LA MENTE QUE DIVAGA Y EL TIEMPO (IV)

¿Qué hace la mente cuando no hace nada, cuando no tiene una tarea específica y está en modo base de espera?

¿Qué hace la mente durante todo ese tiempo en la que va de un lado a otro sin centrarse en nada en concreto?

¿Qué uso hace del tiempo esa mente errática, que vagabundea sin rumbo de aquí para allá cuando se ausenta del presente?

Cuando la mente no está concentrada en un objetivo particular o realizando una tarea determinada, busca rellenar esos espacios difusos con pensamientos errantes y se deja llevar. El tiempo juega con ella porque sabe que en el fondo y en la forma no puede estar quieta, incluso cuando dormimos y descansamos. Como si de un niño pequeño se tratara, actúa del mismo modo cuando «se aburre»

Cuando la mente no está haciendo algo específico, la mente divaga.

tiempo basuraEs el modo operativo en espera por defecto del cerebro en el que pasamos gran parte de nuestro tiempo, rellenando horas y horas sin estar realmente centrados en nada. Una sensación de estar en modo piloto automático sin que ocurra un evento fuera de lo normal que nos ponga en alerta. Es una impresión cercana e interna de cómo somos muy ineficientes con nuestro propio tiempo.

Una opción de evasión cuyo abuso nos lleva por el camino de la infelicidad por acumulación de cuestiones no resueltas.

¿Cómo transita la mente que divaga?

Es importante conocer los mecanismos de nuestra mente cuando está en este estado en el cual permanecemos durante largos periodos.

Cuando la mente divaga aparecen pensamientos que reúnen varias características que debemos de tener en cuenta.

Por un lado, son automáticos, es decir, van más allá de nuestro deseo, control y voluntad. Aparecen tal cual, sin ser esperados y nos hacen perder la concentración en el hoy.

Por otro, se tratan de pensamientos temporales relacionados con el pasado y con el futuro. Van hacia atrás y hacia adelante, una y otra vez, y por lo tanto, nos alejan de la realidad del momento presente.

También suelen ser repetitivos. Aparecen los mismos de forma constante en periodos concretos, con una sensación de no haber avanzado nada a pesar de su insistente persistencia.

Finalmente, son pensamientos que buscan certidumbre, el control de la situación. Ante un problema o un hecho que no nos complace, lo posponemos y nos refugiamos en aquellos, para parecer estar cuando no se está en realidad. Nos dan sensación de control, pero no es así.

Divagar ocasionalmente para evadirse no es necesariamente malo. Los artistas precisan evadirse y perder contacto con la realidad para crear sus mejores obras. También, entre nosotros, fantasear y movernos más allá del presente continuo de vez en cuando, nos ayuda a descargar la tensión y a reponer fuerzas.

Lo preocupante es cuando pasamos mucho tiempo en esta situación y nos acostumbramos a estar ahí, en un universo paralelo inexistente. Y es entonces cuando aparecen problemas.

Una mente que divaga anticipando siempre los obstáculos o preocupándose, de forma obstinada, en temas pendientes, es una mente en constante estado de alerta. Ello nos lleva, de menor a mayor grado, por caminos erróneos: distracción, ansiedad, estrés y, en ocasiones, depresión.

las tres FLos psicólogos hablan aquí de las «TRES F» para resumir las tres posibles reacciones de la mente que divaga sobre una preocupación o un malestar no enfrentados: Flight, Fight y Freeze.

Flight, cuando la mente «vuela», porque se quiere ir y huye del problema. Evita y quiere escapar. Fight, cuando «lucha» para eliminar lo que le molesta y no acepta la situación pasando por encima sin dar una solución efectiva. Y Freeze, cuando «se queda congelada, colapsada», cuando la mente se ve totalmente superada, sin poder de reacción.

Un estado mental que puede llegar a estar dominado de forma permanente por la angustia, la ansiedad y la depresión en un último extremo. Una situación y un grave problema que hay que evitar desde el minuto uno.

El antídoto contra las «TRES F» es aplicar lo que en inglés se denomina Mindfulness, o en español LA ATENCIÓN PLENA.

No es otra cosa que aceptar que lo único real que tenemos es vivir en el presente continuo, en el ahora y en el hoy, con aceptación y con plenitud.

Aparte de las técnicas de meditación y de relajación promovidas por el Mindfulness como ejercicio de aceptación personal, se trata de estar, en el día a día, concentrados en una tarea específica a pleno rendimiento hasta alcanzar un objetivo.

Así, provocamos una mayor atención, la atención plena, estamos en la tensión adecuada para acometer una cuestión y empatizamos y conectamos mucho mejor con cualquier situación.

Mucho mejor para llenar de forma eficiente todos esos tanques de nuestro tiempo que perdernos en los vericuetos de la mente que divaga de forma constante.

Con la atención plena, conseguimos tener un cerebro conectado y logramos, por lo tanto, el control de nuestro precioso tiempo. No perdemos horas y horas prejuzgando, criticando y quejándonos de nuestro entorno. No sirve para nada positivo.

Y es una capacidad que todos tenemos ahí y que se puede entrenar siempre, tan pronto cuando tomamos conciencia de que es mejor estar aquí, en el momento presente, en espíritu, mente y cuerpo, que en «otro lado», divagando sin remedio.

atención plena
Mindfulness o atención plena, para tomar el control de tu tiempo y tu destino.

Sucede como cuando estamos en la oficina, delante del ordenador con demasiadas ventanas abiertas. Es mejor cerrar la mayor parte de ellas y centrarnos con atención plena en las más importantes. Mucho mejor así.

UN VIAJE ENTRE DOS TIEMPOS (I)

LOS TANQUES DEL TIEMPO (II)

LOS LADRONES DE TIEMPO (III)

SER POBRE O SER RICO, UN PROCESO EN EL TIEMPO (V)

LA VISIBILIDAD Y EL TIEMPO: TODO COMUNICA (VI)

PASA LA MOPA DEL TIEMPO (VII)

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