudiado su historia. Conozco bien su lengua y aprecio su cultura.

¿Qué son diferentes al resto de españoles? Sí, pero del mismo modo que es distinto un señor de Pontevedra a un gaditano, y por eso no dejan de ser ambos ciudadanos de España.

En una ocasión, hace ya varios años, durante una cena en solitario en el restaurante Reina del carrer Mallorca de Barcelona (precisamente regentado por un madridista), presté atención a la conversación de la mesa vecina. Porque al final, la sabiduría y la verdad están siempre en la calle.

Allí estaban sentadas tres personas. Una chica joven que afirmaba con total sinceridad que no se sentía para nada española, y un señor de más edad (que por la forma de hablar no era su padre), le rebatía que vivíamos en un mundo cada vez más pequeño y que, en definitiva, uno podía ser dos cosas a la vez sin ningún tipo de problema: catalán y español.

Dos posiciones enfrentadas pero tratadas con respecto mutuo, ese que parece ahora que se ha perdido en esa fabulosa tierra que es Cataluña, mal tripulada por unos personajes que parecen sacados del camarote de los hermanos Marx.

A mi entender, tampoco el gobierno de España ha hecho bien su parte durante décadas. Muchos han sido los errores continuos en un sistema autonómico que empieza a hacer aguas como el mismo Titanic.

Entre las virtudes de nuestro actual presidente del gobierno no destaca precisamente su velocidad y el tomar el toro por los cuernos. ¿Quizá será porque es gallego, y, por lo tanto, no lo puede evitar? Difícil la papeleta que tiene, pero algunos problemas no se solucionan solos. Y se echa en falta una más que necesaria visibilidad que siempre le faltó a este hombre.

Y un pelín de mayor sensibilidad para los que, como un servidor, viven en la periferia y en ocasiones nos sentimos tratados con cierto paternalismo.

En otro lado, tenemos al ejército de Pancho Villa. Un (Ex) President que está en fuga con su reducida corte de prófugos a gastos pagados, un (Ex) Vice-president que sigue en la cárcel y unos socios anarquistas que son muy poco de fiar. (Los llamados antisistemas que viven ahora precisamente de él).

Ojalá cuando salga este post, esté todo en vía de solución, pero las heridas son tan profundas, que será una senda difícil pero necesaria de recorrer.

Pero la pregunta que nos debemos plantear es la siguiente:

¿Queremos volver a la época de cuando John Lennon visitó España, aquel país pobre y retrasado, o por el contrario, queremos mantener y seguir mejorando todo lo que ahora tenemos y disfrutamos?

Volver tan atrás no será posible ni necesario, pero es importante arrancar siempre desde una zona cero, un punto de partida, que nos permita tener esa visión en perspectiva para analizar dónde estamos ahora.

Seamos inteligentes y hablemos del mundo real. Nadie sobra aquí y todos somos necesarios. Que los políticos de cercanía no envenenen nuestras mentes contra nuestro vecino de al lado. ¡Ya está bien de una vez para siempre!

El manido eslogan de «Espanya ens roba» es también trasladable a un «Lleida ens roba» en el caso de un barcelonés, ¿no? Y por supuesto, dentro de la misma ciudad condal, hay barrios y barrios. ¡Y caramba! dentro de mi comunidad de vecinos, seguro que el del primero paga más impuestos que el de tercero. ¿Pensamos que este último también «ens roba?»

En Alemania hay un total de 16 länders, pero realmente son cuatro los que aportar la mayor riqueza. Lo mismo ocurre en los Estados Unidos, dónde ambas costas, y unos pocos estados más (como Texas o Illinois) hacen del país en su conjunto la gran potencia que es.

Un gran banco español, con su sede en una gran ciudad, liquida sus impuestos allí, pero la mayor parte del negocio lo realiza en su tupida red de oficinas en todo el territorio nacional. Por lo tanto, todos participamos de todo, ¿no?

¡Seamos serios de una vez por todas!

Un país equilibrado y rico, siempre es mejor para el conjunto, del mismo modo que lo es la clase media para cualquier sociedad avanzada, puntera y sostenible.

El señor de Almería, que tiene un sueldo suficiente porque produce y vende sus hortalizas en Cataluña, podrá a su vez comprar un coche fabricado en Martorell. Y ese operario de la SEAT podrá, con su paga extra, ir de vacaciones a Alicante. Y a su vez, el currito de la terreta, dispondrá de un dinerito para ir a ver su hija que está estudiando en Madrid…

Ningún tonto tira piedras a su propio tejado… ¿O sí?

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